Arequipeño de comienzo a fin
Fernando Iwasaki Cauti (Lima, 1961) es uno de los escritores peruanos más destacados de la literatura latinoamericana reciente. Aquelarre ediciones conjuntamente con la editorial sevillana La isla de Siltolá acaban de publicar su nuevo libro “Nabokovia Peruviana” que será presentado el día de la inauguración de la III Feria Internacional del Libro de Arequipa. Desde su exilio en Sevilla, donde radica hace varios años, accedió a esta entrevista.
Tu reciente libro Nabokovia Peruviana es arequipeño desde la dedicatoria hasta el colofón, pasando por el epígrafe y el prólogo, ¿cuál es tu relación con Arequipa?
Mi padre fue trasladado a Arequipa en 1970 y allí vivimos un año extraordinario. Por supuesto que luego he regresado muchas veces, pero aquellas vivencias fueron maravillosas. Tengo grandes amigos arequipeños y de hecho el libro está dedicado a dos de ellos, los escritores Carlos Herrera y Jorge Eduardo Benavides.
En algunos artículos, te ocupas de dos escritores arequipeños, Alberto Hidalgo y Alberto Guillén, a quienes criticas principalmente por “Muertos, heridos y contusos” y “La linterna de Diógenes”, respectivamente, ¿crees que la «mala leche» de ambos es propio de la famosa «nevada»?
Bueno, la «nevada» es algo único y consustancial a los arequipeños (como la «saudade» a los lisboetas), pero Hidalgo y Guillén fueron algo más lejos. Tuvieron la virtud, eso sí, de hacer lo que hicieron con su propia firma y demostrando siempre un gran talento. No buscaban la admiración sino la notoriedad, y por eso montaban trifulcas y escándalos. Hoy hay mucha gente que hace cosas parecidas, pero desde el anonimato de los foros de internet. En cambio, Hidalgo y Guillén necesitaban firmar sus textos porque les urgía que se hablara de ellos.
El título del libro es un hermoso homenaje a Vladimir Nabokov en su afán de capturar mariposas peruanas para inmortalizarlas; precisamente, en tu libro rescatas la memoria y la obra de otros escritores peruanos en el exilio, ¿ves en ellos tu propia autobiografía?
Oscar Wilde lo insinuó desde la poesía y Ricardo Piglia lo sentenció como crítico: cuando uno escribe sobre sus lecturas en realidad escribe su autobiografía. Por otro lado, siempre busco escritores peruanos olvidados y transterrados, porque pienso que sus vidas y sus obras prefiguran lo que pasará conmigo.
“Nabokovia Peruviana” va en la misma línea de “El descubrimiento de España”, rompiendo las fronteras entre los géneros. ¿En qué medida tu doble condición de escritor e historiador te da más alas para reinventar la realidad?
Pienso que un escritor tiene que serlo hasta cuando escribe correos electrónicos o mensajes a través del celular. Puedes estar escribiendo un ensayo histórico, una carta personal o una conferencia sin renunciar a la ambición literaria. Por ejemplo, hace unos meses apareció “Arte de introducir”, un libro que reúne los textos que escribí para presentar a otros escritores y personalidades a lo largo de más de quince años. Cada vez que me sentaba a escribirlos estaba persuadido de que no se trataba de páginas escritas por compromiso y al cabo de mucho tiempo he tenido la recompensa de poder reunir aquellas introducciones en un libro que puede seguir creciendo en sucesivas ediciones, porque continúo presentando escritores. Por lo tanto, no creo que sea la historia el fundamento de esa libertad para entreverar los géneros. De hecho, Cabrera Infante siempre los entreveró, porque “Tres tristes tigres” o “Habana para un infante difunto” mezclan todos los géneros. Para mí la clave está en el tono de la escritura. El chileno Roberto Bolaño decía que el escritor tiene que ser como un «samurái», alguien que se prepara para una batalla que sabe perdida de antemano, pero que siempre sale a luchar. Lo importante es la escritura -la batalla-, no el arma o la estrategia elegidas.
Esta coedición de tu libro entre una editorial sevillana y una arequipeña, tiende un puente más entre tu vida en España y el Perú, ¿qué significado tiene ese tránsito en tu obra?
Me hace mucha ilusión que “Nabokovia Peruviana” reúna a dos de las ciudades de mi atlas sentimental. Yo deseaba que este libro fuera arequipeño y me siento muy agradecido a Aquelarre ediciones por ayudarme a realizar aquel sueño: devolverle a Arequipa una parte de todo lo que le debo.
¿Cómo evalúas la recepción del posboom latinoamericano por parte de la crítica literaria española?
Los lectores españoles jamás se han desentendido de la literatura latinoamericana, al igual que los editores, las universidades y los medios de comunicación de España. Sin embargo, la lectura ha perdido terreno con respecto al mundo audiovisual y el negocio busca nombres que garanticen ventas extraordinarias. Algunos de esos nombres son latinoamericanos y otros no, aunque los lectores sean distintos e incompatibles entre sí. Pienso -por ejemplo- en los lectores de Isabel Allende y Roberto Bolaño, dos escritores chilenos que nada tienen en común, salvo la coincidencia del registro civil. Seguro que ni siquiera comparten lectores. Pero eso no es malo, porque significa que en España hay lectores para todos, latinoamericanos diversos incluidos. (Por Rosa Nuñez Pacheco)
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