“Fue la mejor película que hice, con importante participación en festivales, pero no tuvo éxito entre el público”, menciona el director de cine respecto a la película “Bajo la piel”. Algo similar sucedió con “Sin compasión”, reconocida por la crítica internacional, pero sin una respuesta en taquilla.
“Ojos que no ven”, por ejemplo, fue concebida para tocar un tema importante en el país en aquél momento: la corrupción instalada grotescamente en la sociedad peruana, luego de la década del 90. Identificados con la propuesta, los artistas y técnicos que trabajaron en ella decidieron no cobrar por su participación. El proyecto fue creado a modo de cooperativa en la que se repartirían las ganancias. “No hubo nada que repartir, porque no tuvo acogida en el público”, menciona Lombardi.
Luego de aquella experiencia, el cineasta decidió insistir en el tema, pero buscando un espacio en el gusto del público. “Pero sin muchas concesiones”, advierte Lombardi. Y es así que produce “Mariposa negra”. La respuesta de la audiencia fue la esperada.
“El gusto del público está influenciado por la televisión, los talk shows”, ensaya una explicación y encuentra una clara división en la producción cinematográfica: el cine de entretenimiento y aquél que busca explorar una realidad.
En ese sentido, considera que en Latinoamérica prima el llamado ‘cine de autor’, algo más hermético para el público general sobre todo en sus propuestas minimalistas. A diferencia del hollywoodense. Sobre el mismo tema, Miguel Barreda Delgado, cineasta arequipeño que compartió la exposición con Lombardi en la FIL, considera que la diferencia radica entre los países que tienen una industria del cine y los que no, como es el caso del Perú.
Que no exista una industria de cine quiere decir que, por ejemplo, no se cuenta con la tecnología necesaria para realizar producciones con la calidad técnica estándar. Las cintas tienen que ser procesadas en Europa, dilatando el proceso de realización y limitando el campo de decisión de los directores, explican ambos cineastas.
Al respecto, Lombardi comparte una anécdota. Cuando filmaban “Bajo la piel”, por error se grabaron escenas sobre una cinta que ya tenía imágenes. La superposición de figuras se descubrió cuando el material llegó a España para su procesamiento. Tuvieron que rodar todo de nuevo, lo que implicó volver a recomponer los escenarios y hacer regresar a actores y técnicos de sus lugares de origen. Si existiera esa tecnología en Perú, el error se hubiera corregido con mucho menos dificultades, según explica el director.
FÓRMULAS: X y XXX
Dos de las más taquilleras películas de Lombardi fueron: “No se lo digas a nadie” y “Pantaleón y las visitadoras”, ambas basadas en novelas y adaptadas por el director. En estos casos el público respondió favorablemente.
En el primer caso, la novela ofrecía un tema poco tocado en nuestro medio: la homosexualidad. “Es la única novela de (Jaime) Bayly que me pareció interesante, además de ´Los últimos días de la Prensa´”, sentencia Lombardi. “Es adaptable”, explica.
En el segundo caso, la producción contó con un gran aparato de difusión, pues América Televisión lo financiaba. De “Pantaleón y las visitadoras” ya el propio Mario Vargas Llosa había dirigido una adaptación al cine con un fracaso rotundo, que el propio novelista reconoce.
Cuando Lombardi recibe la propuesta de dirigir esta película fijó las más altas exigencias -como que el rol protagónico recayera en la cotizada actriz Angie Cepeda-, en el supuesto que no iban a ser aceptadas; pero sí fueron. Y el film tuvo un gran éxito.
Pero, realizar una película pensando en la demanda del público no es una fórmula segura de éxito, como fue el caso de “Baño de mujeres” de Lucho Llosa o “Motor y motivo” de los hermanos Yaipén, que fracasaron en la taquilla y ni qué decir de la crítica.
LA AUDACIA
Grabar “La boca del lobo” a finales de los 80 no sólo significó mostrar la violencia que aplastaba al país en eso años; sino también, enfrentarla. Es así que no se pudo rodar una sola escena en Ayacucho, una de las regiones más convulsionadas; y se trasladaron los equipos a las zonas altoandinas de Tacna, región donde había nacido Lombardi y pasado los primeros años de su infancia.
El permiso de la grabación lo obtuvieron con un guión falso sobre narcotráfico. Pero, igual, la película terminada tenía que ser revisada por la Junta de Supervigilancia del gobierno que la calificó de “pro-senderista”. El ministerio de Defensa, luego de citar al director para disuadirlo de su proyección en salas, no ofreció ninguna garantía para su difusión.
Pero sí llegó a los cines y contribuyó en muchos sentidos a la conciencia de lo que vivía el país en esos momentos, algo que, como director, siempre ha buscado Lombardi de sus películas.
2 octubre, 2011 por


