En mi anterior columna intenté plantear  una mirada irónica sobre el difundido y alabado video de Marca Perú. Creo que no tuve mucho éxito. Es decir, creo que no pude lograr que se me comprendiera. De hecho, me calificaron de parcial y de tener una mentalidad cerrada. Quizás?pero, en todo caso, mi intención era simplemente inducir a que a partir de la ironía y de una mirada crítica analicemos ese video que, ante todo, está proponiendo (como cualquier otro discurso de sociedad, llámese prensa, literatura, publicidad, radio, etc.) una versión de lo que se entiende por Perú y por identidad peruana.

Critiqué ese video, porque me parece que reúne todos los elementos y virtudes de lo que hoy en día es el discurso hegemónico en el Perú: el discurso del éxito. Ese tipo de discurso lo vemos y escuchamos hasta en la sopa. ‘El Perú avanza’ es una frasecita alanista que ya se ha forjado un lugar en el imaginario (y, sobre todo, en la ideología consumista) del peruano. Luego, están todas esas publicidades que nos muestran a los peruanos emprendedores que salen adelante, a pesar de haber venido de medios sociales desfavorecidos. El objetivo es transmitirnos (y luego a su vez transmitir) que ser peruano es una cosa bacán y que no tenemos porqué sentirnos menos, sino más bien orgullosos.

Pero, lo siento mucho, una vez más, tendré que aguar(les) la fiesta: a mí, no me llena de orgullo saber que la única manera de seguir representando al Perú es a través de estereotipos cuyo único rol es, por un lado, perpetuar un orden social (folklórico y esencialista) ya caduco (en el que solo podemos existir y ser visibles si nos mantenemos en nuestros roles: el negro con su cajón, la chola con su llama y el blanco con su tabla) y, por otro lado, vendernos la falsa idea (sí, falsa) que salir de la pobreza es posible, si realmente lo deseamos con todas nuestras ganas.

Entiendo racionalmente cuál es el objetivo de estos masivos discursitos de triunfo y emprendedurismo omnipresentes en nuestro cotidiano, pero me rehúso a pecar de ingenuo y creerme el cuento de que el pobre es pobre porque quiere seguir siéndolo. Justamente, esa es la contraparte al discurso de éxito: aquel del ‘fracaso voluntario’; lo oigo, obscenamente, cada díacuando te dicen que “las posibilidades están en ti´ o que “tú eres el que forja tu propio destino”.

Tampoco me llena de orgullo saber que hay mucha gente que se traga inconscientemente el cuento del perro del hortelano y cree y afirma que la única idea de desarrollo es aquella que beneficia (solo) a la mayoría? ¿Y el resto? En el video de Marca Perú, ‘el resto”(los cholos, las putas, los ambulantes, los gays, los inválidos, los desnutridos, la mayoría minorizada pues) aparecemos por el espacio de medio segundo retratados todos juntos en la Av. Abancay. Al director de la campaña se le escapó lo que Lacan denominaba “lo real”, es decir aquello que nos avergüenza, pero que tarde o temprano sale a flote?. ¡aunque ud. no lo quiera!

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Jesús Martínez Mogrovejo

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