E G
Es verdad que están aquí mis raíces
pero no es menos cierto que trasplantes extranjeros
han encontrado terreno propicio a mi lado:
¡no me dejan crecer!
¡no me dejan andar!
¡me inmovilizan!
y, están seguros de extinguirme.
Llegan de Europa y USA;
tirando sus fragmentos culturales,
cortando nuestros intereses naturales,
atando con sogas, nuestra sabiduría, a los cerros.
Nos gritan con sus ojos azules
que tienen el poder mundial,
que su sociedad tiene vínculos utópicos con la nuestra;
que su tecnología ha vencido por siempre a nuestro empirismo;
que nuestros esfuerzos rudimentarios
han sucumbido ante la geometría acerada
que combina el ingenio, la habilidad, el pragmatismo y la
brutalidad.
Con monstruos estelares
influyen para que nos repriman,
nos controlen,
nos aturdan;
y ponen productos a nuestro alcance
que insinúan la autodestrucción.
Nos gritan que son la sociedad histórica;
la asociación viviente, elegida y selecta
del porvenir humano.
Nos golpean con sus instituciones transplantadas,
nos entrecruzan con las cadenas de sus jurisprudencia,
nos doblan con las imágenes de sus religiones,
y nos gritan a la razón, diciendo que somos taciturnos,
enigmáticos, misteriosos para que lo seamos.
Han introducido el individualismo,
han consagrado el egotismo.
Somos animales en sus concepciones sociales, filosóficas,
mercantiles;
somos los últimos elementos vivos
de las experiencias milenarias, con el cuerpo -todavía-, pegado
a las rocas.
La poca luz que producimos
La apagan tal como a una mecha de sebo.
(Choza, 1978)
E R
Te entablillaré, ovejita, el corvejón luxado
y, tú, me regalas una onza de lana;
en el día del degüello también te oculto.
¿Te duele?; ¡grita!, es saludable.
Yo, soi enferma; soi una desnutrida;
no hai remedios;
mis tres hermanitos lo son,
mi padre lo es, mi madre lo es.
¿Te cuento? Mi padre dice que cinco bocas
Son mucho para un plato,
mi madre dice que las ollas son como los estómagos:
incolmables,
mi padre dice que juntando todos los terrenos
puede taparlos con un poncho,
mi madre dice que ensayando a comer piedras
no se pierde nada.
Ovejita: regálame tus pezuñas para hacerme zapatos;
oye: ¿sabes?, dicen que los presidentes regalan ropa,
mi padre no cree y mi madre dice que por qué no le hacemos
escribir;
mi padre piensa una cosa y mi madre piensa en otra distinta;
mi padre dice que se va
y en quince días puede llegar al país de los árboles;
mi madre dice que no quiere ser mordida por víboras
y prefiere cocinar hortigas acá.
(Ni mi padre ni mi madre saben que la selva
está reservada para gente poderosa).
Estoi cansada;
tengo sueño;
duerme ovejita.
Durmamos con sueño de piedras
sin respirar,
sin sentir,
sin despertar.
(Choza, 1978)
Efraín Miranda, Puno (1925).- Poeta, amauta, indio solitario como un matojo de ichu. Ha publicado Muerte Cercana (1954), Choza (1978), Vida (1980) y Padre sol (1998). Actualmente vive abandonado y enfermo en una vetusta y antigua casa del distrito de Yanahuara.

Efraín Miranda, Puno (1925).- Poeta, amauta, indio solitario como un matojo de ichu. Ha publicado Muerte Cercana (1954), Choza (1978), Vida (1980) y Padre sol (1998). Actualmente vive abandonado y enfermo en una vetusta y antigua casa del distrito de Yanahuara.