Piletas con luces

El Espantacuervos Jorge Alvarez Rivera


Lo vemos levantarse a pocos metros de la casa donde nació Mario Vargas Llosa. Es más, llevará el nombre del Nobel como homenaje. El Palacio Metropolitano de las Bellas Artes es la niña de los ojos de la actual gestión edil y la obra de fierro, cemento y plástico más visible (por el momento) de Alfredo Zegarra. En la sub gerencia de Cultura la mencionan, como un escudo junto con la falta de presupuesto, ante cualquier crítica al trabajo que hacen.

En reciente evento donde presentaron un informe de su labor, las preguntas sobre quién o quiénes serán las cabezas de semejante proyecto, en resumen, las personas que decidirán qué es cultura y que no, fue de desconcierto. Todavía no saben quién será el director o directora del asunto. Pero agregaron, cómo no, que el armatoste tendrá “piletas con luces de colores”, el ícono máximo de la improvisación en el país, como si los chorros de agua arcoíris pudieran ser más importantes que siglos de historia.

Me preocupa tremendamente que en la presentación del informe ya citado se enumere una serie de presentaciones de libros de autoayuda, de dudosa calidad, como logros de su gestión. Como señala Ángela Delgado, todos nos creemos artistas por un día pero, sorry, no todos los somos. Hay categorías que se deben respetar y cuando no sabemos quiénes están decidiendo esas cosas entonces toca también revisarnos a los que dejamos en manos de cualquiera estos fallos. Sí, nos dormimos, pero ya despertamos.

Que todavía no tengan idea de las personas que dirigirán su “Palacio” es la prueba más clara que no hay un plan. Su régimen se somete al objetivo de lo visible. Ya después vemos, pe’. Y no pe’. No se puede trabajar así porque ocurre lo que pasa ahora. Que el Ministerio de Cultura y la Superintendencia del Centro Histórico pidan que todo se detenga de inmediato, antes que la velocidad de la prepotencia municipal culmine sus despropósitos. El proyecto que se realiza no es el ganador y ninguna de las partes que debió revisar esto pudo ver la maqueta sino hasta que se avanzó el 90%. La soberbia edil es sorda a las voces de alerta.

El argumento para criticar las observaciones, diciendo que por qué no nos fijamos mejor en otras obras que hace la empresa privada, me parece ocioso, como cuando una autoridad, encarada por las preguntas de la prensa, responde diciendo que mejor investiguemos otra cosa, declaración clásica del que tiene algo que esconder. Todos los coleguitas que han ido a cuestionar a un alcalde sospechoso habrán tenido que soportar la aburrida perorata.

La modernidad no está reñida con la historia. La ciudad puede mirar al futuro sin pisotear el pasado del que están tan orgullosos los arequipeños, esos que son capaces de linchamientos al que se manifieste en contra de su comida o arquitectura. La oportunidad de respetar su linaje es ahora, no cayendo en la necedad de decir “que lo haga nomá”, la frase más escuchada en las opiniones ciudadanas que se manifiestan sobre el tema.  Pero parece que es tarde. Vencerá nuevamente el bulto frente a la calidad. Preguntémonos si la próxima vez que un alcalde, presidente regional o cualquier autoridad con un ápice de poder quiera hacer algo sin respetar los procedimientos se lo vamos a permitir.

Lo trágico será que en las inauguraciones de estas obras, cuando los presentes estén sorbiendo el pisco sour de honor, escuchando la cumbia del momento, boquiabiertos por el espectáculo de los chorritos de agua multicolor, nadie se dará cuenta que están festejando un sepelio. El entierro de la historia que sepultan por no haber querido preguntarle a los que saben.

Una respuesta a “Piletas con luces”

  1. QUé maravilla ,honrar así a nuestro premio NOBEL

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