Metafísica de la bicla


“Es un hombre moderno. No teme al ridículo”

       (ALBERT CAMUS)

Ya intente hacer un elogio de este artefacto, el más noble que ha creado el hombre moderno. El único animal moderno. Pero dos razones me han hecho pensar que don José Ortega y Gasset tiene una vez más razón y que hay que retocar el tema. La primera, cuando al final de su ensayo “Cuestiones holandesas” (Viajes y países”), dice al respecto: “Yo no tengo nada que oponer a que usted use la bicicleta porque es un medio muy barato de  locomoción. Pero si usted lo hace no le sorprenda que yo lo perciba y con ello todos los demás secretos que este hecho grita. Porque aún nos queda bastante que decir sobre las bicicletas de Holanda”.

Hay un libro sobre Ortega y Gasset y la vida política española durante el franquismo, que ha dado mucho que hablar. Mario Vargas Llosa lo comentó en “Caretas”. Una frase que me quedó retumbando en la mente: “Y es que los filósofos pasan y don José Ortega y Gasset permanece”. Y hay más de una razón para ello.  Una es, por ejemplo, su exquisita cortesía con el lector, su pasmosa claridad para plantear, disolver y resolver problemas y para explicarlos como si los lectores tuviéramos cinco años de edad ( como pedía el abogado del sidoso de “Filadelfia”),  lo cual es digno de agradecer. Otra razón son los temas que elige, (¿qué no elige?). Ortega es el único pensador que se ha ocupado filosóficamente de la bicicleta, por ejemplo, y  también de la Teoría de la Relatividad, de manera maravillosamente pedagógica. Tópico demasiado vulgar, demasiado prosaico, demasiado poco serio para las estólidas adustas y ceremoniosas mentalidades académicas: la bicicleta. Pero no para este poderoso crítico de la modernidad que fue Ortega, con el que no tenemos que estar  de acuerdo en todo, sin embargo.

Ortega sostiene que también para el holandés el uso de la bicicleta es arriesgado, fatigoso y antiestético, pero “prefiere la  baratura a la belleza, a la comodidad y a la evitación de esos riesgos”. En casi todos los otros países del mundo se monta bicicleta para dar un paseo los domingos a lo mucho o para “hacer deporte”. O porque no hay más remedio, como en el caso del obrero que preferiría mil veces ir en Tico propio al trabajo,  pero tiene que ir en bicicleta porque es más barato. Pero no “barato” en el sentido del holandés, creo yo. ¿Por qué en Holanda todo el mundo va en bicicleta, independientemente de edad, sexo, rango social o económico, etc. y no solo los domingos? Ortega descarta, con razón, la idea de los que creen que eso se debe a la llanura del terreno holandés. Hay muchas tierras llanas donde no se les ha ocurrido popularizar la bicicleta. Y  si la flojera es universal ¿por qué no se da en Holanda con la bicicleta? Además, el comportamiento humano “no deriva mecánicamente de las condiciones del medio”.  Y tampoco es esencialmente por la baratura porque el costo en fuerza de trabajo e incomodidad es oneroso.

Estoy de acuerdo  en que el holandés escoge la bicicleta por la baratura;  y  no creo que eso se deba a que es más tacaño que todos sus congéneres terrícolas, sino porque lo barato es lo más racional (mínimo costo, máximo beneficio), lo más razonable, lo más sensato, lo más moderno. No por azar Holanda es una de las dos o tres primeras naciones modernas. Y la modernidad es la edad de la razón para los países  que la han alcanzado con el nombre de “desarrollo”. Y aunque aquellos términos son económicos, no lo son sólo en sentido estrictamente monetarista contante y sonante. El beneficio de la bicicleta es global. Y si el holandés no es el más tacaño, sí es uno de nuestros congéneres más razonables. Y el más económico en un sentido muy largo, (en el del Nobel en Economía  Gary Becker, por ejemplo). ¿Esto podría explicar también porque es el más democrático y descentralizado. Ámsterdam es una ciudad descentrada. Y los canales hacen “rizoma” a la Deleuze. Hay debajo del ahorro una voluntad de pedalear, un impulso vital,   que es signo de buena salud y no  ausencia de enfermedad o lesiones.

En cuanto al carácter antiestético, ¿Ortega no define (en el mismo libro) la elegancia, como la “sobriedad en la plenitud… un logro máximo con un mínimum de medios”?  La elegancia no es sólo un asunto estético.  Aunque es bueno hacer presente que cuando Ortega  habla de antiestética, lo hace refiriéndose  a “la mole de una abundante señora cincuentona o de un magistrado bebedor de cerveza”…en bicicleta.  Y, finalmente, en cuanto a la incomodidad y al carácter riesgoso, diré que ser cómodo y evitar sistemáticamente los riesgos no son necesariamente virtudes (que viene de “vir”: fuerte). Los sobrios  romanos de la República y James Dean, (que gustaba sentarse dentro de un cilindro, patas y cabeza afuera, porque amaba la incomodidad), lo han mostrado ¿La virtud no está en un cierto amor al riesgo?  ¿en una  cierta sobriedad y frugalidad vital?

No hay que ser Nostradamus para deducir lo que pasará de aquí a pocos años con el imparable aumento demográfico, el parque automotor y la contaminación. Seamos razonables entonces hasta ese punto…  Y compremos una bicicleta, aunque sea de segunda mano.

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