Su vivienda era el sustento de Pedro Bilbao y su esposa, pero uno de sus inquilinos acabó con todo, en un momento de ira.

Los vecinos del cruce de las calles Nicaragua y España, en el distrito de José Luis Bustamante y Rivero, no conocen la muerte. Por lo menos no la del tipo que, lamentablemente, le tocó a Pedro Bilbao. Algunas señoras dicen que el último accidente estremecedor que vieron con asombro fue el sucedido a un viejito, tan sólo días atrás, quien se rompió la cara al tropezar consigo mismo.Es por eso que el crimen sucedido el jueves 31 de mayo conmocionó a más de uno. Y es que en la calle Nicaragua, la presencia de fiscales y policías era sencillamente insólita. La historia del asesinato, según la mayoría de vecinos cercanos a los ancianos, comenzó hace aproximadamente dos años atrás, cuando dieron en alquiler una habitación de su casa al criminal, esposa e hijo.De la familia, en realidad, cada quien maneja información que aún falta confirmar. Algunos han dicho que la mujer trabajaba en una cevichería, mientras que el hombre tenía un auto amarillo en el que siempre llevaba a su pequeño al colegio. El resto casi ha olvidado el rostro del extraño sujeto aunque aseguran lo reconocerían de verlo nuevamente. Sin embargo, todos los vecinos consultados coinciden en que las manos de aquel inquilino son las mismas que le dieron muerte al anciano de 79 años.

La puerta abierta Aquella tarde una vecina pasó por la casa de los Bilbao, que da a la calle Nicaragua. Eran aproximadamente las 4 de la tarde. El detalle llamó su atención por lo que asomó brevemente para ver lo que sucedía, sin embargo no escuchó ruidos que generaran en ella alguna sospecha. Sólo pudo ver que había ropa tirada sobre un mueble y eso la llevó a pensar que los ancianos estaban haciendo orear las prendas.

De ese modo la mujer prosiguió hasta su casa, a escasos metros de la escena. Luego de 20 minutos la misma mujer volvió a salir percatándose que la puerta continuaba abierta. En ese momento, en la casa de los Bilbao, además de los inquilinos de la segunda y tercera planta, sólo estaba don Pedro Bilbao, de 79 años. Su esposa, Susana, había salido esa misma tarde a encontrarse con su grupo de oración con quienes rezaba durante horas. Pero esa tarde una visita habría sorprendido a los Bilbao, mas no los puso en alerta.

El ex inquilino los visitó temprano. El pretexto habría sido preguntar por unas notificaciones que a pesar de ya no vivir en el inmueble de la calle Nicaragua, le seguían llegando. Según versiones de gente cercana a los Bilbao, el señor Pedro respondió a las interrogantes y se despidieron….

 

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J. Segura

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