Mucho después del día del periodista

¿Qué se necesita para ser columnista?, me preguntó sorpresivamente un estudiante de periodismo y derecho. En ese momento no respondí. ¿Uno debería  responder sorprendido?. Pero ahora, pasada la sorpresa, lo primero que se me viene a la mente es que esa pregunta no se puede responder con una o más recetas. Lo que no impide felicitar al estudiante por seguir dos carreras: Luis Bustamante Belaunde, en su  libro “La nueva universidad”, señala que el estudiante de la nueva universidad no será un especialista ni un todista sino un conector. Un conector de disciplinas.

Pero para responder a la pregunta inicial habría que discutir lo que es un periodista, primero. Por lo menos se aceptará la idea que debe ser un hombre culto. Y significa cultivado y no informado solamente. El ideal seria devenir una ventana al mundo. Pero no una ventana neutral y aséptica, incolora e insabora, científica y objetiva, sino un punto de vista, una concepción personal del mundo, donde el periodista  —que también es hombre—  mete toda su sangre en sus ideas. Un hombre culto no es un intelectual pedante atiborrado de información, o un diletante que solo sabe “de todo un poco” (el que sólo sabe eso no sabe nada o casi nada ) o un profesional “altamente especializado”, por ejemplo  en detectar cheques falsos. Un hombre culto es el que se atreve a mirarse en el espejo de vez en cuando, sin fugas, racionalizaciones, o cualquier otra actitud defensiva o autocompasiva. El que cambia sin cesar hasta la metamorfosis y la renovación. El que, como gusta decir Bryce Echenique, “evoluciona recordando para no tropezar”.

Y al recordar nos recuerda y al recordarnos nos escribe, nos cuenta e interpreta. Y aunque  inevitablemente, como la Pantera Rosa, pinte forzosamente el mundo de su propio color. No hay recetas, ni discursos, ni cursillos para escribir bien o hablar bien. Es menester  ser culto y tener algo personal, relevante que decir y una forma adecuada para expresarlo. ¿Y cómo hacerlo sin  buscarse a sí mismo?  Tal vez el único secreto sea la curiosidad. El periodista es el más curioso de todos. Y no lo digo sólo por Magaly Medina, lo digo por los decires del primer sudamericano que ha ganado un premio Pulitzer en periodismo,  el argentino Andrés Oppenheimer: “Una vez estaba hablando con el ex presidente colombiano Adolfo López Michelsen y le dije que, después de mucho pensarlo, había descubierto que me gustaba mucho conversar con él porque los dos éramos unas viejas chismosas” (“Caretas” 1538).

Andrés Oppenheimer trabaja en el Miami Herald, donde es periodista e investigador ocupado exclusivamente en  temas latinoamericanos, a pesar de las repetidas ocasiones en que le han pedido que se ocupe de otros temas. El lo explica muy bien: “Lo que me seduce es el colorido. No el colorido visual, sino el colorido emocional, cultural, vivencial, político, filosófico”. ¿Y cómo no reconocer a América Latina como una hermosa gran tierra?

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