EVASIÓN Y VIOLENCIA POLÍTICA: UNA APROXIMACIÓN PSICOANALÍTICA EN TRES CUENTOS DE CORTOMETRAJE DE YURI VÁSQUEZ

En el marco de la XVII Feria Internacional del Libro Lima 2012, el escritor arequipeño y premio Copé de Cuento 1994, Yuri Vásquez presentó el viernes 27 de julio su novela ‘El nido de la tempestad’ bajo el sello de narrativa Tribal de Perú Tambo Editores.

Vásquez, escritor que nunca fue antologado ni difundido como autor de literatura de violencia política, cuenta con ocho libros aún inéditos, siendo Cortometraje, primer libro de 14 cuentos,  publicado en 2010, el que muestra la etapa vívida de los años 80 e introduce la evasión como una reafirmación de la misma en el género de lo fantástico. 

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El proceso de violencia política dentro de la narrativa peruana se ha convertido en una experiencia común para nuestra sociedad. Esta experiencia permite señalar el punto de inflexión en la producción literaria de la mayoría de escritores de este género, primero porque la “violencia” se asumió de forma inmediata y evidente y segundo porque lo “político” se tomó como consecuencia de lo primero. Asimismo, en la primera producción literaria sobre el tema, la mayoría de narradores peruanos asumió la literatura de forma tradicional, es decir, entre cánones establecidos como lo “criollo” y lo “andino”.

Vásquez destaca por su visión metaficcional y rompe la concepción cronológica generacional al buscar una manera diferente de ficcionar el fenómeno de la violencia política utilizando lo fantástico como soporte de la realidad. Es bajo este augurio que nace Cortometraje — escrito entre 1991 y 1995 —, publicado por Cascahuesos Editores de Arequipa, con el objetivo de reunir los trabajos de su primera etapa.

Así, en “La tribu de los Ichipawa”, la descripción de las tradiciones, la forma de la tribu y el anonimato del lugar expresan las condiciones propias de la violencia y lo reflejan mediante la evasión: la tribu es en realidad, una máscara. Es en la segunda parte del cuento, que el carácter evasivo se reafirma con la indiferencia de los ciudadanos-coprotagonistas de la violencia. La ciudad se revela como una esfera aparentemente inalcanzable pero es un lugar que acoge todas las antípodas de guerra, sangre y destrucción. Lo fantástico es la forma más idónea de concretar dicha violencia.

Asimismo cuando los guerreros de la Tribu Kalumba y Atawa pasan a ser los esposos Rivas se produce un grado de transición. Es a partir del cuestionamiento del hijo de ambos, que el sujeto sufre una culpabilidad ante la impotencia de no responder la pregunta del Otro, por tanto se asume como responsable de la realidad. Luego, el principio de prever nuestra posición a partir de una otredad, de obligarnos a superar la enajenación y el poder del Otro mediante la sustancia misma del otro para poder ser libres, conlleva un problema de violencia política en la asunción del poder. Dicha violencia se manipula mediante la simbolización de lo Real y hace existir al Otro.

En “Fábula del hombre eterno” el efecto de la violencia se resume en una característica: la desintegración de la clase media-alta reflejada dentro de una esfera de poder de la sociedad limeña. Roberto Lucioni, es un empresario exitoso, quien al descubrir el engaño de su esposa decide matarla y luego suicidarse. La estructura pasa de la impotencia de no morir al monólogo interior y a los recuerdos del personaje. “Una idea inusitada, increíble empezó a apoderarse de él… El veneno mataba, el revólver funcionaba”. Superadas estas reflexiones, la muerte de Elisa se constituye como la otredad que genera la incomodidad en el yo más interno del sujeto y reafirma la imagen del Otro: la miseria, el vacío, la violencia: “una ciudad —pensó— fea y sucia, llena de cholos y pobres diablos”. Entonces la evasión como violencia se manifiesta cuando el sujeto se reconoce como la única forma de poder ser libre en la imagen invertida de Elisa. Dicha imagen opuesta a él es ya en sí un sujeto al que está sometido; ella le decía esa es tu imagen, eres inmortal. Posteriormente la violencia vuelve a reflejarse cuando el personaje observa la ciudad antes de morir y remonta lo anteriormente dicho sobre la miseria de la población: “Estaba cerca de lo que quedaba de la ventana y sus ojos pesados, exangües, pudieron vislumbrar los edificios de la ciudad y adivinar, más allá, al fondo, en los confines, las esteras, las casas destartaladas de cartón, los cerros de donde parecía emerger la noche y donde quizá vivían pobres diablos y cholos como los que habían asaltado el Banco”.

Finalmente la transición de la inverosimilitud de la muerte conlleva a una supuesta escisión de esa imagen y por ende el protagonista parece despojado de cualquier elemento mitigador, para caer en la certidumbre desplegada que le otorga la condición de la imagen. Asimismo lo fantástico está en el elemento de la muerte —aparentemente como vía de escape— pero ésta sólo reafirma la violencia dentro de un marco determinado: un sentimiento de frustración que no le ofrece nada y lo condena a la marginación.

“Sobreviviente a Medianoche”, encierra mejor el efecto de la violencia de los ochenta. En efecto, lo fantástico aparece en la antesala del diálogo dado que el personaje encuentra inexplicable los hechos. Luego Vásquez presenta al personaje como un desertor de la trama social en un aparente desconocimiento del lazo colectivo que lo une. Es cuando las palabras parecen confundirse con las cosas y el personaje pasa de víctima a victimario, de un hombre al reflejo de su sombra: “—¡Con que tratando de escapar como una rata sucia!, ¿eh?, —dijo la sombra en un reproche atronador, escupiendo a un lado”. Es allí cuando el registro de lo imaginario aparece y el personaje decide separarse de su propia sombra y confirma la escisión aparente.

El protagonista se asume culpable de la realidad y se responsabiliza por todo. No importa quién mató a los inquilinos sino, es la forma de la pregunta del Otro (sombra) que constituye lo obsceno para el sujeto. A esto agregamos que el sujeto una vez escindido se presupone como el que postula, es decir, busca “trasladar su esencia en la misma forma del Otro para poder acceder a una libertad que solo la sustancia – estado puede darle.

 Por tanto la evasión está en la forma de búsqueda a partir de la constitución del Otro, pues los personajes de los tres cuentos analizados, se caracterizan por representar el poder y la violencia dentro de una sustancia llamada ciudad y al asumirse dentro de ella, creen hallar la libertad en el poder del Otro. En consecuencia, la ciudad ya no es solo una sustancia que le permite ser sujeto, sino que a través de la enajenación puede generar otro sujeto y así perpetuar el poder.

Cabe agregar que hay una marcada referencia al “cosmopolitismo”, debido a que la mayoría de los personajes no son los que viven la realidad, sino los que están lejos del escenario buscando una nueva forma de “aprehender” la realidad. La función social de lo fantástico está en la permanente evasión como una forma de violencia establecido sobre un panorama ya inscrito, es decir, la “evasión” no tiene en este caso sentido peyorativo, sino que se presenta como una reafirmación de la violencia, a partir del desciframiento de una ficción.

Vásquez metamorfosea la realidad y la ficción dentro de la obra a partir del nudo mágico, del símbolo. Lo fantástico termina siendo una bella cortina, detrás del cual se esconde la frustración, impotencia y el drama del hombre y su mundo. Se suma le confiere la unidad totalizadora a la ficción y lo hace a través del lenguaje y su contenido.

Por ello, reafirmamos con esto que el uso que hace Vásquez del género sirve para diferenciarlo de aquellos escritores peruanos, que si bien utilizaron el género como un exilio de su pensamiento, no sobrepasaron ese límite. Vásquez no intenta reducir la ficción a un absoluto formal ni tampoco el contenido como un pretexto puro de la realidad, sino crea un panorama de absurdo y violencia convirtiendo el objeto en algo perceptible y trascendente a su vez.

De ahí que mi interpretación, trata de conciliar no solo el aspecto propiamente psicoanalítico sino construir a partir de esto una perspectiva distinta de la violencia vivida en la literatura peruana.

(Por Giuliana Catari)

 

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