Tremores y augurios

Ecopolis

Es una verdad de perogrullo. Arequipa, al igual que otras ciudades del país, no se encuentra adecuadamente preparada para enfrentar los efectos de un sismo de gran intensidad que, tarde o temprano, ocurrirá.  Para empezar, no se observa una verdadera cultura cívica por parte de la población; siendo bastante incipiente el grado de participación ciudadana cada vez que nos llaman a un simulacro; el cual termina en un mero saludo a la bandera. Cada quien en lo suyo, cada quien en su ágape, cada quien absorto en la sala de cine, el restaurant o el huarique de moda a mitad de cuadra. Cada quien detrás del volante, como cuando todos los días, pues con ellos no es la cosa.

Ni que decir del desarrollo urbano, con una ciudad que crece como si nada y sin evidencia de un Plan de Desarrollo que considere la resiliencia como factor de un nuevo concepto de organización físico-espacial, el mismo que responda al creciente patrón de fenómenos naturales extraordinarios que ya se sienten a escala global. Para muestra un par de botones: desde 1990 a la fecha, el incremento de sismos mayores de 4,0 y menores de 4,9 de magnitud, se han triplicado; pasando de un promedio de 4,500 anuales a casi 14,000 cada año, en todo el planeta.  Una historia parecida se observa con la actividad volcánica en el 50% de los volcanes terrestres que han sido monitoreados. Mientras que entre 1874 y 1950 se registraba un promedio de 2,000 días de actividad volcánica; entre 1950 y 2010, el promedio de días de duplicó, llegando a picos de 6,000 días de episodios eruptivos.

No olvidemos que el terremoto de 2001 generó en Camaná un desplazamiento horizontal de la tierra en más de 1 metro. Un desplazamiento similar en Arequipa ocasionaría el colapso de importantes estructuras resultando entre las más afectadas, el sistema de represas y las plantas de tratamiento de agua potable, así como el registro de severos daños a la pista de aterrizaje del aeropuerto y el colapso de los puentes más antiguos. Un escenario post-sismo mostraría una ciudad desabastecida de agua potable y aislada de otras ciudades por efecto de masivos deslizamientos de tierra a lo largo de la Variante de Uchumayo, Variante de Tinajones y Panamericana Sur. Más de 25,000 hectáreas del Proyecto Majes y otras 15,000 del sistema regulado Chili quedarían sin agua de riego por varios meses ante el colapso de gran parte de canales.  Aquí en la ciudad, la mayoría de mercados y farmacias terminarán saqueados por turbas incontinentes. Las apenas 1,700 camas de hospital con las que contamos, quedarían totalmente insuficientes para atender a los miles de heridos. El panorama de un sismo mayor ocasionaría que más del 25% de las viviendas queden inhabitables; lo que significa 200,000 personas sin  techo de la noche a la mañana.

Está bien construir pistas y palacios, pero una política de refugios estratégicamente ubicados ayudaría mucho a estar preparados ante la adversidad. Urgimos a nuestras autoridades a tomar acciones previsoras de manera inmediata. No podemos continuar ajenos ante los tremores y los temblores; pues de lo contrario los augurios serán innecesariamente trágicos.  Aprendamos a prevenir con disciplina y como parte de una cultura de prevencion que debiera ser practicada por todos, sin excepción.

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