El Búho

Política y Cultura desde Arequipa Perú.

Ajedrez político: el voto de confianza

 

Por la división de poderes en una república democrática el Poder Legislativo tiene la función básica de dar las leyes y el Poder Ejecutivo la de hacerlas cumplir y administrar el Estado para lo cual el Presidente de la República nombra a los ministros; el Poder Judicial ha recibido la función de dirimir los conflictos jurídicos.

La Constitución dispone además que el Presidente del Consejo de Ministros y estos en pleno deben concurrir al Congreso de la República, dentro de los treinta días de su nombramiento, para exponer y debatir la política del gobierno y plantear una cuestión de confianza (art. 130º). Si por una mayoría superior a la mitad del número de miembros del Congreso se rechaza el voto de confianza, los ministros deben renunciar y el Presidente de la República aceptar la renuncia (art. 132º, 133º). Si el Congreso vuelve a negarle la confianza al nuevo gabinete ministerial, el Presidente de la República está obligado a disolver el Congreso y convocar a elecciones para integrarlo (art. 134º).

Con 73 puestos parlamentarios el fujimorismo posee más de la mitad del número de miembros del Congreso (130/2 = 65 + 1 = 66), y, podría, por lo tanto, válidamente negarle confianza al gabinete ministerial. La Constitución no dice que esa decisión esté justificada. Se la podrían negar incluso sin invocar alguna causa.

Pero la Constitución no dice tampoco que la renuncia de los ministros deba ser irrevocable, ni que no deban ser nombrados otra vez. Por consiguiente, el Presidente de la República podría nombrar de nuevo a los ministros que no hubieran obtenido el voto de confianza, lo que sería un nuevo acto de gobierno formalizado con la correspondiente resolución. Y, a continuación, el nuevo presidente del Consejo de Ministros y estos podrían presentarse al Congreso en procura del voto de confianza.

A juzgar por la composición de la bancada fujimorista, no parece verosímil que se expongan a la disolución del Congreso. Han gastado mucho en la campaña y, como revelan las nuevas encuestas, el viento de las simpatías electorales se ha trasladado a PPK y su grupo de tecnócratas que hasta el momento siguen en la línea de mantener sus ofertas. Una actitud como la indicada reforzaría además la creencia colectiva en el principio de autoridad. Y haría posible una nueva composición del Congreso, tal vez más limpia de obstruccionismo absurdo y más comprometida con la necesidad de gobernar a nuestro país para una prestación de los servicios públicos más eficiente y solucionar algunos de sus problemas más graves e inmediatos.

¿Qué sucedería si el fujimorismo no diera quórum para el pleno del Congreso convocado para tratar el voto de confianza solicitado por el presidente del Consejo de Ministros? Que no podría votarse la cuestión de confianza. Y ¿qué sucedería si el fujimorismo y otros grupos, por ejemplo los 5 apristas, se abstuviesen de votar? Que no habría voto de confianza legal. En ambos casos, sin censura aprobada por más de la mitad de miembros del Congreso, el consejo de ministros y estos podrían seguir en actividad válidamente, reconfortados por la aprobación abierta o subliminal de la mayor parte de ciudadanos.

Como colofón se podría decir que es política de buen gobierno saber definir las actitudes decisorias y resolverse a tomarlas.

 

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