El Búho

Política y Cultura desde Arequipa Perú.

Un redundante abogado Camaleón

 

Haciendo evidente la riqueza de perspectivas y posibilidades literarias, jurídicas y pedagógicas que genera el vínculo derecho- literatura y haciendo honor a su apellido, Cristian Pastor Cervantes ha explorado como debe ser esta rica e ilimitada veta, a su manera, por cierto muy arequipeña. Y se trata de un libro de cuentos, lo que el despistado lector debe tener en cuenta durante todo el proceso de lectura.

La originalidad de su descarada propuesta no está, obviamente, en ese providencial vínculo ahora harto conocido — derecho y literatura — sino en la manera concreta como la ha llevado a cabo.  Las intenciones a este respecto, lejos de ocultarse, se pregonan, generalmente de manera irónica y muchas veces a modo de insinuación, pero también a voz en cuello a través de un alter ego de ficción. ¿Quieren un ejemplo? Los títulos de dos cuentos bastan por ahora: “Razones por las cuales un abogado se podría volver un escritor” o “¿Algunos poetas son abogados?”.   Parecen cualquier cosa, menos títulos de originales y divertidos cuentos.

—“En gran medida, creo que si no hubiese estudiado derecho, ahora no sería escritor— Dijo el novelista mientras secaba la última gota de melocotón aferrada al vaso”.

Y el novelista parece ser otro ego del autor. En él conviven con tranquilidad derecho y literatura porque él está hecho de derecho y literatura y para la literatura y el derecho. Y tal vez lo mejor del libro sea el momento en que el derecho no es ni menos ni más que la literatura, sin jerarquía ni subordinación, ni énfasis de uno sobre otro. Es una imbricación, una compenetración, sin dejar de lado la connotación erótica de estas palabras, que en este texto no se reprime en absoluto.

Es como si la referida vinculación se ahondara y consolidara en este libro. No se ha borrado   la línea entre derecho y literatura (no tiene por qué borrarse) pero han logrado intimar aquí de manera más profunda y deliberada…felizmente deliberada. Solo así se entiende que un cuento pueda llamarse, por ventura, “La muerte del derecho”, y otro llamarse “Nostalgia del Código Civil”.

Creo firmemente que en este libro se ha creado una esfera literaria nueva, algo más allá de la mera relación entre literatura y derecho, un plus tan literario como jurídico que se encarna en Christian Pastor Cervantes y se expresa en sus cuentos. Da  la impresión que la  apasionada apuesta del autor  ha estrechado aún más  y mejor ese vínculo, como cuando se inserta con alegría y convicción un discurso amoroso con terminología judicial, que ha dejado atrás el anacrónico miedo al ridículo;  o una minuta de compra venta dirigida al Sr. Notario, el doctor Poete Maudit: “Sírvase usted dibujar en su registro de escrituras  públicas mi alegría contenida en un paisaje de arena, una minuta de compraventa de notas musicales (do, re, mi) que celebran como vendedora doña Jilguera de Ala Corta, con kilometraje 5000, cantora, zodiacal, aviadora, con incipiente domicilio en la rama más alta  del Bosque de las voces en la vereda boreal  y como compradora….”

No se puede dejar de empatizar con la juguetona puesta en escena de este libro de cuentos de estructura barroca, donde el humor —ese sentido que hace humanos a los animales racionales— parece cubrir todas las variadas peripecias y vicisitudes que sufrimos los mortales en este valle, que no es sólo de lágrimas, vileza, mezquindad y hedores judiciales (aunque en este caso resultan menos antipáticos debido a la pátina de humor y de cierta distancia); de ese vínculo lúdico también emanan cadenciosos poemas.

No sé qué diría Hans Kelsen de todo esto, pero estoy seguro que nos ha nacido un nuevo escritor y un nuevo poeta, que pronto será un buen abogado, si eso fuera posible.

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