El Búho

Política y Cultura desde Arequipa Perú.

Invertir en Cultura es invertir en las personas

 

El título de esta columna parecerá una obviedad, para usted, lector atento e informado. Pero al parecer no lo es tanto para los políticos que tenemos en los cargos públicos tanto en la ciudad como en la región, y al parecer, tampoco en la representación de muchos cargos a nivel nacional. Y aunque hay excepciones, una golondrina no hace un verano, reza el dicho.

Por ejemplo, fue conmovedor y esperanzador ver a un político sentado en una mesa del HayFestival de Arequipa conversando sobre libros y sobre arte. Nuestro actual presidente fue el invitado de lujo de este evento y, en la previa, al evento escuché al paso una conversación entre varias personas del público que se preguntaban cuál de los presidentes que hemos tenido las últimas tres décadas hubiera podido tener la capacidad y soltura para participar en un conversatorio de ese tipo, de manera alturada, sin caer en egolatrismos superfluos o en juegos vacíos de palabras.

Yo llevé la pregunta un poco más allá. Con algunos amigos nos pusimos a conversar sobre nuestra realidad más inmediata. ¿Cuál de nuestras actuales autoridades locales o regionales podría participar de manera alturada en un conversatorio de este tipo? Tal vez haya alguno, que tampoco conocemos la hoja de vida de todos y cada uno, pero tenemos grandes dudas. Y es por esto que tampoco tienen en su horizonte, de manera clara, la idea de lo importante que es la cultura para el desarrollo de las personas.

Es más, viendo la pobre gestión realizada en los últimos años respecto no solo al tema del patrimonio (basta ver como cada año son destruidas cada vez más casas del centro histórico, por ejemplo en la calle San Juan de Dios para ser convertidos en mercadillos; o las construcciones municipales que atentan contra la patrimonialidad del Centro Histórico); sino también a las industrias culturales (y aquí habría tanto por decir que todas las páginas de la revista no alcanzarían), cualquiera puede darse cuenta que para nuestras autoridades locales la Cultura es la última rueda del coche.

Por eso, en esta última columna del año y de cara a lo que se viene el 2017, es importante hacerles recordar a las autoridades de Arequipa que todo gobierno regional o municipal tiene dos ejes de trabajo principal: inversión en infraestructura e inversión en desarrollo humano. Lo primero, lo hacen y mucho, hasta el punto que vuelven y vuelven a ejecutar unas obras sobre otras que se suponen ya terminadas por gestiones anteriores. Pero no solo hay que invertir en concreto y asfalto. Todo esto será insuficiente y vano si es que no se trabaja de manera efectiva en las personas.

Todos los especialistas en la ciudad han repetido hasta el cansancio que lo que se tiene que dar desde estos espacios de gobierno son políticas claras en temas de cultura y programas bien estructurados y con una visión de largo alcance que impacte de manera real en las personas. No basta con dar una cantidad de dinero para un evento, que no está mal, pero ello debería responder a un plan más basto, que realmente haga un cambio estructural y una mejora valiosa en la sociedad.

Ejemplos a seguir hay miles en el mundo, y para no ir muy lejos, lo hecho por la gestión Villarán en el tema de Cultura en Lima o lo que se está haciendo en la actualidad en algunos distritos de Lima o en Trujillo, son ejemplos de una gestión comprometida no solo de palabra con las personas, sino que invierte en un cambio real. Se lo repetimos: no solo se trata de hacer un evento para salir bien en las fotos o darles medallas a instituciones o personas, o de trabajar en rutas turísticas o querer conquistar un record Guinness (que por cierto nadie más se lo disputaba), no, esos son solo pequeños eventos, chispazos breves que no van a terminar de ser luz si no hay un compromiso político real con las personas.

Perdone, estimado y atento lector, tener que hablar de todas estas obviedades. Pero como dijo el poeta Washington Delgado, es cierto que ya todo está dicho, pero hay que volver a decirlo y gritarlo, porque a veces la gente no escucha. Nuestras actuales y futuras generaciones lo agradecerán.

 

 

 

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