Entrevista al Perú

Gárgola sin pedestal Alejandro Lira Landa

 

—¿quién eres Perú?

Soy un ladrón magnífico…

¿Y qué has robado?

Me he robado el Perú…

 

—¿Cabe en tu bolsa?

Bueno, usted sabe, el Perú

es más grande que sus problemas;

pero es lo suficientemente pequeño

para ser robado a manos llenas.

 

—Difícil  hurto…

Sí… y no…:

Robar es tallar…

con tres puntos…

en el renglón,

las palabras que se iban a decir

 

Con tres  campanadas…

después de la iglesia…

el llamado de Dios.

 

Después de la misa…

robar al Padre, al Hijo

y al Espíritu Santo.

 

Después del almuerzo…

Después de la siesta…

Cuando el Perú se cansa…

O el Perú se distrae… ¡zas!

 

El Perú se roba…

Se arrancha…

Se echa pa’ dentro…

Se tira…

Se palomea…

Se fuma…

Y se esfuma…

 

¿Y dónde está?,

¿pero si estaba acá?,

¿cómo, acaso ya no está más?

 

El Perú es una venganza…

dulce

Hoy día me quitas…

mañana me devuelves…

 

El Perú es un robo a la desnudez…

A los vellos del pubis,

al olor de la entrepierna,

al apuro del sexo.

 

Robar es maravilloso

es llevarse a la cama más que el robo

el sueño.

 

Yo soy peruano, peruana

y por eso robo…

 

El momento en que la gente apaga el párpado, ¡zas!

Me llevo sus lentes o sus gafas,

aunque a mí, no me sirvan;

pero algo que mirar tendré.

 

En la esquina,

Cuando al final del cordón de la tristeza,

en el último vestigio de la colcha,

me robo el último vahído de la sabana.

 

Robo cuando el cadáver del muertito del accidente

todavía, está tibio;

antes que el noble papel periódico le cubra la cara,

lo bolsiqueo:

 

Lo dejo que muera y me llevo su suerte:

Su billetera:

Porque adonde va su plata no le sirve de nada,

me llevo su reloj: porque el tiempo ya se le acabó;

sus medias y zapatos: porque ya no tendrá adonde andar.

 

Me robo el sueño de soñar…

Si acaso el pobre muertito sabía soñar.

 

Pero me canso de robar y de soñar.

 

Y entonces me articulo

en palabras,

en documentos,

y afloro como el policía contra el Perú.

 

Soy un ladrón maldito,

porque robo en la sombra y a mi propia sombra.

 

Y en lo mejor de mi hurto,

me robo a mí mismo.

 

Y mañana,

 

al día siguiente de mi robo,

lloro… Porque no soy ladrón…

 

Me acomodo en cada lágrima de mi tragedia como país.

Y lloro un rato porque soy una mierda,

la más excelsa,

la más sublime,

la más encumbrada,

y,

la más suprema.

 

Y mi penúltima pena,

y última esperanza,

es que cuanta más mierda soy,

menos me pueden robar.

 

¡Viva el Perú, carajo!

 

 

 

Lima, Perú, 2003

(De Poemas de Barricada, en “Pasajero de la Vida”, Alejandro Lira, 2014)

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