El Búho

Política y Cultura desde Arequipa Perú.

Animales, sembríos, caminos y viviendas cubiertos por la gris ceniza de la muerte

El pueblo que desafía a un volcán fumador

Alrededor de 60 familias viven sobre las faldas del volcán Sabancaya, un gigante de 5 mil metros sobre el nivel del mar que desde el 2013 retomó la mala costumbre de fumar. Sus cenizas empiezan a cubrir todo el valle, marchitando sembríos y deteriorando la salud de sus habitantes, quienes a pesar de todo, han decidido seguir conviviendo con su vecino fumador.

Texto: Martín Rincón

Aparece de golpe como la tristeza. Pero una tristeza violenta, rápida, enceguecedora; que invade el campo, las calles, las casas, las personas, los animales. Que lo invade todo. Es una polvareda gris que desciende de la altura y que en ocasiones imposibilita la visión. Son como nubes que enredan las cosas materiales. No nubes, piensa Isidro Mamani. Las nubes traen la lluvia y la vida. Esta polvareda trae el fin. Todo empieza a morir cuando pasa. El viento la traslada y en su recorrido muere el pasto, se contamina el agua de los manantiales, no tienen cómo alimentarse los camélidos, perjudica la salud de los hombres y acentúa la pobreza. Es una maldición, piensa Isidro. Primero la sequía, luego el terremoto y ahora las cenizas del Sabancaya.

“Yo tengo cuatro vacas y cuatro crías llenas de cenizas”, dice Isidro Mamani Colqui. Tiene 73 años y sus ojos sin color apuntan a cualquier parte. Su esposa, Concesión Casaperalta Suyco, tres años menor y que, según Isidro, ha perdido la razón, repite tímidamente cada palabra que pronuncia su marido y mira, eso sí, un punto fijo. La cámara. La alfalfa está llena de cenizas, explica Isidro. Llena de cenizas, repite Concesión. “Además, estoy viendo mal. Mis ojos están irritados y me estoy poniendo gotas. Por las cenizas, estoy viendo todo colorado. Las cenizas vienen y se van. El viento trae la ceniza y estamos así, en polvareda. El tiempo nos da de pensar mucho, porque el tiempo ha cambiado bastante”.

Las cenizas del Sabancaya

Alto, ancho y enorme. La cumbre del Sabancaya está a 5 mil 980 metros sobre el nivel del mar y la superficie abarca un área de 70 kilómetros cuadrados. El volcán se encuentra a 70 kilómetros de la ciudad de Arequipa y a 30 kilómetros de Chivay, en la provincia de Caylloma. Su formación se dio hace 10 mil años y es el más joven, de los siete activos, al sur del país.

La última erupción se produjo entre 1986 y 1998. Explosiones y emisiones de gases y cenizas tiñeron el cielo del Colca y, como explica el coordinador del Observatorio Vulcanológico de INGEMMET (OVI), Marco Rivera, después de 15 años de calma, regresó en febrero del 2013. Durante ese año, el Sabancaya presentó crisis sísmicas y emisiones de gases. Pero sería tras el terremoto del 14 de agosto de este año, que ocasionó serios daños en los pueblos de Ichupampa y Achoma, cuando sus emisiones se hicieron sentir. El 27 de agosto, alcanzaron una altura de 1 500 metros sobre el cráter. El 6 de noviembre, 3 000 metros. El 16 de noviembre se redujeron a 2 500 para aumentar el 24 a 4 300 metros.

Hay estancias y caseríos, como Sallalli, que están a las faldas del volcán. A sólo 8 kilómetros de él. Las cenizas emitidas son finas y se dispersan hacia el este, el noreste, el sureste y el sur. El viento las traslada hacia los pueblos del río Colca. Viajan a más de 30 kilómetros del volcán, por eso han nublado Achoma, Yanque, Chivay, deteriorando los pastizales de ganado camélido, como el ichu y la alfalfa y, contaminando el agua. Los pobladores, como Isidro Mamani y Concesión de Yanque, ya han sufrido las consecuencias de esta polvareda gris.

Estado de Emergencia

Tras las primeras emisiones de cenizas, el Consejo Regional de Arequipa declaró en estado de emergencia 23 distritos de las provincias de Caylloma y Castilla. En Caylloma, se apuntaron las localidades de Chivay, Achoma, Coporaque, Ichupampa, Lari, Maca, Madrigal, Yanque, Cabanaconde, Tuti, Callalli, Sibayo, Lluta, Tapay, Huambo, Tisco, Caylloma y Huanca. En Castilla, los distritos de Ayo, Choco, Chachas, Orcopampa y Andagua; que conforman la zona alta de la provincia.

El estado de emergencia fue decretado el 16 de noviembre por un periodo de 60 días y las autoridades del Gobierno Regional deberán emitir el acuerdo a la Presidencia del Consejo de Ministros para diseñar un plan de contingencia, explicó el alcalde provincial de Caylloma, Rómulo Tinta. “Las cenizas han llegado a todo el valle”, añadió. Si tenemos que convivir muchos años con estas erupciones volcánicas como señala INGEMMET, continuó el alcalde provincial, “pedimos un plan de contingencia de mediano y largo plazo para saber, según lo que nos puedan explicar los especialistas, qué podemos sembrar –y de qué forma- para que no sea afectado por las cenizas”.

“El Gobierno Regional nos envió mascarillas y lentes después de las primeras erupciones, pero no fueron suficientes”, continuó Tinta. Además, señaló que los pobladores que viven cerca del volcán deben ser reubicados. Alrededor de 60 familias y 6 mil camélidos viven en las faldas del Sabancaya y, actualmente, las cenizas caen sobre ellos con más rudeza que en otras partes. Una de las indicaciones del OVI es no acercarse a un radio de 10 kilómetros del volcán. Sin embargo, hay varias familias que viven y tienen sus chacras dentro de esta delimitación.

Afectan la vista y la piel. Pueden ocasionar problemas gástricos o gastrointestinales por ingerir alimentos contaminados con partículas de cenizas volcánicas. Recomiendan utilizar lentes y mascarillas para evitar la inhalación.

Según el informe presentado por el Observatorio Vulcanológico de INGEMMET al Gobierno Regional, las cenizas pueden producir enfermedades respiratorias. Afectan la vista y la piel. Pueden ocasionar problemas gástricos o gastrointestinales por ingerir alimentos contaminados con partículas de cenizas volcánicas. Recomiendan utilizar lentes y mascarillas para evitar la inhalación. En cuanto a la situación general, también puede originar accidentes de tránsito, colapso en los techos de las viviendas y lluvias ácidas durante el verano.

Calles vacías

La polvareda gris había dado tregua a los pobladores de Chivay para celebrar el primer año del reconocimiento del Wititi como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Los danzarines tomaban las calles cercanas a la Plaza Central y, acompañados por los músicos, ingresaban en ella bailando. Un ambiente de alegría, ligeramente teñido por el recuerdo de las cenizas que días antes había ensombrecido las calles, no impidieron, ni entorpecieron, ni redujeron la algarabía de los pobladores. Después de una ceremonia conmemorativa, los distintos grupos de danzantes tomaron la plaza por completo. Danzantes de todas las edades se movían al ritmo de esta danza ancestral cuando, de pronto, la tregua terminó y una ráfaga de viento con cenizas cubrió Chivay. Las personas, entonces alegres, empezaron a tocarse los ojos y a esquivar, sin éxito, la polvareda. Algunos buscaron asilo entre las columnas mientras que otros prefirieron continuar con la fiesta. El Wititi podía más que el volcán. Sin embargo, en Yanque, poblado ubicado a 15 minutos de Chivay, las calles estaban vacías.

Isidro Mamani y Concesión son de los pocos pobladores de Yanque que hoy aparecen por ahí. Se acercan por una calle vacía al mediar la tarde. Van camino a casa, después de pasar el día en la chacra y de constatar con tristeza que la producción de leche de sus cuatro vacas ha disminuido desde las emisiones de cenizas. “Antes daban cerca de 30 litros diarios, ahora no llegan a 20”, dicen. La calle por donde pasan es estrecha y gris, como la tristeza.

 

 

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