El Búho

Política y Cultura desde Arequipa Perú.

Alonso Cueto: Somos un pueblo con muy poca memoria.

ENTREVISTA: Miguel Almeyda

La hora azul, La pasajera y La Viajera del viento, son las novelas de la trilogía llamada Redención. Leerlas una tras otra es un ejercicio de memoria, pues los temas son la guerra interna, la búsqueda de la redención, del perdón, donde hablan las víctimas y los victimarios de esa violencia que nos tocó profundamente, en especial en las zonas donde se desarrolló: Ayacucho, Huancavelica, Lima. Conversamos con el autor, pues también ha publicado un libro maravilloso sobre el arte de escribir: La Piel de un escritor. 

¿De dónde vienen sus historias?

De cosas que oigo, que veo en una noticia, con mucha frecuencia de observar a una persona. Creo que un escritor es un observador antes que nada, que mira con curiosidad lo que le rodea y que, a partir de lo que observa, imagina, inventa. Creo que la combinación de experiencia e imaginación es lo que hace que un escritor sea un escritor.

Te diría que lo que me interesa más es encontrar unas buenas primeras imágenes, imágenes fuertes que susciten preguntas. Durante mucho tiempo tuve una primera escena de una novela: es un hombre que entra a un bar, le enseña una foto al barman de una mujer, le dice: -Le doy cien dólares si usted me informa como encontrar a esta mujer. No tenía más. Me pareció una buena primera escena porque encierra una serie de preguntas. ¿Por qué la busca? ¿Quién es? ¿La va a encontrar? ¿Qué va a pasar cuando la encuentre? Y esas preguntas ofrecen un desarrollo germinal de lo que la historia va a ser en adelante.

Usted dice que los personajes se definen en los dilemas

Así es, porque un personaje descubre quién es cuando toma decisiones. Cuando decide si va por un camino o por otro, está construyendo su identidad. Su identidad no es solamente un buceo, una autoexploración o un autoanálisis, sino también una conducta, él tiene ante si varios caminos, toma uno de ellos y ese camino que toma es lo que define su rostro, su ser y también expresa algo de quién es el escritor.

Usted dice que  una novela se debe escribir en dos o tres años

Lo que creo es que es muy importante construir personajes. Uno debe conocer a sus personajes, debe intimar con ellos, debe sentir que son parte de uno y ese proceso toma un tiempo, como cuando conoces a alguien, como cuando te haces amigo íntimo de alguien. No solo se trata de escribir, sino de todo un proceso de involucración con el personaje, qué tiene de ti que le puedes dar. Una novela no es solo un personaje, son muchos personajes, entonces hay que darle a cada uno algo de ti, entender a cada uno en su dimensión. Para escribir un autor tiene que ser un esquizofrénico necesariamente.

¿Cómo es el proceso creativo?

Cuando tengo esta primera escena que me va a dar un germen de desarrollo, empiezo a preguntarme qué va a pasar después en mi novela, la que viene. La primera escena es un hombre que despierta a su mujer un domingo a las seis de la mañana y le dice que la va a dejar porque se ha enamorado de otra. Hasta cierto tipo es algo frecuente. Lo interesante es que la mujer reacciona con gran naturalidad, con simpatía incluso a la idea. Ese momento es donde se produce lo inesperado y, a partir de allí, pienso en las dos otras secuencias posteriores y voy avanzando así con poca ventaja con respecto a lo que estoy escribiendo.

Usted dice que uno debe ser fiel a sí mismo

Uno debe escribir sobre las cosas que lo conmueven, que lo ilusionan, que lo intrigan, que lo hacen sentir profundamente. Eso es fundamental porque cuando uno escribe, es la hora de la verdad. Me decía Juan Carlos Onetti, un amigo a quien quise mucho: Cuando escribes es la hora de la verdad y con la verdad no hay cuentos chinos.

Hay que ser totalmente sincero. Hay que abandonarse, soltarse, que salga de las tripas. Otra frase que me dijo Onetti y que también recuerdo mucho es: Escribe algo si es mejor que el silencio, si no es mejor que el silencio, no lo escribas…

El sufrimiento puede ser un motor para escribir

Los amigos de un escritor son la soledad, el silencio, el dolor. Hay que proteger eso, esos son tus aliados, el ruido. La felicidad, los premios, esos son tus enemigos, hay que proteger a tus amigos. Yo escribo todos los días, desde que mi padre murió cuando yo tenía catorce años, no pienso en otra cosa más que escribir. Quizás estoy huyendo de ese hecho, quizás esto tratando de construir otro mundo. Frente al mundo que perdí. No sé, no estoy seguro.

Pertenece a una gran generación de escritores

No sé si pertenezco, no pertenezco a nada, es lo que hago. Escribo todos los días desde que mi padre murió cuando yo tenía catorce años, no pienso en otra cosa más que escribir, quizá estoy huyendo de ese hecho, quizá estoy tratando de construir otro mundo frente al mundo que perdí, no sé, no estoy seguro. Sí sé que en las mañanas cuando me despierto lo único que quiero es eso, escribir, pero no tengo una explicación lógica para todo eso.

Acaba de terminar una trilogía sobre la violencia política

Es una trilogía que tiene que ver con el recuerdo. Cómo, una vez que han pasado los hechos más terribles, el pasado se las arregla para regresar. Tiene que ver  también con el hecho de que todos somos culpables  de las cosas que nos rodean, de las cosas que pasan, incluso los que se sienten más distantes tienen algo de culpa, pertenecen a esta sociedad y no hay nadie que realmente se ubique fuera de la sociedad. Todos estamos involucrados, forman parte de una sociedad, entonces el recuerdo en estas novelas es muy importante. El recuerdo ayuda a integrarse, a recordar, significa recuperar. En el mundo quechua es interesante, porque el recuerdo está siempre delante de uno, lo puedes reconocer, lo puedes ver; mientras el pasado es lo que esta detrás porque no lo conoces o no lo ves y eso es algo que, de alguna manera, aparece en La Hora Azul, La pasajera y en La Viajera del viento. Cómo el recuerdo se las arregla para emboscarte, para sorprenderte, para regresar un día, en La Pasajera un tipo está manejando un taxi y sube una mujer que es la misma que el torturó en Ayacucho. Cuando caminas por una esquina y alguien aparece, que pertenece a tu pasado, es también un encuentro con el pasado. Siempre me ha interesado esa definición de la novela que dice que es un género policial cuyo principal sospechoso es el pasado.

¿Somos un pueblo sin memoria?

Somos un pueblo con muy poca memoria. Es fundamental porque la memoria es un acto de integración y somos un pueblo con una visión del tiempo muy limitada a pesar de haber tenido una historia tan rica.

¿Qué está escribiendo ahora?

Ahora tengo esta novela policial que te comenté, la historia del hombre. Se llama La Segunda Amante del rey y más adelante una novela histórica sobre La Perricholi, que me toma por entero, me parece un gran personaje, importantísimo para la comprensión del siglo 18 en el Perú. Es en cierto modo la idea de la rebeldía frente al poder, pero una rebeldía sensual y sutil.

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