El Búho

Política y Cultura desde Arequipa Perú.

Dos ideas sobre enseñar el escribir

Como cualquier otro arte, la capacidad escritural puede enseñarse y transmitirse en condiciones especialmente dadas. Por ejemplo, tenemos los llamados talleres de creación literaria o de escritura creativa, los cuales son hoy en día muy similares a los que comenzaron a funcionar desde los últimos años de la década del cincuenta sobre todo en Estados Unidos para luego pasar a Hispanoamérica y el occidente europeo. Estos programas de enseñanza responden a la necesidad de transmitir y hacer del dominio del estudiante lo que Cassany denomina el proceso de composición que: «está formado por el conjunto de estrategias que utilizamos para producir un texto escrito. Estas estrategias son la suma de las acciones realizadas desde que decidimos escribir algo hasta que damos el visto bueno a la última versión del texto».

Pero se debe de tener en cuenta que enseñar a escribir también pasa por el hecho de enseñar a pensar y analizar el discurso que se ha de producir de la manera más extensa posible. A las principales operaciones cognitivas que tenemos que tener en cuenta para escribir (que el poder trazar signos gráficos y articularlos en conjunto, los de tipo procedimental y los de gestión y control); habría que agregar que es necesario tener presente la mirada crítica, el pensamiento analítico que no haga solo el análisis del texto hacia su interior, sino que lance sus relaciones hacia el exterior, conectándolo con los demás discursos no solo por su autoreferencialidad, sino por las ocultas estrategias que lo condicionan y lo moldean dentro de su propio espacio tiempo discursivo, social y cultural.

Esto nos da la posibilidad de ensayar sobre dos aspectos. El primero de ellos está vinculado con la creatividad. Enseñar a pensar creativamente al momento de escribir tiene sus antecedentes en la Grecia clásica: Aristóteles y Platón, a su manera, meditaron sobre las estrategias internas de los discursos y sus modos de producción. Fue Aristóteles quien dijo en estas reflexiones que nuestra mente disfruta de pensar creativamente, es decir, de pensar de manera errada, de equivocarse. A esos errores, sobre todo del lenguaje, los llama metáforas, que según dice son las que mejor nos ayudan a conocer o comprender. Errores del lenguaje como errores de pensamiento.

Vico, por su lado siglos después, plantea que solo se puede llegar a la verdad a través del hacer, es decir, de la creación de algo que antes no existía porque no sucedía. Bien visto, tiene total sentido y relación con el planteamiento de Aristóteles, pero en una perspectiva histórica determinada, en la cual las verdades no están dadas de ante mano, como lo planteaba Descartes, sino que solo pueden ser conocidas en los resultados de la acción creadora, de la producción.

Todo esto desemboca por ende en que pensar creativamente es un error en el pensamiento lineal y lógico, como lo enuncia Aristóteles, y que esta forma de pensar nos puede llevar a la verdad y al conocimiento. Ya Einstein decía que intentar siempre lo mismo buscando nuevos resultados es de locos. Hay que probar nuevas estrategias y soluciones a los mismos viejos problemas. En esto consiste ser creativo: moverse del punto focal tradicional o aprendido para ver las otras caras o aristas del suceso. Esto es también denominado como pensamiento creativo, original, imaginación constructiva o, como lo denomina Edward de Bono, pensamiento lateral, cuya finalidad podría identificarse con la efectividad de las soluciones sin seleccionar caminos, sino siguiéndolos todos, creando en sí mismo dirección, cambio y movimiento como medios para una reestructuración de los modelos de conceptos.

Como se puede ver, entre las ideas de Aristóteles, Vico y De Bono hay un común denominador, que es el de salir del pensamiento lógico lineal a través del movimiento para crear sentido, llegar a la verdad u obtener soluciones útiles, que son en esencia lo mismo y cuya matriz cambia según el espacio tiempo donde se realizan dichas reflexiones. Es esta aptitud y actitud la que se debe de poner en acción cuando se enseña a escribir creativamente.

En suma, cuando se enseña a escribir se tiene que tener muy presente que lo que se enseña no es algo fijo, que se pueda repetir a partir de un manual, ni hay un inventario más o menos delimitado de conceptos o técnicas a dominar solamente, sino que se trata sobre todo de una actitud frente al mundo, a la cognición que se tiene de este y a los modos de entenderlo y re/producirlo.

 

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