El Búho

Política y Cultura desde Arequipa Perú.

Oscar Espinoza Rivera, un maestro, un caballero.

Cada vez que alguien muere

Por supuesto alguien a quien quiero

Siento que mi padre vuelve a morir

Será porque cada dolor flamante

Tiene la marca de un dolor antiguo.

Mario Benedetti

Dirigente sindical fundador del SUTEP, amigo, compañero, padre vital, abuelo amoroso. Partió para siempre hace algunos días. Lo conocí muy bien. No solo fue un amigo sino uno de los últimos caballeros en todo el sentido de la palabra que he visto.

Ser maestro es un honor: educar, acompañar, compartir conocimientos, experiencias, sentimientos y emociones, valores, con los alumnos y alumnas es un privilegio, elegir serlo debe ser una gran decisión, porque compartirás muchos años de tu vida con niños, niñas, adolescentes y jóvenes, que esperan de ti, creen en ti, se apoyan en ti, te quieren.

Ser maestro en el Perú es una de las profesiones más difíciles. Serlo en zonas rurales, lejos de las ciudades, con adultos, con trabajadores, en escuelas nocturnas, allí donde a veces nadie quiere ir, estar o trabajar, es un verdadero reto.

Oscar Espinoza fue maestro, no solo maestro, fue un gran maestro. Lo decían sus alumnos que compartieron, hablaron, que dieron discursos, contaron anécdotas o simplemente estuvieron en silencio contemplando su ritual de despedida, ellos vinieron de todos lados, algunos de la primaria, otros de la secundaria, los más de la escuela nocturna. Donde este maestro estuvo dejó amistades, dejó cariño, dejó enseñanzas.

Qué difícil será no verlo sonreír, con su cigarro eterno, mirando al horizonte como si aún estuviera lleno de preguntas, quizás si estaba lleno de preguntas o verlo bailar elegantemente las viejas canciones del Buenavista Social Club, en las voces de Ibrahin Ferrer, Omara Portuondo, Compay Segundo, con esa música que iba conquistando al silencio de la tarde cuando el sol se va apagando. Qué difícil será ya no verlo caminar por su huerta, que cuidaba con amor y que se llenaba de flores, de colores intensos, de vida, cada primavera.

Pero dicen que aquellos que parten, en algún lugar se quedan; y es en el corazón de los que lo aman, en la energía vital del recuerdo, en el deposito exclusivo de la memoria.

Porque en cada uno de nosotros

queda su risa

queda su canto

y el llanto es el rocío

que humedece la semilla

del anillo  incesante

de la dicha y el quebranto.

 

Dicen que se quedan

dicen que se van

dicen que florecen

aunque ya no están.

Solo queda agradecimiento en los que aun vivirán. Agradecimiento verdadero, sincero, por todo lo compartido- Lo dice su nieta Isabel en la nota que escribió en las redes sociales:

Vivirás en mi corazón y en mi alma, con todo el amor y el cariño que me diste en vida; te agradezco eternamente mi abuelo amado, por haber cuidado de mí, por haber hecho mis días de colegio más hermosos, por haberme cocinado con tanto amor, por haber pasado cada día conmigo, por haber sonreído y reído a mi lado, por haberme amado tanto como yo a ti; ahora mi querido abuelo, serás eterno y recordado como la increíble y maravillosa persona que eres y fuiste. “Cuando un maestro muere, nunca muere”

Don Oscar ganó un premio mayor en su vida, por su manera de ser, por su calidad humana, se ganó el respeto de los demás. Eso no se compra, no se vende, nadie te lo regala, no cae del cielo. Tener el respeto de los demás es una joya que se va construyendo poco a poco, de manera silenciosa, en largas conversaciones, en los silencios, en los discursos, en la práctica concreta de todos los días. En las acciones, en la coherencia. Cuando se va, uno no se lleva la casa, el carro, la plata, los tesoros materiales. Uno se va y se lleva ese respeto, que se refleja en las palabras y actos de los que amándote, te lloran.

Como las emocionadas palabras de su hija Katherine:

Te quedas en el centro de mis afectos. Tu amor es mi soporte y mi esperanza. Fuiste el mejor padre para mí. Eras mi amigo, mi compañero, mi bailarín predilecto. Te agradezco la vida y el haberme hecho sentir profundamente amada. Tu amor padre querido, es la certeza más grande que tuve desde niña, tu amor es la fuerza que me ayuda a vivir ahora. Me quedo con tu abrazo, tu sonrisa en las mañanas. Tu ejemplo de ser una persona humilde y noble. Fuiste para mí, el que soporta, acompaña en silencio, anima suavemente, escucha, carga, fuiste el protagonista de nuestra vida en familia. Gracias por todo.

Su gran familia, sus hijos e hijas, nietos y nietas, hermanos, amigos, alumnos y compañeros lo extrañarán.

Fue un hombre noble, y para mí un caballero. Don Oscar, descanse en paz.

Comentarios de Facebook

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *