El Búho

Política y Cultura desde Arequipa Perú.

Pura letra, o el nuevo símbolo pura vida

El caso del producto Pura vida ha indignado a la comunidad peruana por muchas razones. Entre ellas, que la denuncia que ha destapado el engaño haya sido hecha en el extranjero, luego de que varios años antes se había advertido en nuestro país y no se hizo nada; y de otro lado que nos demos cuenta que las etiquetas de los productos que consumimos, como papel que es, aguanta todo.

En ambos casos se llega a la misma conclusión: que tanto lo que nos dicen los fabricantes en las etiquetas como las leyes que norman lo que debe decir en ellas, son pura letra, o letra muerta. Y todo lo que se ha escrito hasta hoy, en diarios serios y las redes sociales, se debe entender que no se hace con mala leche, sino por el contrario, con el objetivo de que nos demos cuenta de la trampa generalizada en que vivimos y nuestra incapacidad de hacer valer nuestros derechos como consumidores, y hacer todo lo posible para que no vuelva a suceder.

Pero hay algo más en este caso, la frase “pura vida” y el icono de la vaca se han convertido en un nuevo símbolo de la cultura nacional: la del engaño abierto e impune. Hasta ahora ¿qué imagen del imaginario nacional representaba el engaño empresarial? Hay imágenes, incluso rostros de personajes, que el ciudadano asocia con la corrupción, la trampa política, el cinismo o la ignorancia, el robo o la pereza, pero no teníamos algo que represente con tanta claridad el fraude.

Los símbolos representan un estado social, una actitud colectiva, y cuando la comunidad se ve reflejada en ellos, como una caricatura, se pasa a un nuevo momento social: el del cambio, la renovación, la vuelta al orden. Pero este cambio suele ser lento, pues hay que cambiar toda una forma de ver la sociedad, desde la identidad hasta los valores, de manera que nuestra actitud pase por un proceso inverso al que nos ha hecho creer que lo malo, a golpe de repetirse, se ha hecho bueno.

El símbolo “pura vida”, visto así, fuera de contexto, puede ser leído como simples palabras, sin sentido, sin la fuerza que lleva su contenido, como si de una bandera desconocida se tratara. Lamentablemente hemos creado un símbolo que, aunque no nos represente precisamente como peruanos, sí refleja mucho de nuestra actitud: la dejadez y falta de reacción frente al engaño. Otros discursos positivos, o símbolos en los que nos podemos apoyar para demostrar que somos, o podemos ser, mejores, parecen ser pura letra, discurso vacío, mala leche.

 

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