El Búho

Política y Cultura desde Arequipa Perú.

To live is to die

 

A quienes  conocemos al autor de esta novela desde que era cachimbo y a  su inteligente familia desde que el suscrito era chibolo y tenía a las bíblicas primas Raquel y Edith en el colegio de la tía del ahora novelista,  no nos ha dejado nada para la imaginación. La ventaja del lector que no conoce al autor, es que parece tener  muchas más  posibilidades de imaginar sin prejuicio,  de interpretar con libertad, es decir, de crear al recrearse en su lectura con el autor bien muerto. Como tal vez le ocurre al lector de To Live is To Die cuando no conoce al autor. No es mi caso.

Pero todo tiene su lado amable. A mi su lectura  me resolvió un problema que hace tiempo se me había planteado, o plantado, en la cabeza: ¿que tipo de castellano debo o conviene  utilizar cuando escribo y por qué?.  Y cuando leí la novela me dije:  ahí está, yo también quiero.  Eso en relación al lado técnico de este saldo de cuentas existencial que es To Live is To Die, porque el aporte de este libro es la construcción de un lenguaje que ha requerido romper algunos  esquemas lingüísticos,  sintácticos, prosódicos,  lógicos y otros grilletes estereotipados, para reacomodarla exactamente a su medida,  a sus necesidades e intereses, como un terno de Armani. Hasta Leo  Messi parece elegante.

Nada de arbitrariedad.  Todo es necesidad en este constructo multidimensional que por convención llamamos novela:  también muere porque no muere y siempre está en agonía porque algunos la quieren matar…y no lo logran porque siempre hay otros  que la  recrean, que la vuelven a crear, como en este caso. To live is to die.   Por eso para mí, como lector, como amigo, no como crítico literario, esto más que novela es  “nivola” en terminología unamuniana, una imposible prosa ensayística con forma literaria y expresión poética, love history incluida. Digo imposible porque si es formalmente literatura, es literatura., no queda otra. La forma es el fondo aquí.   Y lo interesante es que aquí no importa. El género ya fue. Lo que importa es la existencia física y metafísica  de Marco Temoche y su abigarrado y globalizado contexto. Porque Marco tiene una manera tremebunda, exagerada de viajar, y  no solo  viaja al exterior.

Cada viaje físico cultural externo es también el auto examen implacable de  su intrincado mundo interior. Y ambos viajes son por supuesto inseparables y se complementan novelesca y metafísicamente con música metalera fierro a fondo. Metálica cómo no: “Sucedió que al empezar a brotar de la cinta un sonido limpio de cuerdas y percusión, con patrones de un ritmo penoso y oscuro, quedó electrizado en la silla de pies a cabeza. Inmóvil. Cuando de súbito el asalto furioso de una batería junto con el rasgueo violento de una guitarra eléctrica lo sobresaltaron como el instante en que recibes un puñetazo en la cara sin tener una puta idea de lo que está ocurriendo”. Pero basta de literatura y vayamos al fondo.

No tengo ninguna duda de que este es  un libro agónico. Pero agonía no es sinónimo de muerte sino de lucha contra ella, de  lucha por la vida contra la muerte. Lo recuerda el agónico José Carlos Mariátegui que justamente  consideraba la vida como lucha  y la lucha como agonía. El comenta por primera vez en América “La agonía del cristianismo “ de don Miguel de Unamuno, en 1926, antes de su traducción al español, ya que  esa primera edición salió en francés.

“Muero porque no muero” decía Teresa de Jesús. Es decir, agonizo, es decir, lucho.  Y la agonía  no es solo el asunto de To live is to die. Es todo , es el todo,  Vivir es morir, To live is to die. Es exactamente lo mismo. Solo que  Marcos Temoche ha vivido esa agonía  en su máxima intensidad, sea por gozo o sufrimiento, en inglés: To live is to die, in Miami Beach, off course, con el mito metálico de la música de Metálica que le da sentido y ritmo, swin, cadencia, azuquita  o melao, no solo a su nivola sino también a esta horripilante y hermosa vida.   

Las grandes mentiras, las grandes ficciones, son producto de la fuerza y el valor de un autor para  llegar a la verdad más profunda y la capacidad para soportarla . Como es el caso de Jesús Aldo Díaz.

 

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One thought on “To live is to die”

  1. avatar
    Pedro paramo says:

    No quedan.si.no ganas agonicas de leer la novela. Donde se la consigue?

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