El Búho

Política y Cultura desde Arequipa Perú.

Arequipa, campo y ciudad

Se ha dicho recurrentemente y enfáticamente, que las mayores fortalezas de Arequipa son su campiña y su arquitectura y urbanismo históricos, ya rec

arquitectura de Arequuipa

Arequipa, campo y ciudad. Foto: Hermann Bouroncle

onocidos por la Unesco como Patrimonio Cultural de la Humanidad, que finalmente se ha conseguido marcar estos valores en la población arequipeña, como una consigna identitaria.

En efecto, la razón por la que los españoles al mando de Garcí de Carbajal decidieron fundar, en la vega del río Chili, la villa de Arequipa, fue por sentirse seducidos por este valle, un oasis en medio del desolado y extenso desierto; que, teniendo además, la ventaja de estar al sur y a medio camino entre el mar y el altiplano andino, facilitaba la conquista y colonización del Collasuyo y del Contisuyo.

Los cronistas de la época y de los años subsiguientes registraron, que la mayor motivación al hundir la picota fundacional en la plaza mayor, fue la fertilidad de su suelo, la benignidad del clima, con un cielo intensamente azul, y ese paisaje cultural de huertos y terrazas, acompasando el curso del río Chili y del río Sabandía, como una suave transición a las alturas de los volcanes tutelares: Misti, Chachani y Pichupichu. Así, para Cieza de León, Arequipa fue “La más sana del Perú y la más apacible para vivir”. Para  Garcilaso, “La fertilidad del sitio” y “la templanza del aire”…sedujeron a los españoles. A estas cualidades no pudo escapar nuestra Flora Tristán, tan crítica y severa en sus juicios, al registrar en Peregrinaciones de una paria: “esa multitud de cúpulas resplandecientes al sol en medio de la variedad de tonos verdes del valle y del gris de las montañas, causan en el espectador un efecto que no se creería dado producir a las cosas de este mundo.” (1)

Entonces, la primera cualidad de la posterior ciudad y actual metrópoli de esta naciente villa fueron sus condiciones ambientales, llamémosla, su matriz natural. La segunda condición gravitante fue, y lo repetimos, su estratégica localización geográfica, en las estribaciones occidentales de la cordillera sur andina, que permitía vincular la Ciudad de los Reyes, y por ende, la España colonial, con la capital imperial de los incas y las haciendas y minas del altiplano, Puno y Charcas; amén de ser una cabecera de puente para la conquista de Chile. En esto, Quilca primero, y luego Islay, fueron los  puertos de entrada y salida hacia la vieja Europa. Esta condición determinó, desde la fundación hasta el presente, un rol macro regional, e incluso internacional de centro logístico, de intercambio y de servicios, de un gran espacio continental. Arequipa, debido a ello, se tornó un lugar de encuentro. Aquí llegaban miles de arrieros y visitantes, trayendo y llevando productos de los valles vecinos y oro y plata de las lejanas minas. Esto produjo a los largo de los años, una acumulación de riqueza, que antes no la tuvo, ni la podía tener por las limitaciones locales.

El tercer elemento determinante, fue la naturaleza sísmica del territorio. En Arequipa, no había mucha madera ni buena greda, para hacer adobes y techumbres con tejados. Lo único que había y en forma abundante fue el sillar. Sí, ese tufo volcánico petrificado, la ignimbrita, blanco, a veces perlado, dúctil para su labranza, térmico, y resistente a los incendios y temblores. Si Arequipa estaba sujeta constantemente a los desastres producidos por los sismos y por la erupción de los volcanes, fue con el producto de los desastres que se erigió como una ciudad excepcional, única, mediante anchos muros, y miles de bóvedas y cúpulas, teniendo al sillar como protagonista. La propiedad de levantar grandes edificaciones, como catedrales o palacios, con imponentes portadas labradas, anchas naves, ventanales y claraboyas cenitales, fue extendida a la arquitectura doméstica, incluso a las casas más simples y pequeñas, como lo atestiguan las celdas del Convento de Santa Catalina, con sus lucernarios, sus zaguanes, sus ventanas enrejadas, y la iconografía en sus portadas. Y así se fue desarrollando un lenguaje barroco muy singular, mestizo, un tejido vertical en piedra, con mensajes sincréticos al Dios cristiano y a los Apus nativos. De esta manera, las 49 manzanas iniciales se ampliaron a 72, y luego a muchas más, sobre la margen izquierda, junto al caserío de los Chiribayas en San Lázaro, y sobre la margen derecha, donde vivían los Chimbas en la Antiquilla.

Ya que mencionamos a chiribayas o chimbas, descendientes de grupos étnicos como, lupakas, kuntis, collaguas, puquinas, o cabanas, con presencia Wari e Inca, tenemos que señalar como cuarto componente esencial, la población local. En estos parajes, en el S. XVI, los ayllus que la ocupaban eran muy modestos; los grandes señoríos estaban en el Colca, donde habitaban alrededor de 60 mil personas. Por tanto la ocupación española fue muy pacífica y rápidamente, hubo una asimilación y tolerancia mutua por sus hábitos diferentes. Cabe mencionar también, que la disputa de linajes se daba, en Cusco, Lima o Cajamarca; ciudades cortesanas por el lado indígena o español. Los peninsulares que se afincaron aquí carecían de títulos nobiliarios. Es verdad que hubo servidumbre, antes y después de fundada; es también verdad que había pocos esclavos, muchos menos que en ciudades de la costa. Arequipa nació plebeya, y continuó siéndolo hasta el presente. Su gente fue y sigue siendo mestiza; más loncca que ccala. (2) Y este es un factor fundamental en su formación cívica.

Con estas cualidades, Arequipa fue consolidándose como una ciudad importante; adquiriendo este título en el siglo XVII. Durante tres siglos la ciudad creció ordenada y progresivamente con una adaptación equilibrada y armónica con las condiciones hidrogeológicas del territorio. Se conservaron los andenes; se multiplicaron los huertos con numerosos frutales; se respetaron los bordes de los ríos y las torrenteras, como precaución contra las avenidas. La ocupación principal de la población laboral era la agricultura y la ganadería. La producción de alimentos era abundante y existía un excedente que se exportaba a otras regiones. Creció el comercio y el intercambio de abastos y manufacturas, así como la importación de objetos y prendas europeas. Se multiplicaron los oficios como la construcción y las maestranzas. Se incrementó el flujo de viajeros y comerciantes. El trasiego de arrieros y misioneros sobrepasó el altiplano y llegó hasta los confines amazónicos de la Chiquitanía boliviana, y del chaco argentino. La huella de este flujo cultural está en la Capilla de San Ignacio, de la Compañía de Jesús, por donde pasó Ruiz de Montoya, celebrado misionero y defensor de los guaraníes en la selva paraguaya.

Esta urbe trazada a cordel y a cuadrícula, con amplias y regulares calles, por donde era fácil la circulación de carretas, carruajes y recuas de cabalgaduras, fue configurando una masa edificada, con vanos de ventanas y portones, en ritmos regulares; con accesos a zaguanes y anchos patios; con galerías posteriores como comedores, frente a patios secundarios o huertos, en una grata y saludable relación entre los ambientes edificados, de uso más íntimo, y los espacios abiertos patios, huertos y jardines, de uso más social. Esta misma relación arquitectónica de estos solares, se reproducía a nivel urbanístico, entre la ciudad con sus casas, plazas y calles, llamémosla  la matriz cultural, y el campo. Arequipa, su casco histórico y sus arrabales se compenetraron con la campiña productiva en una complementaria relación urbano-rural, o lo que hoy llamamos un desarrollo sostenible. Situación que a duras penas, y lamentablemente cada vez menos, persiste.

Estas características urbanas de Arequipa, que trasuntaban una imagen mestiza, pero marcadamente hispánica, castiza, subsistió hasta el violento terremoto de 1868, con grandes daños en sus edificaciones; situación, que sumada a la llegada del ferrocarril en 1872, alterarían positivamente la vida de la ciudad, a partir de su reconstrucción y de su expansión, significando la incorporación de Arequipa al modernismo de occidente. Precisamente, es el ferrocarril Arequipa-Mollendo, lo que marca un punto de quiebre a la hasta entonces pacata, introvertida y monástica ciudad. La Estación ferroviaria, se convirtió en el centro más dinámico de la ciudad. Justamente, el primer ensanche urbano se dio desde el viejo Convento y naciente mercado de San Camilo hacia el sur, camino a Tingo. Más tarde por la cercanía habrían de surgir otras urbanizaciones, como la burguesa del Vallecito o la proletaria María Isabel.

Con la maquina a vapor, la llegada de barcos y trenes fue continua y regular, permitiendo la llegada de numerosos migrantes procedentes de diferentes países y orígenes. La presencia de familias de origen judío, palestino, italiano, francés, vasco, catalán, alemán, anglosajón, y otros, produjo un cambio radical en la arquitectura y los hábitos urbanos. Proliferaron segundos pisos y balcones, y expresiones neoclásicas o neo renacentistas eclécticas, o con ornamentaciones art nouveau; aparecieron estilos como el neo isabelino, e influencias de Arts & Crafts, o Liberty; edificaciones afrancesadas con mansardas como Chávez de la Rosa o el Mercado San Camilo, cuyo recinto reproduce los “paraguas” de Baltard de Les Halles en Paris; incluso hay manifestaciones con influencia del expresionismo alemán o del futurismo italiano. Con el automóvil y el tranvía eléctrico, el urbanismo cambió la imagen de los espacios públicos, aparecieron las avenidas, las calles arborizadas, los retiros ajardinados, las rotondas, los parques, los bulevares, las casas chalets; y con ellos el modernismo avanzó por sendas peruanas como el neo colonial y el estilo buque. Pero la transformación no se limitó a la  arquitectura y el urbanismo, sino que alcanzó todos los niveles de la vida citadina, con la fotografía, la imprenta, la pintura, el mobiliario, la música, y todos los hábitos sociales. La sensualidad penetró los intramuros y Arequipa floreció en un esplendor cultural que duró hasta el IV Centenario, logrando sobreponerse incluso, a la tragedia de la ocupación chilena. En 1940, el agrimensor Alberto de Rivero, formuló el primer Plan Piloto de Arequipa, bastante avanzado y moderno, bajo los criterios de ciudad-jardín. Parte de ello es Selva Alegre y la urbanización IV Centenario. La “Muy noble y leal ciudad” a la corona española, dejó de serlo, y Arequipa se fue definiendo más como una urbe cosmopolita, en la medida que la economía se dinamizaba, con un comercio más intenso, nacional e internacional; con una naciente industrialización, con flujos continuos a Bolivia, Chile y Argentina; lo cual originó el surgimiento de una pujante burguesía local, con mayor independencia de Lima; lamentablemente, la vieja oligarquía peruana truncó nuevamente este desarrollo autónomo.

En 1954 hubo una prolongada sequía en el altiplano, y debido a la pobreza rural, se inició una ola migratoria, que no ha cesado hasta el presente. En 1958 y 1960, nuevamente la ciudad fue asolada por dos grandes terremotos, poniendo a prueba la reserva moral de los arequipeños. Se constituyó la Junta de Rehabilitación y Desarrollo de Arequipa, con recursos propios de la aduana de Matarani, que llegó a ser un ejemplo histórico de gestión eficiente, honesta y participativa, en materia de reconstrucción y promoción del progreso, en sintonía con una buena administración local y que satisfacía las necesidades corporativas de la población. La JRDA, duró 10 años, de buenos resultados y de acumulación de activos urbanos, como el Parque Industrial, la fábrica de cemento Yura, la restauración de templos y casonas, la variante de Uchumayo, las irrigaciones de La Cano y La Joya. Hasta entonces, bajo la administración nacional  del arquitecto Belaunde, las ciudades peruanas mantenían relativo orden; los nuevos asentamientos humanos eran rápidamente regularizados por la Junta Nacional de la Vivienda, en concordancia con la administración municipal. Lamentablemente, desde inicios de los ’70, los esfuerzos por una ocupación del suelo bajo criterios racionales, se fueron perdiendo, tanto para las habilitaciones residenciales, como para los asentamientos informales, producto de invasiones. Los criterios de orden urbano, decaen; va desapareciendo la sintonía y complementariedad, entre la urbe urbanizada y edificada y las condiciones y cualidades naturales del territorio ocupado. La matriz cultural se sobrepone sin respeto sobre la matriz natural, alterando el equilibrio ecológico, dejando de ser un todo armónico. Se ocupan y se urbanizan más de 18 mil hectáreas de cultivo; se construye al borde de los ríos y sobre las torrenteras; se invaden laderas alterando los flujos de evacuación pluvial. En 1981, se hace el segundo Plan Director, en realidad, se esboza una estructura urbana, se plantea una zonificación tendiente a la tercerización y densificación del suelo, principalmente del centro histórico, y se diseña un esquema de plan vial de anillos concéntricos, con cierta lógica, pues se seguía el curso de las torrenteras, lo cual suponía su preservación. Lamentablemente no se pudo concretar, ni siquiera el primer anillo: La Marina-Progreso-Venezuela, que debería proseguir con un nuevo puente al sur, paralelo al puente San Isidro, que empalmaría con la vía del tren, y proseguir con la Av. Metropolitana hasta el aeropuerto.

El 2002, se realiza el nuevo Plan Director, que establece un espinazo vertebral desde Socabaya hasta el Cono Norte, inspirado en la estructura vial de Curitiba, sin reparar que las vías sobre las cuales iría un sistema segregado de transporte de masas, no tiene la sección vial necesaria, como es el caso de la Vía Expresa de Lima. Hace cuatro años la Municipalidad encarga a un consultor extranjero, sin conocimiento de la realidad local, la formulación de un nuevo Plan, el PDM que termina siendo una propuesta de manual, bastante superficial, que persiste en la ocupación de áreas de protección, y no planifica una eficiente red vial, jerarquizada y clasificada, y mantiene un SIT, que no representa una solución integral al transporte, ni mejora las condiciones ambientales, ya bastante degradadas. En pleno S. XXI, el caos urbano subsiste, por el desorden en la ocupación del suelo, por no tener un calificado Índice de Usos, con localización de centro comerciales en lugares inadecuados, por la abundancia de vehículos y unidades de transporte sin control, y por invasiones y tráfico de tierras.

Frente a ello, ¿qué hacer? Creemos que lo primero es ordenar la ciudad, con lo que se tiene. Planificar una nueva estructura vial, moderna con opciones para el desplazamiento de VLT y complementariedad intermodal. No insistir sobre el “espinazo” de Alcides Carrión-Av. Ejército. Recuperar los bordes de las torrenteras, para corredores viales, tal como es la Av. Venezuela. Establecer un sistema multimodal de terminales en el Cono Norte: Aeropuerto, Ferrovía, Terminal de Carga, Rodovía. Mejorar los accesos a la ciudad, concluir la variante y la vía a La Joya. Trasladar la estación y habilitar esta área para equipamiento urbano y recreación pública. Habilitar el Gran Parque Metropolitano del Chili, desde el Puente Grau hasta Tiabaya. En el Centro Histórico, proseguir con los programas de renovación urbana, principalmente en los alrededores de San Camilo. Definir uso social, recreativo para áreas rurales vulnerables. La intangibilidad absoluta, no sirve, propicia la quiebra de las normas. Estos temas y otros más deben ser desde ahora temas de debate, no solo con fines políticos electorales, sino, principalmente para salvaguardar nuestras grandes fortalezas: el centro histórico, la buena arquitectura y urbanismo, y la campiña.

 

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3 thoughts on “Arequipa, campo y ciudad”

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    Javier says:

    Un articulo muy profesional. bueno seria si se haria algo

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    Otorongo says:

    Lamentablemente estas ideas se contraponen a los intereses de agrupaciones políticas que solo ven a a la ciudad como fuente de ingresos personales para las que los proyectos de desarrollo solo son fuentes de ganancias ilícitas, y ante las cuales los Colegio Profesionales solo tiene una actitud de asentimiento como es el caso del IPM del cual no se sabe nada, salvo que el, objetivo solo haya sido ganarse alguito.

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      Pedro says:

      Lamentablemente esa es la mentalidad que domina a nuestra ciudad. Ya vemos a los candidatos voceados a la Alcaldía, casi los mísmos , no hay hasta la fecha alguno que valga la pena. El Sr. Maldonado debería formar un equipo con gente capaz y candidatear a las próximas elecciones tanto para la Regional como para las Alcaldias dado a que sus ideas expuestas es para el bien de Arequipa y su futuro.

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