El Búho

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Censo censurado

A solo unas horas de haberse desarrollado el censo de población y vivienda 2017, organizado y aplicado por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), se ha dicho y escrito mucho para criticarlo; desde periodistas y políticos hasta especialistas en estadística y simples ciudadanos, han manifestado no solo sus impresiones sobre la jornada del  domingo 22, sino también sus críticas, dudas y suspicacias.

El balance, en este sentido, apunta negativo. El titular de un periódico parece resumir la conclusión final: “La ciudadanía cumplió, pero el INEI falló”. Recordemos que semanas previas al censo la información y el debate se concentraron en la pertinencia de algunas preguntas de la cartilla, lo que generó desconcierto, indignación y hasta reacciones creativas que se difundieron a través de las redes sociales. Este antecedente ponía al proceso censal en una atención singular, con mayor expectativa incluso al cumplimiento del deber ciudadano, algo que al final pareciera que hemos aprendido un poco.

Sin embargo, han sido las noticias sobre la violación sexual de una empadronadora, las acusaciones de acoso por parte de un cadete, la aparición de publicidad en las etiquetas de viviendas censadas y la indumentaria de los empadronadores, la ausencia de empadronadores en muchas zonas del país, lo que ha despertado sospechas sobre la eficacia del actuar de los funcionarios del INEI en un acto que compete totalmente a la función del gobierno. Pero los argumentos de quienes critican el hecho más cuestionable, la aparición de publicidad de empresas privadas, no han sido los más adecuados y han terminado por diluir la crítica o las observaciones.

La periodista Mónica Delta y el congresista Víctor Andrés García Belaúnde, por ejemplo, decían ante cámaras que no iban a permitir que sus datos vayan al  archivo de una empresa privada como la Universidad César Vallejo, auspiciadora del censo. Ese es un argumento peregrino, pues a estas alturas los datos de todos los ciudadanos peruanos están en los registros de todas las empresas públicas y privadas. Lo que deberían cuestionar y fiscalizar Congreso y periodismo es la falta de transparencia con que se han hecho esos convenios de cooperación, comenzando por el principio de que el Estado no puede contratar con empresas ligadas a funcionarios públicos. Este es el caso de la Universidad César Vallejo. ¿Dónde estaban los congresistas o los periodistas que no cuestionaron estos convenios y se dan con la sorpresa cuando los censaron?

A pesar de que representantes de la UCV han salido a defender el convenio, señalando que el único beneficio para ellos es académico, se reitera que ese no es el cuestionamiento, pues cualquier institución o ciudadano, sin necesidad de convenio alguno, puede acudir al INEI para obtener información con fines académicos; el cuestionamiento es la cantidad de dinero que está en juego, la publicidad “gratuita” en todas las viviendas censadas y los beneficios de una entidad cuyos dueños son funcionarios públicos.

El censo tendrá sus resultados, para las estadísticas siempre hay margen de error por familias, viviendas o personas no censadas; la información será pública y estará a disposición de todos; se darán explicaciones técnicas y se planificarán nuevas encuestas oficiales; pero habrán quedado heridas abiertas: encuestadoras víctimas de acoso y violación, funcionarios públicos en la cuerda floja de la corrupción, una sociedad que aún no sabe identificarse o no sabe definir su identidad, un Congreso que demuestra estar en otro planeta, un periodismo que se concentra en el espectáculo y no en el análisis de la realidad; en suma, un país aún sumido en la ignorancia.

El censo terminará siendo censurado por un hecho que seguramente los funcionarios del INEI no le dieron en su momento la importancia debida, o no midieron el impacto negativo de sus actos. El censo, como las elecciones generales, las campañas nacionales de vacunación o las respuestas por casos de emergencia, tienen un presupuesto del Estado, es responsabilidad de los funcionarios saber gestionarlos a tiempo y usarlos con la debida prudencia y racionalidad, no necesitamos auspiciadores ni promotores. La empresa privada tiene mecanismos para apoyar al Estado, puede ejecutar obras por impuestos o promover el desarrollo cultural ¿por qué no va por ahí su apoyo si tanto quiere ayudar?

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2 thoughts on “Censo censurado”

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    Antonio says:

    No sé porque empiezo a considerar que la mayoría ha respondido a la pregunta ¿que raza es…? MESTIZO, cuando la mayoría somos hijos de peruanos, nacidos en Perú (valga la redundancia) mientras que el mestizo es el peruano cuyo algún padre es extranjero blanco. Particular mente, no sé que preguntas específicas más hubo, pues creo ser de los pocos ignorados por los censistas, sino muchos; pero lo que da algo de pena, es aun no somos capaces de reconocer de donde venimos, quienes somos, y por lo tanto: parece que aun no sabemos ¡a donde vamos…! Por que no CHOLOS? Por lo menos explica mejor lo que somo :”El cholo, … (como nos conocen en muchos países) es la mezcla entre un mestizo y una mestiza, un mestizo y una indígena, un mestizo y una blanca o un blanco y una indígena.” Creo que hacía mucho más bien el Estado en saber si mi sala es de piso de tierra o de cerámica, que saber que color tiene mi cara; en lo primero, podrá ayudarme mucho, en lo segundo no creo que nada.
    De todas maneras, habrá que esperar los resultados -dícese- para mediados del próximo en un país donde los proyectos del gobierno siempre acaba con retrasos, quizá salgan para después de las siguientes navidades, si es que antes no sale a chorros! cuando con buena suerte, ya haya puesto cerámica en mi sala de piso de tierra.

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    Alfredo Herrera says:

    El tema y concepto de raza ya está siendo superado y ahora se debe hablar de identidades, el problema es que no nos informamos o educamos al ritmo de como avanzan o cambian estos conceptos.

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