Evite ser enganchado

Neurona Dignidad Andrea Quevedo Vibert

Hace unos días caminando por la calle San Juan de Dios, fui testigo de los actos de protesta de un grupo de ciudadanos que trataban de impedir que una grúa, de las que suelen trasladar autos en las zonas rígidas del centro de la ciudad, se llevara un auto Tico que había sido estacionado por su dueño en la tercera cuadra de la mencionada calle.

El dueño del auto conversaba de forma muy educada con la señora policía de tránsito que en el asiento del copiloto de la grúa no daba su brazo a torcer. El conductor reconocía su falta al haber estado estacionado en zona rígida y solicitaba que le colocaran la papeleta respectiva pero que no se llevaran su automóvil al depósito.

El clamor de la turba pedía lo mismo. Que la señora policía le pusiera la papeleta pero al estar el conductor presente y reconociendo su equivocación, que fuera compasiva y no se llevara la unidad. Por otro lado y apelando a la justicia, muchas voces indicaban que en la misma zona donde el Tico había sido enganchado por la grúa había también un auto rojo perteneciente a un efectivo de la dependencia policial que se encuentra en la misma cuadra, cometiendo la misma infracción. “La ley debe ser igual para todos”, se escuchaba.

La señora policía sólo hablaba con el dueño del auto y su acompañante mujer sin hacer caso de las increpaciones de los solidarios. Otro policía de tránsito que había bajado de su moto, trataba a duras penas de hacerle entender a los ciudadanos alrededor cómo funcionaba el procedimiento y por qué era inminente el traslado del vehículo al depósito. Este policía recibió gritos y quejas exaltadas de mujeres y hombres. El grupo delante de la grúa llegó a unos veinte ciudadanos. Los curiosos eran quizá unos cuarenta.

Al rato, ante la imposibilidad de avanzar por parte del conductor de la grúa, unos diez efectivos policiales con escudos antidisturbios la rodearon, apartaron a la gente con palabras poco amables y lograron que la señora policía se lleve el Tico.

Anteriormente, durante un trabajo que realizaba en la Av. Goyeneche, pude personalmente observar que en un lapso de unas cuatros horas, mujeres policías a bordo de grúas muy modernas y equipadas, se llevaban entre cinco a ocho carros por día, en una operación que duraba apenas dos minutos por auto.

Según los entendidos en los artículos del Reglamento Nacional de Tránsito referidos a zonas rígidas, cualquier policía de tránsito en grúa, puede levantar un automóvil estacionado en zona marcada con línea amarilla, sin que medie advertencia alguna. Otros aseguran que el policía tiene la obligación de dar tres pitazos en un lapso de tiempo indeterminado y si el conductor no aparece, proceder a trasladar el auto infractor hacia el depósito respectivo. Así, el conductor tendrá que pagar la multa y el servicio de remolque por parte de la grúa.

Los mismos entendidos señalan también que dentro del procedimiento aplicado por la policía de tránsito, un efectivo no puede desenganchar un auto ante la aparición de su dueño puesto que podría ser sancionado.

Las cosas están claras. Está prohibido estacionar en zonas rígidas. El conductor arequipeño que necesite aparcar sólo puede hacerlo en los 629 espacios de 26 zonas azules y con valor de s/.1.00 por tres horas de permanencia. O buscar una playa de estacionamiento. Hasta ahí, el deber ciudadano de los conductores es respetar la ley.

¿Dónde está el inconveniente? En que el escándalo del monopolio de las grúas y los rumores alrededor del negociazo de levantarse autos por parte de la municipalidad y la misma policía dentro del centro histórico, es de conocimiento de toda la población. De ahí la indignación. Pero todo esto en base también al desconocimiento de la legalidad que nos protege y a la interpretación de los artículos sin la información correcta.

¿Es cierto que un policía de tránsito debe pitar tres veces antes de enganchar un automóvil estacionado sobre zona rígida? Yo puedo asegurar que en los repetidos casos que observé en la Av. Goyeneche esto no sucedió.

Entonces, la autoridad tiene la sartén por el mango y el ciudadano poco puede hacer para que la legalidad lo proteja. ¿Resultado? No faltará quien intente “aceitar” al efectivo o quien escape en su vehículo si tiene la suerte de encontrar al policía justo antes de que lo enganche. Eso, señalan los entendidos ya mencionados, no constituye falta.

¿Qué hacer? Por lo pronto, cumplir con la norma y no dar más oportunidades a los inescrupulosos “funcionarios públicos” a que se sigan enriqueciendo con la aplicando de la ley para su propio beneficio. Es la única forma de evitar el abuso (cuando lo hay).

Seguimos solos. Lamentable, pero cierto.

 

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