El Búho

Política y Cultura desde Arequipa Perú.

El discurso de la muerte en Storni, Pizarnik, Bruna y otras alucinaciones

 

Yo quiero dormir sobre los campos.

Alfonsina Storni

 

Me rememoro al sol de la infancia. Infusa de muerte, de vida hermosa.                                                                                                         Alejandra Pizarnik

 

Pero yo estoy demasiado sola, quiero morir,

Quiero ser despedida

Quiero dejar de estar disponible

Quiero dejar de respirar, y respirar.

Carmen Bruna

 

“Dice Octavio paz, en alguna parte: toda gran poesía debe enfrentarse con la muerte, y ser una respuesta a la muerte.”

Roberto Juarroz

 

El hombre es el resultado de un principio o fin, de la vida y la muerte. Del albor y la noche estrellada: en el transcurso de la vida se suscitarán una serie de constelaciones, de tragedias y virtudes, de condenas sin buscarlas y alegrías que llegan con la luz. Me instalo en el tratamiento de la muerte que muestran a tres escritoras argentinas.

Alfonsina Storni (1892-1938), nacida en el mar o en Suiza, está bien, pero ella se sintió siempre argentina, la llevaron a vivir a las montañas a un pequeño poblado de San Juan. La situación se puso mal para los Storni, y a los 12 años Alfonsina tuvo que ponerse a trabajar. Estudió en la Escuela Normal de Coronda donde egresó como la mejor estudiante con el título de maestra rural. Tenía necesidad de trabajar, viaja a Buenos Aires, consigue trabajo, pero allí como poeta tiene que enfrentarse a una generación inmensa de poetas varones donde la mujer es ninguneada como escritora. Estoy ubicándome en 1916, y Alfonsina consigue despertar interés en poetas, artistas plásticos, músicos y demás intelectuales hasta que en 1918 publica El dulce sueño, luego Irremediablemente, y  Languidez. Es la iniciadora de la poesía moderna en Argentina. Amiga personal de Juana de Ibarbourou, Delmira Agustini y Gabriela Mistral. Hace periodismo, escribe breves cuentos, da  conferencias. Al parecer planifica su muerte poética. Tiene varios poemas que tienen que ver con la muerte como “La muerte de la loba”, “Morir sobre los campos”, “Si la muerte quisiera”, “Letanías de la tierra muerta”, “El muerto huyente” y otros. Su hijo Alejandro Alfonso Storni dice “Cuando la mañana del 25 de octubre de 1938, un mar casi en calma, tras la noche de horror, devuelve su joven cuerpo de 46 años, su rostro tiene una expresión serena”, Alfonso, único hijo de la poeta, colaboró con el escritor español radicado en México Fredo Arias de la Canal, para la edición de la antología El  protoidioma en la poesía de Alfonsina StornI (FAH México, 1971), que en este caso es uno de mis referentes.

Recordemos un fragmento del poema “Si la muerte Quisiera” evidentemente su concepto de la muerte no es el concepto de muerte de Alejandra Pizarnik. Nos habla de la muerte en una límpida comunión con la naturaleza y no de manera trágica:

Oh, viajero, viajero, conversa con la muerte / y dile que no impida mi camino, de suerte / que me allegue a la roca / que conozca la ruta / que retorne a mis labios el sabor a fruta.

En otro poema Morir sobre los campos  nuestra poeta rememora nuevamente a la naturaleza, ella vivió su niñez en las montañas y estas experiencias jamás podrá salir del ejercicio creador:

Yo quiero que me dejen morir sobre los campos / tendido el cuerpo enfermo /  me traiga el sol sus lampos

La muerte y sol  serán constantes en su poesía, posiblemente esta influencia recibió su compatriota Alejandra Pizarnik (1936 -1972) las preocupaciones son las mismas, pero distintas maneras de tratar un mismo tema. El sol para Pizanirk es huir, ocultarse, buscar la noche, la luna, las estrellas, a escapadillas; para Storni el sol es ir al encuentro de la claridad, es ver su maravilloso brillo, es sentir el perfume de las flores y aspirar la fragancia de las frutas.

Alejandra Pizarnik nació en la ciudad en la que pasó la mayor parte de su vida Storni. Buenos Aires, provenía de una familia también de inmigrantes del este de Europa. Siempre he pensado que cada ser humano es una historia inmensa y particular que empieza con esa infancia desbordante y eterna, todos vivimos con una  niña / niño adentro.  Y en la literatura ese niño nos sacude con ángeles y demonios. Se dice que Alejandra desde niña hizo conocer su imaginación fuera de lo común y que la hacía vivir fuera de lo común.  Una niña que desbordaba fantasía, alucinación, sueños imposibles, seguramente por ello a medida que pasaban los años se convirtió en una muchacha silenciosa, introvertida, sin embargo, poseía riqueza interior mucho más que los simples mortales. Dicen que su “infancia estuvo atravesada  por hechos oscuros, cuya naturaleza es difícil de esclarecer” hasta tal punto que en una ocasión  ella calificó a esta etapa de su vida de “ilícita” A los 18 años ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras  de la Universidad de Buenos Aires para estudiar Filosofía. Se retiró. Luego empezó a estudiar Letras, también se retiró.  Finalmente se puso a estudiar  pintura con el pintor surrealista uruguayo Juan Bettle Planas, participó en una exposición colectiva como pintora, hay cuadros suyos, pero la principal fascinación de su vida fue la poesía. Lectora de Rimbaud. Alucinada por este poeta que perteneció a la generación de los malditos de Francia. Pizarnik lee a los surrealistas, a los simbolistas.  Se deslumbra con la palabra, vive mundos más allá de los sueños, viaja a París. En sus lecturas se acerca a poetas que muchas veces tienen que ver con la demencia y la locura. Una poeta que rompe con la tradición, una poeta distinta. Alejandra Pizarnik sufre, piensa constantemente en la muerte, en actitud semejante pero no igual a Storni que cavila una muerte poética.  Pizarnik piensa en una muerte alucinante, enigmática, espeluznante; terminó con su vida un 25 de setiembre de 1972, acababa de salir de una clínica psiquiátrica; dicen que  murió por tomar una dosis fuerte de  barbitúricos.  Así una vez más una poeta expresa en su poesía sus traumas, habla de la muerte como cotidianamente, y  muere como solamente ella quiso morir a los 36 años de edad; Storni murió a los 46 años. A Storni la podemos ubicar en las primeras décadas del siglo XX, en cambio se dice que es difícil encasillar la obra de Pizarnik en una generación o dentro de una escuela o tendencia literaria. Que sí, o que no, Pizarnik es una real precursora de la poesía actual, un canon demoniaco, un ser desde un subterráneo, una poeta iluminada por astros oscuros y bellos. Los críticos en Argentina la sitúan  en la generación del 60 cuando la poeta tendría un poco más de veinte años. Pero veamos ¿qué pasa en Argentina los años 60?  Se dice que había un renacimiento, una nueva vida, un  nuevo respiro, una nueva libertad. Pues la revolución cubana y Fidel Castro habían sacudido a los jóvenes.  Estos jóvenes abrazan con pasión esta experiencia, muchos se definen socialistas,  esa era la época vivida por Pizarnik. Aparecen muchas revistas literarias en Buenos Aires y en casi todas escribe la joven poeta. Durante esos años surge su amistad con poetas contemporáneas anteriores como Enrique Molina, Olga Orozco,  Silvina Ocampo. Pizarnik reconoce y estudia a Octavio Paz, Cortázar, Borges, Rulfo, pero no constituyen su punto principal. Ella escribe más sobre una línea poética surrealista de moda esos años.  Precisamente Olga Orozco (1920-1999), poseedora de muchos premios nacionales e internacionales,  será una poeta de marcada tendencia surrealista  que influyó a Pizarnik.  La crítica literaria  Graciela de Sola en su trabajo Proyecciones del surrealismo en la literatura argentina la ubica como post surrealista. Y en Argentina esos años los poetas se definieron en dos grupos. Aquellos que abrazaron la causa socialista y los poetas que nada tenían que ver  con el cambio social; los surrealistas o los poetas que buscaban nuevos moldes estéticos. Además Alejandra Pizarnik escribió ensayos sobre Bretón, Antonin Artaud. Ello respondería también a su opción poética. Pizarnik es una precursora de las nuevas generaciones.

Después de su muerte en 1972, Alejandra Pizarnik es una lectura natural y obligatoria en nuevos poetas, la tienen como a  su bandera negra como una nueva manera de escribir poesía desde los acantilados de tristeza, desde las soledades con sabor a muerte, se dice que la figura de la Pizarnik está entre celebridades como Frida Kahlo Y con poetas suicidas como Syilvia Plath y Ann Sexton. Pizarnik trascendió con su lirismo en el tratamiento de la soledad, de la muerte, del fracaso, Sylvia Plath (1933-19639) exactamente a los 30 años de edad dejando a sus dos pequeños hijos metió la cabeza en el horno y puso punto final a su historia; Sylvia Plath fue una poeta angloamericana, apasionada, contradictoria y brillante, dijo que “morir era su arte”.

Alejandra Pizarnik publicó: La tierra más ajena (1955), cuando tenía apenas 19  años; luego, La última inocencia (1956); las aventuras perdidas (1958), Árbol de Diana (1962), Los trabajos y las noches (1965), Extracción de la piedra de la locura (1968) Nombres y figuras (1969), El infierno musical (1971), su último libro cuando estaba en vida; y luego vendrán innumerables antologías como El deseo de la palabra (antología personal (1975). La poesía de Pizarnik es de autodestrucción, construye sus demonios, sufre en la soledad pero también la disfruta, se va contra las gestas. Una de las grandes poetas de Latinoamérica Olga Orozco en compañía de Ana Bécciu, editaron Textos de sombra y últimos poemas de Pizarnik. El escritor mexicano Fredo Arias de la Canal me hizo llegar también  Antología de la poesía Cósmica y Tanática de Alejandra Pizarnik (México, 2003).

Pizarnik amaba la música, era uno de sus escapes. Sin embargo, cuando escribe el libro El infierno musical se siente defraudada y se aleja con la palabra en silencio:

No puedo hablar para nada decir. / Por eso nos perdemos, yo y el poema. / En la tentativa inútil de transcribir / relaciones ardientes.

Está absorta en un mutismo inapelable, está oculta acompañada solamente del poema, la música ya no es su patria:

Yo quería que mis dedos de muñeca / penetraran en las teclas, / Yo no quería rozar, como una araña, / el teclado. / Yo quería hundirme, clavarme, fijarme, / petrificarme. / Yo quería entrar en el teclado / para entrar adentro de la música, / para tener una patria. / Pero la música se movía, se apresuraba.

Amaba tanto la música pero ya no puede penetrarla como en otro tiempo en sus máximas interioridades. Cuando cree que todo está perdido, que la vida  no tiene sentido, despide a su gran amiga la música:

Entonces abandoné la música y sus traiciones / Porque la música estaba más arriba o abajo, / pero no en el centro, en el lugar de la fusión y del encuentro. / -Tú que fuiste mi única patria. / ¿En dónde buscarte? Tal vez en este poema / que estoy escribiendo.

Cada artista es una historia en particular. Esta historia muchas veces nos acosa, es una especie de subterráneo interior. Hay que tener mucho cuidado con esta historia. Esta historia es la historia de muchos, entonces estaríamos hablando también de un inconsciente colectivo en la voz de Pizarnik. Esta historia ha sido su noche intensa, su jaula, su fiera, su cuchillo. En su encierro Pizarnik no hace sino escuchar música y volverse a sentir niña:

Me alimento de música y de agua negra. / Soy tu niña calcinada por un sueño  implacable.

En el poema  Exilio del libro Las Aventuras perdidas habla de su tragedia pero nos habla también de las palomas alucinógenas.

 ¿Quién no goza entre amapolas? / ¿Y quién no posee un fuego, una muerte, / un miedo, algo horrible, / aunque fuere con plumas / aunque fuere con sonrisas?

En el poema El despertar del mismo libro se dirige al Señor, que parece personalizar al Señor de arriba. Pues su encierro es un pájaro que vuela dentro de él la poeta está agitada, siente el delirio de la muerte:

Señor, / la jaula se ha vuelto pájaro / y se ha volado / y mi corazón está loco /  porque aúlla a la muerte / y sonríe detrás del viento / a mis delirios.

Y continúa hablándonos de una niñez donde ella se adelantó a la vida natural de los hombres, porque ella amaneció antes, allí debe encajar los traumas que arrastra su poetizar:

Recuerdo mi niñez / cuando yo era una anciana / las flores morían en mis manos / porque la danza salvaje de la alegría / les destruía el corazón.

También los niños suelen vivir  una vida de adultos, pero tienen temores:

Señor, / la jaula se ha vuelto pájaro, / ¿qué haré con el miedo?

En el texto Sombra y últimos poema hace alusiones al sol de la infancia pero con una sombra de muerte y al mismo tiempo de gozo, la noche para la poeta es un tema magistral / en su poética encontraremos siempre  remembranzas de una infancia triste:

Me rememoro al sol de la infancia, / infusa de muerte, de vida hermosa. Conversa con un ser que está lejos. El ausente no sabemos qué ausente, este tema es otro de sus abismos:

Sin ti / el sol cae como un muerto abandonado.

En el poema Artes Visuales la poeta la poeta nos presenta a la muerte como en los cuadros de Ensor, una muerte enmascarada con muchos rostros:

Tú que cantas todas mis muertes. / Tú que cantas lo que no confías/ al sueño del tiempo, /  descríbeme la casa del vacío, / háblame de esas palabras vestidas de féretros / que habitan mi inocencia.

Parece que Alejandra Pizarnik nos hablara  desde una soledad desdeñosa como James Ensor, desde una prisión o encierro personal, por ello nos habla de una jaula que se convierte en un pájaro, porque sus libros toman vuelo y se posan en nuestro silencio a veces teñido de muerte. La sombra de la muerte alucina en toda la poesía de Pizarnik.

Alejandra trabaja magistralmente la imagen poética que a veces se la siente visual, la imagen siempre tendrá otro significado como en uno de estos últimos poemas que escribió donde el centro del poema es la misma poeta:

El centro / de un poema / es otro poema / el centro del centro / es la ausencia / en el centro de la ausencia / mi sombra es el centro / del centro del poema.

Gratamente leí el estupendo libro Antología de la poesía cósmica, tanática y alucinógena de Carmen Bruna (1928 –  2014) por Fredo Arias de la Canal -México 2004- El primer poema me impacta, veo la huella de Pizarnik, constato que luego de su muerte Pizarnik dejó una inmensa influencia en poetas argentinos y de América latina no solamente de su generación, sino anteriores a ella. Carmen Bruna es una escritora nacida en Quilmas,  provincia de Buenos Aires en 1928, sin lugar a duda es una de las más grandes poetas contemporáneas de América Latina junto a las ya nombradas y además Olga Orozco. Surge con voz propia y con una poesía alucinante y a veces autodestructiva en la línea de los poetas “malditos”. Sin embargo, estando viva tenía terror a la muerte y al mismo tiempo la desea. A los 51 años publicó su primer libro Bodas (1980), con el que recibió el Premio de Poesía Argentina Larraine en 1979, estando en el jurado importantes escritores de su país como Juan Cané y Ernesto Lissarrague. La aparición de este libro no significa que salió tardíamente en la poesía. En una entrevista especial que le hace el colombiano Raúl Henao con el título de Carmen Bruna, la hermana de Caín, nuestra poeta contestará:

Mi encuentro con la poesía será muy anterior a la fecha de publicación de mi primer libro…me fui con mi enamorado a recorrer distintas provincias como médico rural. Fue una experiencia larga, traumática, apasionada. Terminé con tres hijos (dos mujeres y un varón) que quiero  mucho. Conocí el incendio de todos los sentidos, me hundí en profundos pozos… y angustia. Es por esto que prácticamente separada publiqué en 1979, en plena época de dictadura militar, mi primer libro Bodas.

Carmen Bruna es una especie de subversiva de la palaba. Antes de editar este primer libro Carmen ya había publicado en diarios y revistas, buscó un lenguaje poético, lo logró, y reconoce en Pizarnik el haber roto los esquemas tradicionales, dijo:

La que rompió los esquemas tradicionales es Alejandra Pizarnik, a la que conocí muy jovencita.

Recordemos que Alejandra nació en 1936 el año de la guerra civil española, y Carmen en 1928. Yo diría que ambas son casi del mismo tiempo con la diferencia que Alejandra publicó tempranamente. Carmen no es partidaria del trabajo literario perteneciendo a grupos, bravo, nos dice:

Y los grupitos (o grupúsculos) reunidos unos con otros en cenáculos cerrados, nada hacen para cambiar esta situación.

Tiene razón, la creación es un supremo acto solitario. Al parecer Carmen perteneció a un solo grupo Signo ascendente. Estaríamos hablando de una especie de pos surrealismo. Es autora de otros libros como Morgana o el espejismo (Signo Ascendente, 1983); La diosa de las trece serpientes (Filosaisia. La Brujutrampa, 1986); Lilith (Signo Ascendente, 1987); La luna negra de Lilith (Libros del empedrado, 1992; Meíusina o la búsqueda del amor extraviado (Libros del empedrado, 1993). La encontramos en las más importantes antologías de Argentina y Latino América. Carmen acota:

Detesto el autoritarismo. Escribo poemas no panfletos. Todo esto no me separa de la realidad cotidiana. Soy una más entre los vecinos de mi barrio. La única diferencia es que poseo la magia de la palabra.

También en la poesía de Bruna encuentro ese hilo de protesta por las atrocidades que se cometieron en su país y que todo poeta debería reflejar en su trabajo. Los poetas como cualquier otro ser  humano no podemos vivir de espaldas a nuestra realidad;

Allí donde todas las puertas están cerradas / nacen la crueldad y el asesinato / allí donde la leche de los pechos/ de las madres torturadas brota ponzoñosa / perdiendo como un puente quebrado / del gorjeo alucinante de los pájaros / y del hilo de saliva de los ángeles gatos

En el poema Estás muerta y te sobrevives, vuelve el tema del asesinato de la mujer, lanza su protesta más allá de su opción surrealista:

Estás muerta y te sobrevives en la hoja / te han ametrallado y has caído herida / en los bosques: / tu hemorragia cubrió de estrellas fugaces / las hierbas del sendero.

Bruna nos muestra una conceptualización del terror de la muerte y la soledad, y al mismo tiempo las añora poéticamente:

Las perlas, Vías Lácteas opacas de tristeza, / las perlas verdes como uvas espinas / reflejadas en el espejo, / todo debe morir conmigo / porque yo estoy demasiado sola / porque yo estoy demasiado triste.

Pide que la dejen sola con sus drogas de soledad y tiempo:

Dejen que duerma tranquila con mis drogas, / dejen que caiga mi ser. / No, no tolero los dramas cotidianos. / Yo domino las puertas de la percepción.

Continúa y se dirige al estudioso Lacan, seguidor de la teoría de Freud, hablándonos de una autodestrucción conscientemente porque estamos hablando de una médica además y poeta solitaria en el bullicio:

No traigo esperanzas para nadie. / Y es cierto Lacan: / “la vida no quiere curarse”/ yo no quiero curarme / ¿qué es la salud al fin y al cabo? / Mi mejor amiga / es gozar con mis propios sentimientos.

Un poema de fuerza en su poética es el dedicado a Alejandra Pizarnik, que sin lugar a duda nos manifiesta su adhesión  la poeta que conoció tempranamente en Buenos Aires:

En el fondo de un pozo / como una ausencia de licores / o una fuente suspendida, / manando del centro de pupila de los muertos, / te fuiste sin que yo pudiera / ¡oh *ángel harapiento* / besarte de nuevo! / Llegaste a las moradas / donde se bebe un manantial de graves mariposas,  / te atreviste a franquear el abismo / a derribar las normas, / a desafiar la muerte con tu única vida peligrosa / de pájaros desnudos y quemados.

Carmen Bruna en su libro Morgana o el espejismo, escribe sobre Los Paraísos de Judas, aclama que nadie la ayudará en su búsqueda:

Nadie me ayudará a morir / nadie estará conmigo para ayudarme / a enfrentar el horror de la nada

En el libro  Melusina o la búsqueda del amor extraviado, en el poema La Fieras se identifica con la señora soledad en espera del fin, igual que la Pizarmik:

Para la poeta las fieras que naturalmente simbolizan la destrucción son puras:

Las fieras arrasan nuestros corazones. / Las fieras son fieras e inocentes.  / Las fieras  carecen de conciencia. / No conocen el bien. / No conocen el mal. / Ellas son puras, / Ellas. / Las fieras.

En el libro la Luna negra de Lilith en el poema  Interludio a Posesión escribe:

Desnuda estoy /  mi piel se secará piadosa en el desierto. / Mi piel de rosa seca, / Mi piel de mujer antigua. / Ya estoy muerta. / No indagues / No indagues  la vergüenza atroz de mis suplicios.

En el poema  La madre Kali nos habla de una voz feroz sacerdotisa que despierta terror y que preside la vida:

El corazón está solo en el silencio de la noche. / Las mariposas han muerto como suspiros / en el diluvio amarillo / orgiástico / de la incandescente primavera.

En su libro La diosa de las trece serpientes evoca las palabras de Clarise Lispector (1928  –  2014):

No voy a morir, ¿escuchaste Dios? No tengo coraje, ¿oíste?, porque es una infamia nacer para morir, no se sabe cuándo ni dónde.

Ciertamente a diferencia de Alfonsina y Alejandra, nuestra poeta Carmen Bruna, tiene pavor a la muerte, aunque coquetea con la misma, le saca los dientes, le guiña los ojos, pero siguió aferrada a la vida para alegría nuestra, sus lectores

Así sorpresivamente estamos ante su testimonio dramático que nos deja pasmados:

Soy la suicida / que se dejará matar por el escorpión. / Mi aliento huele a muerte / Mi nombre despierta todos los terrores. / Mi collar  es un collar de calaveras dementes. / Mi camino es el camino de todos los iniciados. / Soy la ferocidad /  la dulzura / y la luz. / Soy la insumisión.

Conclusión:

Las dos primeras poetas buscaron su muerte poéticamente, como ellas quisieron que fuera, la última vivió en buenos aires hasta su final tuvo varios libro editados en sus dos últimas décadas, y como hemos visto sus textos se acercan irremediablemente a la muerte, a la soledad, la tragedia personal, el abismo.

Las tres poetas argentinas rompieron con la poesía tradicional. Storni es una de las primeras poetas que inició el tratamiento de la poesía erótica y otros temas antes nunca tocados de tal manera por escritoras hispanoamericanas, las dos últimas se instalan en la autodestrucción, su poesía es habitada por la soledad la muerte. Posiblemente la infancia ha jugado un papel importante en este trayecto, en este a viajar mundos imposibles para mostrarnos otros espacios, aquel  mundo marginal, negro,  un submundo debajo de un puente de creación permanente. La temática de las tres está relacionado a la soledad y a la muerte. Salud por ellas que viven en nuestra memoria como mujeres que buscaron una nueva manera de ver la vida y decir la palabra poética con irreverencia. Toda está poética está invadida por la muerte.

 

  • En el 2017 el Estado Peruano la declaró Personaje Meritorio de la Cultura Peruana otorgándole la Medalla de Oro y Diploma mediante el Ministerio de Cultura – Salvador del Solar

 

 

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