El fútbol nos une

la Silla Prestada Alfredo Herrera

No se trata esta vez de la selección peruana de fútbol, clasificada agónicamente a la ronda final que se celebrará en Rusia en pocos meses, ni de la sanción a Guerrero, que le pone la cuota de dramatismo a nuestras expectativas y esperanzas en la cita mundialista, menos del título nacional logrado por Alianza Lima después de tantos años; sino del campeonato de la Copa Perú, que acaba de alcanzar el equipo Deportivo Binacional, de Paucarpata, Arequipa.

Si bien la atención de los aficionados ha sido, como cada año, importante, no hubo celebraciones en Arequipa por este logro deportivo, como sí hubiese sucedido si el triunfo hubiera sido de equipos más tradicionales como Sportivo Huracán, Piérola, White Star o el Atlético Universidad. ¿Por qué? Porque el Binacional, denominado de nacimiento como Escuela Municipal Deportivo Municipal, no es, precisamente, un equipo arequipeño, sino puneño.

En tiempos en los que aún manifestamos actitudes racistas, excluyentes, discriminatorias y prejuiciosas, nos toca esta paradoja deportivo cultural: a los arequipeños, que tratan de frenar una supuesta invasión cultural proveniente de Puno, será representada en el ámbito deportivo, y más precisamente en el fútbol profesional que tantas pasiones despierta, por un equipo de identidad e historia, aunque breve, puneña.

Recordemos que el Deportivo Binacional se fundó hace solo siete años en la ciudad fronteriza de Desaguadero, con el impulso de Juan Carlos Aquino, quien por entonces era alcalde de esa ciudad. Su pasión por el deporte y el interés que le puso al equipo casi le cuesta el cargo. El Binacional entró a competir en el cincuentenario campeonato de la Copa Perú, que se inicia en las ligas distritales de todo el país y después de cientos de partidos y otro tanto de equipos vencidos, se llega a la gloria a través de un cuadrangular final que se juega en la ciudad más provinciana del Perú: Lima.

Pero del Deportivo Binacional, a pesar de su exitosa carrera en el torneo puneño, no podía armar un equipo más competitivo, se contrató jugadores foráneos y decidió trasladar su sede a Arequipa, donde la población puneña, lo sabemos, ya es mayoritaria. Paucarpata fue el distrito que lo alojaría, esta zona que los años sesenta y setenta rebasó los linderos de la tradicional campiña para crecer pujante y trabajadora gracias a la migración proveniente del sur.

Han pasado los años, y el tema social ha dado sus brincos, en medio de discursos que van desde la integración hasta la segregación. Si en Arequipa crecía la queja y el descontento porque los migrantes se fueron apoderando de la ciudad, ahora será este equipo venido de las orillas del lago sagrado el que representará a la ciudad que no solo los acoge sino también los culpa de los males sociales, de las calles sucias, sus gigantescos mercados y sus desaforadas fiestas patronales. El fútbol nos une, pues.

Probablemente nuestros estadios no se llenen cuando juegue el Binacional, pero si le va bien en el torneo veremos cómo nos ponemos su camiseta y cantaremos sus goles, pero las celebraciones se harán un poco más al sur, donde ya reciben más homenajes que en esta su casa. Mientras el color de la piel y nuestro pasado nos juga en contra, el fútbol nos une, paradojas de un país que no se cansa de buscar su identidad.

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