El Búho

Política y Cultura desde Arequipa Perú.

Gabinete nuevo no es sinónimo de reconciliación

Como casi siempre, la prensa ha focalizado la idea de la reconciliación nacional (idea lanzada por el presidente Kuczynski para intentar justificar el desafortunado indulto al expresidente Fujimori) en la conformación del nuevo gabinete ministerial, como si este hecho fuese suficiente para lograr hacer realidad la propuesta. La primera contradicción se manifestó precisamente porque el indulto generó la división del Poder Ejecutivo, lo que demuestra que no hubo consenso de reconciliación en el grupo de gobierno.

La reconciliación nacional no pasa por discursos o cambios de rostros, pasa por invertir más, mucho más, en educación y salud, por informar más y mejor sobre nuestros procesos históricos, de mejorar la seguridad ciudadana, de elegir mejor a nuestros representantes, de fiscalizar a nuestros gobernantes, de perder el miedo a la opinión, de fomentar las artes en las universidades, de publicar libros y que los lean maestros y escolares, de mantener viva la memoria colectiva, de no cometer los mismos errores, de salir de la pobreza, de generar fuentes de trabajo y salario dignos, de proteger la producción nacional, de evitar los monopolios empresariales de capitales extranjeros, de renovar permanentemente el Poder Judicial, de promover deportes y deportistas jóvenes, de reconocer nuestros errores, de aplicar sanciones oportunamente  y un largo etcétera que cada ciudadano sabe identificar bien.

Recordemos que el grupo de ministros debió recomponerse precisamente luego de la crisis generada por el presidente, la que con otros matices generó también divisiones en otros grupos políticos y ahondó la división en la opinión pública no solo respecto a si se estaba o no a favor del indulto, sino justamente a si este acto ayudaría a lograr la ansiada y platónica idea de la reconciliación nacional.

La filosofía, la teoría política y la historia, y en general las ciencias sociales, explican con análisis y muchos ejemplos que la reconciliación de un grupo social no es un proceso sencillo ni se alcanza a corto o mediano plazo, y que requiere de actos que deben ser mucho más complejos que meros símbolos. En el caso peruano, muy poco se ha hecho para por lo menos decir que la reconciliación está en proceso.

Hemos perdido la primera oportunidad: la entrega oficial del Informe Final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (presentado el 28 de agosto del 2003). En aquella oportunidad, el país, de por sí dividido incluso por la conformación de la Comisión o por cuánto recibían por su trabajo, manifestaba sin embargo su esperanza de que el país empezaría a andar por nuevos caminos, pero las mezquinas opiniones de la prensa obtusa e interesada y las actitudes usureras y miserables de la clase política generaron nuevas zancadillas en lugar de promover abrazos.

Esta vez la reconciliación se ha manifestado, casi simbolizado, en un solo personaje (el nefasto Fujimori) y una medida que nadie ha destacado (destinar una partida millonaria para reparaciones civiles a favor de las víctimas del terrorismo). Contrariamente a lo que se nos quiere hacer creer, la reconciliación comenzaba con ratificar la sanción al dictador. Para peor, nadie ha hablado una sola palabra de un plan de reconciliación, con objetivos, metas y acciones concretas, que es la manera coherente de proponer un proyecto, lo que supone (ojalá no sea así), un prematuro fracaso.

Esa parece ser la historia de nuestro país, una historia de interrupciones y procesos fallidos, una historia de desencuentros y desilusiones. Nada se ha hecho en concreto para reparar heridas y generar tranquilidad en una sociedad que ha sido golpeada en todos sus extremos, que ni siquiera ha podido enterrar a sus víctimas. Este gabinete de “reconciliación” que juramenta en vísperas de sendas marchas convocadas por las dos posiciones polarizadas en que se debate el país, parece no ser garantía de nada; mayor razón para que los ciudadanos hagamos nuestra parte: mantener la memoria, fiscalizar a nuestros gobernantes y elegir mejor.

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