Mal guión, peor película

Neurona Dignidad Andrea Quevedo Vibert

Muchos se alegraron (y me incluyo) en un primer momento, ante la decisión tomada por Indecopi que indica que los multicines Cineplanet y Cinemark ya no podrán prohibir el ingreso de comidas y bebidas por parte de los espectadores que asistan a sus salas a ver una película comprando sus tickets.

Se ha hecho hincapié en que los alimentos que se permitirán deberán ser equivalentes a los que se expenden en las dulcerías o confiterías de las salas. La medida de Indecopi se fundamenta en una denuncia de la Asociación Peruana de Consumidores y Usuarios (ASPEC) para que el consumidor esté en la libertad de consumir sus propios alimentos. Uno de los justificantes mencionados por Crisólogo Cáceres, presidente de ASPEC, es que por ejemplo el cine no expende comida “sana” y el cliente no tiene la posibilidad de adquirirla en el cine ni tampoco llevarla. En esta premisa ya hay una inconsecuencia justamente porque el cine no tiene este tipo de alimentos y por lo tanto no aplicaría la figura de la equivalencia. Otro de los justificantes son los elevados precios de los productos y combos ofrecidos por las empresas, cuyo rubro principal es el de la proyección de películas; sin embargo en la práctica, son los servicios complementarios los que arrojan grandes ingresos también.

Tuve la oportunidad de conversar con el exgerente de un cine de una de las cadenas  de multicines en cuestión. Me alcanzó datos y proyecciones muy interesantes. En el año 2004 por ejemplo, cuando algunas cadenas recién se instalaban, el margen de dulcería equivalía al 60% de los ingresos totales del cine. Para muestra un botón: un saco de 50 kilos de pop corn americano costaba al por mayor, 35 soles. ¿Cuántos combos podían salir sólo de 50 kilos? Muchos, que reportaban ganancias entre 500 a 1000 por ciento.

Catorce años después y con la variedad de blockbusters que se programan en los multicines, las ganancias en venta de entradas se han ido estandarizando. Hoy la venta de comida representa más o menos el 40% de los ingresos de las salas de cine, que no es poco. Por lo tanto, la medida impuesta por Indecopi les afectará grandemente y no sólo por lo que parece obvio en vista del bajón de ventas de combos y demás; sino también por lo que significará permitir que los espectadores lleven sus propios alimentos.

Vamos por partes.

Uno: el peruano promedio es generalmente un ciudadano que no acata las normas de convivencia ciudadana, o que al mejor estilo criollo las “voltea” para su beneficio. Actualmente hay todavía una gran cantidad de espectadores que no respetan la solicitud (porque no es una norma legal) de apagar el celular durante la función. ¿Qué pasará ahora que les dieron carta blanca para llevar sus propios alimentos? Es un hecho que si se les ha dado la mano muchos se irán hasta el cuello y no faltarán quienes ingresen sin vergüenza alguna, alimentos más elaborados que los snacks que expenden las confiterías. Sin mencionar además el tema de las dimensiones de los alimentos. Una cosa es entrar con una botella de gaseosa de medio litro para una persona y otra, que el familión lleve la de tres litros y se la esté pasando durante la proyección. Si el cine expende hot dogs, en el equivalente podrían entrar todo tipo de sándwiches con insumos de olores mucho más fuertes y de costumbres de ingesta no adecuadas para la infraestructura de una sala (¡Pásame el ají!).

Dos: Cineplanet ya tenía diseñado el servicio Prime en el que se ofrecían comidas y bebidas en convenios con algunos restaurantes. Si la resolución menciona que se pueden llevar “alimentos equivalentes”, los espectadores podrían ingresar libremente con una pizza, una lasagna, una botella de vino o similares.

Tres: Las cadenas, al verse obligadas a cumplir con la resolución, tendrán que hacer cambios en sus protocolos de seguridad y limpieza. Además, es muy probable que tengan que rediseñar sus sistemas de ventilación debido a una presencia mayor de aromas que a muchos espectadores les podrían resultar molestosos. Y aquí se produciría la nueva rutina de quejas. El aire acondicionado enfría la comida. Si en la sala hay una mayor cantidad de comida la ausencia de aire acondicionado viciará el aire y generará incomodidad.  Al pedir que se encienda el aire, la comida se enfriará y así sucesivamente hasta que unos reclamen por falta de aire, porque la comida se enfría, por todo.

Cuarto: las salas de cine son espacios privados, pertenecientes a actividades empresariales donde el dueño de la empresa decide cuáles son las reglas del juego dentro de SU LOCAL porque el sistema de libre mercado, entre decenas de otras consideraciones, así se lo permite. Entonces cabe preguntarse, ¿Puede Indecopi intervenir y cambiar estas reglas de juego de esta forma y bajo estas condiciones? Ya se especula que podrían hacer lo mismo con conciertos o discotecas. ¿Y los restaurantes de ciertos precios e infraestructura que ofrecen servicios complementarios, no serían también objeto de aplicación de esta medida? (Entro con mi taper mientras disfruto de la orquesta).

Es cierto que Indecopi debe velar por condiciones justas para los consumidores pero esta medida parece no ser la más adecuada y probablemente quienes hicieron la denuncia no proyectaron todo lo que está a punto de pasar con los multicines. ¿Por qué no probaron a presionar para que las cadenas ajusten sus precios o incluyan ofertas de comida más sana?

Se ha solucionado una práctica abusiva de precios, una omisión de oferta y un derecho inherente al rubro complementario del cine,  con la posible aplicación del abuso por parte de los consumidores si es que éstos no respetan la resolución.

Así, lamentablemente todos los que apreciamos verdaderamente el cine, podríamos salir perdiendo pues el circo culinario alrededor podría ser cien veces más complicado de manejar que el ya justo y necesario “por favor, apaga tu celular”. Esperemos que se resuelva para bien y en beneficio de empresarios y consumidores. La función debe continuar.

 

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