Centralismo e ¿ignorancia?

la Silla Prestada Alfredo Herrera

El congresista Pedro Olaechea se fue de boca al decir que el sueldo mínimo en el interior del país es mucho, y cuando alguien se va de boca, es que realmente piensa así, o piensa así su entorno, pero no es prudente decirlo. No es novedad que en Lima, capital mundial del centralismo, se crea que más allá del recuerdo de sus murallas, hoy avenidas interminables, “todo es distinto”, que la vida es sencilla, tranquila y bucólica, que no hay necesidades, que la gente vive de lo que tiene y no requiere de “otras cosas” para resolver su existencia.

Lo dijo durante los debates en el Congreso para determinar si se sube o no el sueldo mínimo vital, pero en lugar de debatir un tema y esgrimir argumentos técnicos y objetivos, el congresista se refirió a una “idea” de lo que se “supone” al interior del país. Llámese “interior del país” a todo lugar fuera de las fronteras de la ciudad de Lima, lo que en contraposición sería “el exterior del país”, o la “piel del país”, “el rostro del país”.

Pero más allá de lo que dijo o no el señor Olaechea, que ilustra la calidad de congresista que integran el Poder Legislativo, lo que se vuelve a manifestar es esa actitud de quienes estando en Lima se han enceguecido respecto a lo que hay en el resto del país. La miopía con que ven los asuntos nacionales es uno de los males de nuestro sistema de administración pública, y en consecuencia una de las razones por las que muchos sectores de la población se ven relegados, marginados y hasta segregados en lo que a sus derechos se refiere.

La actitud de Olaechea ilustra también la manera como las instituciones públicas asumen las políticas de desarrollo: siempre dictadas desde Lima y casi nunca consultada a sus directos beneficiarios o afectados. ¿El congresista se habrá dado el trabajo de recorrer algunas zonas del “interior del país” para determinar cuánto ganan los trabajadores, de todos los niveles, y si les alcanza o no para cubrir sus necesidades básicas? ¿Habrá realizado un estudio de campo o levantado una línea de base para sustentar su posición política y técnica respecto a un tema tan importante para la economía del país?

Parece que no es necesario imaginar mucho para intuir la respuesta. Sin embargo; también sería bueno trasladar esta mirada a nuestras autoridades locales, pues el mismo mal, la misma actitud, impide que proyectos, inversiones y programas de desarrollen tengan el éxito esperado, y en consecuencia nuestros sistemas de salud, educación, transporte urbano e interprovincial, seguridad ciudadana, agricultura o minería artesanal, nunca tienen solución, se quedan estancados en el tiempo, en el atraso.

¿Es ignorancia? ¿Es solo una consecuencia del centralismo? ¿Cuál de los dos males será más difícil de superar? Centralismo e ignorancia son dos ingredientes letales para el desarrollo de los pueblos. ¿Cómo superarlos? Pues superando la ignorancia. En el Perú 8creo haberlo dicho ya en otra oportunidad) hemos superado el analfabetismo pero no la ignorancia. Y mientras sigamos manteniendo la ignorancia en el poder, el centralismo seguirá haciendo lo suyo.

 

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