Con mi perrito no te metas

Neurona Dignidad Andrea Quevedo Vibert

Hace unos días grupos animalistas reventaron de quejas las redes sociales en Arequipa debido al anuncio por parte del alcalde del distrito de Mariano Melgar, que indicaba que se iba a exterminar a los perros callejeros que se encontrara deambulando por las calles de su jurisdicción.

La justificación del alcalde es el peligro de mordeduras por rabia a seres humanos y la expansión de la misma a otras mascotas. La rabia es mortal y con eso no se juega. Sin embargo, hay que tener en cuenta que este problema de salud pública no se puede “arreglar” con el facilismo característico de autoridades ineficaces, empezando porque no es sólo un problema de salud. En el Perú estamos más que hartos de ver cómo es que, cada vez que hay una situación que genera escándalo o malestar masivo, la autoridad totalmente falta de criterio técnico, implementa la primera solución que se le viene a la cabeza. ¡Hasta googleando podrían encontrar mejores propuestas a sus descabelladas ideas!

Si hay muchos perros en la calle, hay que matarlos. Si hay gente que toma en la calle, hay que cerrar los locales. Si hay ambulantes en zonas prohibidas, hay que quitarles su mercadería. Si la gente estaciona en zona rígida, hay que mandarles grúas a toda hora (y de paso hacer el negociazo). La regla arcaica y por excelencia de quienes nos gobiernan suele ser la prohibición, el castigo irracional y por supuesto, la sacada de cuerpo  porque la verdad es que muchas leyes están dadas pero la autoridad no las hace cumplir. Nunca pero nunca escucharemos a una autoridad asumir su responsabilidad por omisión, desconocimiento o porque simplemente, no trabajan.

Pero volvamos al tema de la sobrepoblación canina y lo que debería implementarse no sólo en un distrito sino en todo un país. Veamos el caso de Holanda:

En los Países Bajos se ha luchado por los derechos de los perros desde 1864, cuando se estableció la primera organización protectora de animales en La Haya; años después, en 1877, se abrió el primer albergue canino. Desde el año 1800 casi todas las casas tenían al menos un perro. En el siglo XIX comenzaron a elaborarse leyes relacionadas con la tenencia de canes; algunas no tan protectoras pues se permitía echar a la calle al perro que cumpliera su “vida útil”. Como era legal abandonarlos, la población de perros callejeros se fue incrementando y al no existir un control sanitario, fueron expandiéndose enfermedades como la rabia.

Ante el peligro se empezaron a tomar medidas como el uso obligatorio de correas,  bozales y el cobro de algunos impuestos. Así, sólo el que tenía dinero podía permitirse tener un perro. Esto por un lado condujo a mayores abandonos y por otro a alimentar y tratar bien a los perros, pues el que tenía un perro bien “mantenido” proyectaba cierto estatus. Se crearon sociedades en pro de la defensa animal y se aplicaron sanciones a los maltratadores.

Ya en el siglo XX  se introdujeron cuatro medidas básicas que se mantienen hasta hoy y son el eje de la inexistencia de perros callejeros en todo Holanda:

  1. Jornadas masivas de esterilización y castración obligatoria con costos asumidos por el gobierno en su TOTALIDAD con las que se lograron esterilizar al 70% de todas las hembras del país. 2. Creación de leyes contra el abandono animal que tienen una condena de hasta tres años de cárcel y multas por más de 16 mil euros. 3. Impuestos altos por la compra de perros con pedigree lo que ha llevado a más gente a adoptar a perros de albergues y 4.Campañas de concientización entre los ciudadanos para que cuiden a sus perros o adopten a perros abandonados con la mayor responsabilidad.

Con estas medidas en ese país hubo un cambio de mentalidad muy fuerte; los holandeses ven a sus perros como si fueran sus propios hijos y, por lo tanto, no conciben deshacerse de ellos. Por otro lado, a nivel educativo se hace un gran trabajo con los niños para enseñar a que respeten y cuiden a sus mascotas. La Organización Mundial de la Salud y la World Animal Protection informaban en los años noventa que la única forma de frenar la sobrepoblación canina callejera era esterilizar y educar a la sociedad sobre la tenencia responsable. Y Holanda siguió las recomendaciones.

¿Por qué no podemos hacerlo nosotros? Juntos, autoridades que apliquen eficazmente las medidas  y población que responsablemente se haga cargo de sus deberes. Si se aplica el salvajismo de la matanza habiendo soluciones inmediatas y para las cuales se puede destinar presupuestos públicos, sólo se estará confirmando la ineptitud de quienes tienen en sus manos velar por el bienestar de todos.

¿Es que un alcalde puede convertirse en asesino de animales por falta de ideas? Imposible, ¿no?

 

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