Volver a los 17

El achorado culto Miguel Almeyda Morales

Volver a los diecisiete

Después de vivir un siglo

Es como descifrar signos

Sin ser sabio competente

Volver a ser de repente

Tan frágil como un segundo

Volver a sentir profundo

Como un niño frente a Dios

Eso es lo que siento yo

En este instante fecundo.

 

Tenía el trabajo ideal, después de mucho tiempo de experimentar, aprender, crear, observar e investigar, un método nacido desde la práctica se iba abriendo paso, enseñar teatro a jóvenes y jóvenas universitarios, aplicarlo a su realidad desde un curso de expresión artística fue el objetivo. Me divertía, compartía con ellos, los acompañaba a descubrir su propia manera de pensar y después su propia manera de expresarse desde el arte, durante el tiempo que enseñé hablamos de filosofía, cultura general, historia del arte, Vallejo, Neruda, Benedetti, Van Gogh, Picasso, el impresionismo, les conté la Ilíada, La Odisea, Romeo y Julieta, Ricardo III, compartí mis viajes por el mundo, mi filosofía, mi pensamiento crítico, político, mi pasión por el teatro, tuvimos conversaciones muy chistosas porque creo en el humor como parte importante de la vida, entonces descubrí cantantes, músicos, pintores y pintoras, artesanos y artesanas de escultura, grafiteros, poetas, dibujantes, danzantes, construimos proyectos, salimos a las calles a aprender sobre historia del arte, visitamos museos, exposiciones de pintura, fotografía, escultura, fuimos al teatro, al cine, conversamos sobre muchos temas, compartí técnicas para hablar en público, para convencer vendiendo productos inventados por ellos, para contar historias, para exponer temas diversos, contar chistes, presentar y defender proyectos, para litigar, porque estoy convencido que el  aprendizaje es un proceso que debe modificar al sujeto que lo vive. Y la experiencia de colocar al alumno confrontado en la realidad y como el centro del aprendizaje, fue vital.

La vida cambia rápidamente, los jóvenes y jóvenas deben estar preparados para el futuro, no para el pasado, un futuro donde se necesita que seas capaz de comunicar, expresar, tener flexibilidad en las relaciones, ser ético, disciplinado, investigador, creativo, sintético. ¡Que piense! y lo más importante que seas capaz de tomar decisiones. ¿Qué vas querer cómo vida? que consumirás, en comidas, ropa, entretenimiento, trabajo, pareja. ¿Y dónde aprendes o te enseñan a tomar decisiones? Si todo el mundo te dice lo que tienes que hacer, los profesores, la familia, el colegio, los políticos, los noticieros, las redes sociales, la publicidad, la sociedad. Entonces tienes que aprender. Ni hablar de las preguntas filosóficas ¿Por qué estoy aquí? ¿Quién soy? ¿Para qué estoy en este mundo? Sales de secundaria y otra  vez tienes que aprender. Porque la secundaria no te prepara para la vida, para enfrentar este caótico y babilónico mundo de hoy.

Las formas, las técnicas, los recursos, las metodologías para lograr este objetivo han ido cambiando con el paso del tiempo y el desarrollo de la psicología, algunos estudiosos del tema consideran que aprendemos por imitación de conductas a través de estímulos – repuestas, premios y castigos, algo mecánico, deshumano y reduccionista, que no hay procesos internos ni cambios psicológicos. Que todo lo que aprendemos son productos. Otros plantean el aprendizaje como proceso de relación con los objetos, en estructuras que corresponden a diversos momentos de crecimiento, otros hablan del espacio social, donde el lenguaje es esencial, y aprendemos en relación con los otros, apropiándonos del conocimiento para construir esquemas propios, todo esto en sociedad. Otros proponen que el aprendizaje es significativo cuando se ancla en  conocimientos que el que aprende ya tiene, llamados los saberes previos. Al final de todas las teorías, creo que la idea es que aprendamos y que eso nos sirva para seguir sobreviviendo en este mundo maravilloso al que hemos llegado, para ser felices.

Los talleres de teatro, los cursos, la expresión artística en la universidad desarrollan las capacidades expresivas y creativas a través de la técnica de: La Motivación Activa Orgánica. La cual se basa en una serie de juegos que preparan a los participantes al desinhibirlos e integrarlos para asumir una codificación del movimiento, como en el Kung Fu, el ballet o el mimo. A través de sus imágenes, su memoria y recuerdos. El participante crea secuencias que se convierten de emoción en movimiento y así codifica, a esto lo llamamos partitura corporal; al mismo tiempo realizamos un trabajo de desarrollo de la voz, del manejo de los textos y sonidos con los cuales construimos una partitura vocal. Es un aprendizaje significativo, toma de su experiencia, sus saberes previos, los anclajes y crea nuevo conocimiento, donde el  juego funciona como elemento creador y la actividad como aliada del aprendizaje.

Tenía el trabajo ideal, enseñaba en una universidad de prestigio, iba descubriendo talentos cuando la SUNEDU dijo que no podía seguir enseñando pues solo tengo el título de actor profesional de la ETUC (Escuela de Teatro de la Universidad Católica) que es el equivalente a una carrera técnica y todo se derrumbó como dice la canción.

El método se iba a perder, los avances en los procesos se iban a quedar en la experiencia, fue entonces que surgió otra vez como desde hace años El Achorado culto, tuve una conversación muy intensa conmigo mismo y tome decisiones, eso no  lo aprendí en la escuela, lo aprendí en la vida. Regrese a Lima. Postulé a la facultad de Educación de la PUCP. Ingresé y ahora estoy en pleno proceso de hacer los cursos buscando juntar la experiencia práctica con la academia, que está dándome el marco teórico para validar mi trabajo de años. Aprender a aprender, aprender a pensar, integrar para resolver problemas, construir el conocimiento, acompañar en los procesos de  aprendizaje y saber los estilos de como aprende la gente.

Eso significó también volver al barrio,  la esquina, a la casa vieja, a la ciudad caótica, al sistema de transporte infame que nos lleva lentamente y apretados a nuestros largo y lejanos destinos, porque Lima es gigantesca y ya ninguna de las soluciones que planearon son soluciones, ahora son problemas, para entrar a las estaciones del metropolitano hay que hacer cola, para entrar al tren eléctrico hay que hacer cola, para todo hay que hacer cola, felizmente tengo cientos de páginas de lecturas que me ayudan a pasar el tiempo, claro que en los buses soy un dinosaurio con mi libro abierto, todos están en sus teléfonos entretenidos hasta que un choro se los arrebata y quedan mirándose las manos esperando el milagro de que el teléfono vuelva.

Otra vez tengo 17 años, el Perú ha clasificado al mundial, el congreso es una mierda, tomo un vino infame, los pandilleros asaltan en cada esquina, el agua solo viene por horas, cortan la electricidad cuando quieren, la arena se mete por todos lados en mi habitación, tengo un ratón atrevido que me mira hacer las tareas, se llama Leonardo, pronto se sentará conmigo a ver los partidos del mundial, vivo con mi madre, almuerzo en el mercado, juego fulbito con mis amigos de la infancia, hago teatro con mis maravillosos compañeros de hace veinte años, soy el más antiguo de la clase, los cobradores miran con asombro y luego con rabia mi carnet universitario.

El adolescente que terminó secundaria por milagro no estaba listo para aprender, el hombre que hoy escribe, está listo para hacerlo.

He vuelto a los 17, aunque yo y usted no lo creamos.

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