Cuestión de vida o plástico

Neurona Dignidad Andrea Quevedo Vibert

En los años ochenta, cuando acompañábamos a nuestras madres al mercado o cuando íbamos a la tienda, cargábamos con bolsas de tela o de plástico resistentes para guardar las compras. Las caseras no te regalaban las bolsas de plástico de un solo uso que nos invaden hoy. Si querías bolsa “chismosa” costaba lo que hoy equivaldría a s/. 0.10 aproximadamente.

Conforme han ido pasando los años y como parte del “servicio al cliente”, negocios de todos los niveles y rubros han ido incluyendo el obsequio de bolsas y es así como hoy hemos llegado a estrepitosas estadísticas que están destruyendo la vida animal y la salud de nuestro planeta.

Dicen que en el mundo se consumen 5 billones de bolsas de plástico al año. Bolsas que se utilizan por un lapso aproximado de doce minutos y tardan entre 400 a mil años en biodegradarse. Como las ochenta bolsas que hace unos días fueron encontradas dentro del cuerpo de una ballena en Tailandia y que le causaron la muerte. Las bolsas son sólo una parte del problema conformado por  las miles de toneladas de plásticos que terminan en los océanos. Dato curioso aparte, en el mundo ya se han registrado ochenta mil tipos de plásticos producidos por el hombre. OCHENTA MIL.

La ONU, diversas organizaciones ambientalistas, ministerios y gobiernos de todos los países de nuestra región han puesto la alarma de emergencia total ante la situación de extrema contaminación por plástico en la que nos encontramos y que sigue en aumento. La polémica ha surgido en nuestro país debido a que hay miles de familias que trabajan en el rubro de los plásticos que, ante la prohibición del uso de bolsas, cañitas y envases de tecnopor en principio, se verían afectadas. La opinión de muchos es que  antes de prohibir o regular, el gobierno debería conminar a estas empresas a implementar otros materiales biodegradables. Situación complicada puesto que para muchas empresas significaría un cambio absoluto de procesos y operaciones. Otros opinan que no hay vuelta atrás; hay que prohibir y punto, como se ha hecho en varios países europeos ya que es la única forma de sacar del ambiente tanto plástico dañino.

Ambos lados tienen sus justificaciones; sin embargo, a pesar de que parece urgente, nuestros congresistas recién aprobaron el predictamen del proyecto denominado “Ley de Plásticos” propuesto por el Ministerio del Ambiente y cuyos pilares serían los siguientes: prohibición de bolsas pequeñas de menos de 30 cm por lado, regulación de envases de tecnopor para contención de alimentos de consumo humano; y por último, la prohibición de entrega gratuita de bolsas y cañitas por parte de los negocios.

En un primer momento pareciera que la vida sin plástico se hace más complicada, pero la verdad es que antes vivíamos bastante bien organizados sin tanta bolsa hasta para el recibo de pago, tanta cañita para toda bebida, tanto tecnopor para toda comida. La vida de comodidad a la que nos ha acostumbrado el consumismo nos está pasando factura y tenemos que actuar de una vez.

El gobierno hará su parte pero eso tardará. Los ciudadanos de a pie no necesitamos que haya una regulación legal para comportarnos con conciencia frente a este grave problema. Las ideas sencillas y efectivas sobran: no uses cañitas (¿tan terrible es tomar del filo del vaso o botella? No.), haz tus compras con bolsas reutilizables de tela o plástico duro, recicla en tu hogar y en tu trabajo haciendo que todas las personas con las que te relacionas participen activamente también, reutiliza todo lo que se pueda para evitar que se deseche a la basura, etc. etc.

Cuida tu casa, tu planeta. Cuida el medio ambiente donde inevitablemente vivirán tus hijos. ¿Les dejarás un mundo lleno de basura?  Y lo más importante: deja de ser comodón, ponte la mano al pecho y piensa con conciencia en lo beneficioso que será para todos que evitemos los desechos plásticos. ¿Terminaremos algún día comiendo un pez que se alimentó de una bolsa de plástico que nosotros mismos botamos a la basura y terminó en el mar? Quizá ya está sucediendo y no caemos en la cuenta de que producimos mucha comodidad para la vida moderna en la que vivimos y que así nos hacemos la vida más fácil; pero que esa vida no va a durar mucho si es que acabamos envenenándonos a nosotros mismos. Y no se trata de si comes o no comes plástico porque tú eres un ser humano que a diferencia de una ballena lo puedes evitar. El problema son los aditivos tóxicos que figuran en estudios donde se habría comprobado que son sustancias cancerígenas o disruptoras endocrinas, es decir, capaces de alterar el equilibrio del sistema hormonal humano.  ¿Ahora ya te importa un poco más?

 

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