Las recientes ferias del libro en Arequipa

Profanaciones Martín Zuñiga

Muchas veces es peor el remedio que la enfermedad. Y esto en la vida cultural de Arequipa parece ser, lamentablemente, la constante. Ya se ha hecho costumbre, en el último año, pasar por la primera cuadra de la calle San Agustín y encontrarse una serie de stands armados ofreciendo libros, acompañados de algún breve espectáculo cultural. Para quienes estamos, de una manera u otra, vinculados a las industrias editoriales, las ferias del libro siempre puede ser un buen acontecimiento. Máxime cuando la oferta de librerías en la ciudad es exigua. Pero no por ello se debe permitir que se realice cualquier esperpento en el espacio público, peor aún bajo el auspicio del gobierno local.

No hace muchos años, la Feria Internacional del Libro (FIL) que organizaba Artequipa mostró a toda la región que había dos factores importantes en la ciudad: por un lado, una demanda ávida por novedades y ofertas editoriales, y por eventos culturales de calidad. Por otro lado, la existencia de una movilidad social interesante de productores culturales locales (llámese artistas, escritores, editores, músicos, entre otros). La confluencia de ambos, en el espacio de la FIL, hizo posible durante muchos años que este evento acogiera una gran audiencia que cada edición aumentaba. Sumado al trabajo que se hacía, de la mano de colegios primarios y secundarios, la FIL logró un impacto importante en la región. Pero no todo lo que brilla es oro. Desafortunadamente, la falta de apoyo por parte de las entidades públicas, como el caso del gobierno regional, hirieron de muerte a la FIL que tuvo que desaparecer del mapa, dejando un hondo vacío en la escena local y una demanda en el mercado por espacios en los cuales se pueda encontrar libros y cultura.

De esta demanda insatisfecha se han hecho eco algunos gestores culturales y empresarios que han aprovechado el pánico y han empezado a montar sus carpas y stands para vender libros, de la mano de la gestión de la Municipalidad Provincial de Arequipa (MPA) en unos casos; o de otras instituciones como la UNSA, en otros. Pero, ¿son de por sí buenas todas las ferias de libro? Pues no. Y peor aun cuando están mal gestionadas o lo que quieren es vender gato por liebre.

Si uno presta un poco de atención a las “ferias” de libro que se han levantado los últimos años en la calle San Agustín, uno se puede percatar de la diferencia sustancial entre las que están patrocinadas u organizadas por la MPA (cosa que no se puede distinguir bien en la publicidad que realizan) y entre el Festival del Libro patrocinado por la UNSA. Una de las primeras diferencias que se puede captar es la oferta de libros que existe, por ejemplo, en las primeras, donde la mayoría de expositores, en realidad lo que traen son sobras editoriales que compran en liquidaciones casi al peso y las venden a 10 veces su precio (compran a 1 sol y los venden a 10 soles); sin prestar además ningún provecho adicional al público, como lo hace cualquier otra feria del libro bien organizada. Es más, en las “ferias” del libro que suelen sucederse en San Agustín se pueden ver por lo general distribuidoras de libros y librerías, pero ninguna editorial seria. Y, peor aún, lo que vienen a vender en muchos casos son videos, discos o cualquier material que nada tienen que ver con los libros. Digamos una “feria” de chucherías más que una feria del libro.

Por eso, hacer la comparación entre estas mal llamadas “ferias del libro”, que suelen venir de la mano de la actual gestión de la MPA, y el Festival del Libro que estos días se viene realizando en el mismo escenario, es muy necesario. El Festival del Libro de Arequipa, que ya va por su décimo primera edición, en todas las oportunidades ha sido felizmente patrocinado por la UNSA.  Su oferta no solo son libros (que vienen de la mano de las mismas editoriales entre las que están reconocidos sellos nacionales, universitarios e incluso internacionales), sino que va acompañado de conversatorios, presentaciones de libros, música, cine, entre otros. Pero esto es el resultado de una diferencia fundamental entre uno y otros: en el Festival del Libro lo que hay es una gestión sostenida en un conocimiento real de qué es el libro, de sus valores fundamentales y de los fines que debería perseguir una gestión cultural óptima. Mientras que en las “ferias de libros” que organiza o auspicia la MPA (la diferencia parece que nunca es clara cuando se trata de esta institución) se nota de manera palpable que la finalidad única es la de aprovecharse de los consumidores y maximizar ganancias ofreciendo como libros lo que en realidad son folletines, revistas o cualquier otra chuchería. Deberían cambiar su denominación y denominarse “feria de mamarrachos”.

Es por eso una pena que desde la MPA se apoye a estos mediocres remedos de “ferias”, donde todo lo que se exhibe es una afrenta a quienes estamos vinculados a las industrias culturales de la ciudad, pero, sobre todo, es un insulto a los lectores y ciudadanos de la región. Esperemos que no vuelvan a realizar esos mamarrachos y que la Municipalidad Provincial de Arequipa evalúe mejor a qué actividades apoyar, pues siempre es mejor no hacer nada, a hacer las cosas mal. A no ser que haya otros intereses de por medio, y que este corriendo el dinero por debajo de la mesa. Ya se sabe, más ayuda el que no perjudica. Bastante claro lo dice la sabiduría popular.

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