Escritoras arequipeñas homenajeadas

la Silla Prestada Alfredo Herrera

La última semana de mayo el Congreso de la República realizó una ceremonia para homenajear a ocho escritoras arequipeñas, todas pertenecientes al Centro de Escritoras Arequipa, quienes además publicaron en conjunto un interesante libro de poemas. Ada Fernández, Cecilia Medina, María Antonieta Tejada, Morayma Sánchez, Guadalupe Mansilla, Elsa Gaona, Mery Vásquez y Yeny Tejada unieron sus voces para ratificar la calidad de su poesía, de por sí ya cubierta por la experiencia y la madurez del oficio.

La literatura arequipeña se sostiene en una tradición que nace con Mariano Melgar, se consolida con autores como Mario Vargas Llosa, Oswaldo Reynoso o Edgar Guzmán y se prolonga con la obra de jóvenes que en los primeros años del siglo veintiuno han manifestado un interesante proceso de renovación literaria. Entre estos dos extremos hay una larga lista de nombres que en su oportunidad críticos y estudiosos con mayores elementos de análisis han detallado y explicado el valor de sus obras.

Me detengo brevemente para destacar que entre esos nombres hay uno que se convertiría con los años en el mayor referente de la literatura arequipeña, al margen del debate que este concepto puede generar. Se trata de María Nieves y Bustamante, novelista de la época de tránsito de los siglos diecinueve y veinte, que al publicar “Jorge o el hijo del pueblo” no solo inauguró la novela moderna en estos lares, sino que marcó una pauta que los escritores arequipeños de las siguientes generaciones no pudieron consolidar.

Herederas del legado literario y la ejemplar actitud ciudadana de María Nieves son las escritoras arequipeñas que a lo largo de la centuria pasada y hasta hoy han renovado y enriquecido la poesía arequipeña, llegando incluso a instalarse en ese escenario tan ancho y ajeno (parafraseando a Ciro Alegría) que es el canon literario nacional (otro invento del centralismo limeño que también ha hecho lo suyo para ignorar el aporte a la cultura por parte de artistas provenientes del “interior del país”).

“Sueños entrelazados” titula el libro que las mencionadas poetas arequipeñas han publicado y que de seguro servirá no solo para deleitarnos con su fina poesía sino para analizar el nivel y calidad literaria de estas escritoras que han aportado a la cultura arequipeña desde sus trincheras personales en las escuelas, el periodismo, el trabajo social y sus profesiones. Al mismo tiempo, nos da la oportunidad de darle una nueva mirada panorámica a la poesía escrita por mujeres en nuestra ciudad.

A lo largo de estas páginas el lector se internará en los versos que reflejan la ternura, la cotidianidad de una ciudad que asume los problemas del ser humano, el amor y la muerte, la ausencia y las ilusiones, temas no solo naturales de la poesía sino también recurrentes en una época afectada por la tecnología de los medios de comunicación, la deshumanización de las relaciones personales y el vértigo de un proceso de desarrollo que muchas veces no alcanzamos a descifrar.

Hay una fina y bien trabajada poesía en el libro “Sueños entrelazados” y me parece un acierto que entidades estatales puedan dedicar su tiempo a reconocer el aporte cultural de los ciudadanos a su sociedad, y en este caso a destacar la labor cultural del Centro de Escritoras de Arequipa, que tanto ha contribuido a promover la literatura en nuestro medio, y a través de este gesto a toda la poesía escrita por mujeres en esta bravía tierra.

  1. Alfredo Quintanilla dice:

    Felicitaciones a las poetas y al comentarista. Todos los días debemos tratar de romper el centralismo y su canon construido sobre bases que se resquebrajan cada vez que surge un nuevo libro fuera de Lima.

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