Fernando Cillóniz y el fujimorismo sin Alberto Fujimori

Columnista invitado Otra Mirada

En los últimos días, el autoritarismo congresal del fujimorismo ha cobrado más bajas y alejamientos entre sus más conspicuos seguidores. El más reciente es el gobernador regional de Ica, Fernando Cillóniz, electo por Fuerza Popular, con todo el respaldo de Keiko Fujimori.

Cillóniz Benavides, quien está concluyendo su período de gobierno, declaró a la prensa mostrando su inconformidad con los manejos de la bancada que gobierna a mano dura, Keiko Fujimori.  Un acomodo bastante oportuno, por decir lo menos, de alguien que ya está por culminar y que no puede ser reelecto por la ley actual.

En las actividades proselitistas, Keiko fustigó ante los medios a Cillóniz por  “haberle fallado al partido” por tener denuncias de corrupción y “no haber cumplido sus promesas electorales”.

Frente a ello, Cillóniz Benavides optó por defenderse y reiteró sus críticas a la bancada fujimorista por el poco apoyo brindado a la gestión y por las presiones y favores increíbles solicitados por algunos “padres de la patria” del grupo naranja.
En declaraciones a diversos medios, el gobernador regional ha marcado la distancia de la mayor de los Fujimori: “estoy decepcionado (de ella) por tener un entorno corrupto y defender a corruptos”.

Señaló incluso que había sostenido con Keiko “un diálogo fluido hasta el día que perdió las elecciones”.

En medio de esta discusión, Cillóniz reiteró sus acusaciones contra los congresistas iqueños Betty Ananculi, César Segura, Alberto Oliva y Miguel Elías q quienes acusó de enviarle cartas exigiendo la destitución de algunos directores regionales que no respondían a los intereses del fujimorismo, además de otros legisladores de Fuerza Popular que sin ser de la región le “pedían favores”.

El caso más fuerte que acusó fue el del congresista Segura quien “me llamó para pedirme, en el acto, el duplicado de un brevete para su hija, el cual resultó ser falso, algo que fue reconocido por la propia hija. Y como no fue atendido, porque no procedía, él está, literalmente, persiguiendo a la directora regional de Transportes, Rossana Vera Pariona, que es una mujer honesta y valiente que supo decirle que no”.

Así las cosas, cabe preguntarse si es que el fujimorismo, tras su propia “guerra civil”, no está pasándose de revoluciones y fustigando -incluso- a sus aliados que podrían (tal como lo ha señalado Cillóniz) evaluar y retirar su apoyo para las elecciones de octubre y las presidenciales del 2021, “cansados” de la corrupción y las irregularidades reinantes en el fujimorismo.

¿A tanto puede llegar la obnubilación del poder que no les permite apreciar que sus actos autoritarios los ponen en jaque frente a quienes se supone deben apoyarlos? Tal es el hartazgo, que en el congreso los kenjistas, que sobrevivieron a las comisiones de Ética y de Acusaciones Constitucionales, están pensando en postular al aprista Jorge Del Castillo para que llegue a la Mesa Directiva del Congreso.

Y es que Del Castillo representa a esa facción aprista en el Congreso que -parece- no se ha plegado a los designios del fujimorismo keikista, representado hoy por Luis Galarreta y que ha buscado ponerle el alto a la dación de leyes como la de prohibición de publicidad estatal, la de alimentación saludable, o la “velocidad” para expulsar congresistas o vacar presidentes.

Solo así, el fujimorismo “rebelde” y tal vez las bancadas izquierdistas podrían retomar algún sentido de control y manejo del Parlamento y podrían debilitar en algo a una Fuerza Popular que arrolla sin brindar explicaciones y no deja rival en pie.

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