Rafael Dumet, ¿Por qué escritores peruanos no escriben sobre historia?

El achorado culto Miguel Almeyda Morales

Conocí a Rafael Dumet en la escuela de teatro, el TUC, donde compartimos algunos años. Me enseñó a apreciar la literatura argentina, con él leí a Cortázar, a Borges. Caminamos mucho aprendiendo. Un día nos volvimos a ver en París, entonces seguimos caminando para tomar un café donde Sartre y Simón lo habían hecho en mayo del 68. Fuimos a poner flores en la tumba de Cesar Vallejo y prometimos que íbamos a escribir grandes novelas. He admirado siempre la tenacidad y el compromiso que ponía como dramaturgo teatral. Hoy vuelve al Perú con una novela de espías ambientada en la época de la conquista.

Originalmente escribías teatro. ¿Cómo te pasaste a la novela?
De manera inesperada. Entre que me casé, me mudé a San Francisco y dejé de hacer teatro para empezar a hacer cine. Cuando terminamos de filmar nuestro primer largometraje y yo estaba por primera vez libre de cualquier compromiso creativo, decidí escribir algo completamente mío, que no dependiera de la posibilidad de ser producido por otras personas. El teatro no era una posibilidad pues yo estaba alejado del Perú, tanto física como mentalmente, y el teatro es necesariamente local. Por ello fue que volví a lo que son mis raíces: la narración. Yo había escrito cuentos desde el colegio y en la universidad. Ahora bien, regresaba con una nueva perspectiva: la de una persona que ha aprendido a encontrar la verdad no es una sola voz sino en la fricción entre varias voces, que trabaja los diálogos como si fueran a ser representados en escena y usa todos los recursos de la actuación que aprendió en la escuela para meterse mejor en la piel de un personaje. Ya no con su cuerpo sino a través de la escritura.

¿Cómo fue el proceso de escritura de esta novela?
Después de un tiempo rondando varias ideas, me decanté por una pregunta que un profesor de literatura del colegio nos había hecho a nosotros, sus estudiantes: ¿por qué los escritores peruanos no escriben sobre tanto personaje interesante de nuestra historia?, ¿por qué, por ejemplo, nadie escribe sobre Felipillo? Felipillo me pareció un excelente punto de partida. Y después de leer sobre él en el excelente estudio “Hombres de Cajamarca” de James Lockhart, me quedé literalmente alucinado no solo con él sino con Martinillo, el otro traductor indígena, que era su espejo invertido, y con quien competía. Lockhart me llevó a Juan José Vega, quien escribió como yo nunca antes había leído sobre los incas, historia fascinante tras historia fascinante, y siempre indicando cada una de las fuentes, de manera que pude constatar cada cosa que decía. Y armar fichas y cronologías de cada evento sobre el que leía, de cada personaje con el que me topaba. Hasta que de pronto un día me topé con el personaje de Sikinchara, un espía que apareció en Suma y Narración de los Incas, de Betanzos, y de pronto lo vi de un vistazo: vi la trama, vi al protagonista, vi toda la novela.

¿Por qué una novela de espionaje?
Es bastante irracional, pero siento mucha empatía por aquellos personajes con extraordinaria capacidad para moverse en muchos entornos, lingüística y culturalmente versátiles, pero divididos, torturados y conflictuados en sus lealtades que son los espías, por lo menos tal como estos son representados por novelistas que admiro, como John Le Carré. Creo además que, en el caso de “El espía del Inca”, este era el personaje ideal para protagonizar la trama de mi novela.

Cuéntame algo del argumento.
El Inca Atahualpa ha sido capturado. El general Cusi Yupanqui está urdiendo un intento de rescatarlo. Para ello infiltra un espía en Cajamarca quien debe servir de enlace con el general para llevar a cabo la planificación del ataque, hacer informes constantes sobre los extraños invasores y sobre los comechados que se han aliado con ellos. Pero a la vez debe tratar de convencer al Inca de que se deje rescatar, pues este se resiste: está demasiado fascinado con sus captores. “El espía del Inca” es la recreación ficcional de ese intento de rescatar a Atahualpa.
El espía protagonista es un espía chanca, es decir de la zona correspondiente al actual Ayacucho, Apurímac y Huancavelica. Esto tiene una profunda incidencia en su comportamiento, por razones que descubrirás al leer la novela.

¿En qué proyectos trabajas ahora?
Estoy escribiendo una novela inspirada en el escritor y político peruano Eudocio Ravines. Y una obra de teatro inspirada en la segunda parte de la rebelión de Tupac Amaru II, cuando este fue ejecutado y su primo Diego Cristóbal Condorcanqui le tomó el relevo.

El Espía del Inca se presenta en Arequipa, Puno y en la feria del libro en Lima. En Arequipa estará el 11 de julio a las 7:00 pm en la Sala Atenas del Paraninfo de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa. No se lo pierdan.

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