Flores del desierto

Confesión de parte Luis Maldonado Valz

Medio siglo después de la oleada libertaria del norte de África, se produce nuevamente en los países árabes una segunda revolución por la libertad, esta vez con un alto contenido democrático, enfrentando a sus autocráticos gobernantes que se habían momificado como neofaraones, corruptos y déspotas de sus propios pueblos. Esta revolución pacífica ha corrido como reguero de pólvora, iniciándose con la llamada Revolución de los Jazmines en Túnez, donde echaron al inamovible Presidente Ben Ali, que gobernaba desde 1987, prosiguiendo en Egipto, el más país más poderoso y poblado, donde cayó la dictadura camuflada de Hosni Mubarak que gobernaba desde 1981, siguiendo con Argelia, Yemen y luego Bahréin. La característica común a estos gobernantes destituidos ha sido, en lo interno: autoritarismo, nepotismo, falta de libertad de expresión, economía neoliberal, privatización y desnacionalización de los recursos estratégicos enriquecimiento personal, eliminación de toda oposición política; en lo externo: relaciones privilegiadas con Estados Unidos, Francia, Italia y España, en base a grandes concesiones petrolíferas, complicidad con la opresión y los abusos de Israel a los palestinos.

En dos meses está cambiando el mapa político del norte de África y del Medio Oriente. Ello es la prueba que durante decenios se ha venido acumulando un enorme descontento, tanto por la situación de pobreza y desigualdad, agravada por el encarecimiento de los productos de primera necesidad, como por la falta de libertades políticas. Los protagonistas de estas gestas fueron los jóvenes, gran parte de ellos, profesionales, desempleados. Frente a la falta de libertad de información, los heraldos de estas jornadas libertarias han sido los internautas y blogueros. Han tenido sus mártires, como el caso del tunecino Mohamed Bouazizi, informático diplomado, que se prendió fuego a lo bonzo, después de que la policía le confiscara su puesto de venta de frutas, que le permitía sobrevivir frente al paro. En Egipto, se gestó un movimiento opositor plural, donde están desde la organización de Los Hermanos Musulmanes, hasta los cristianos coptos, con nuevos líderes, como el prestigioso nobel de la paz Mohamed el Baradei.

Es aleccionador que estos levantamientos democráticos vienen a ser un renacimiento de los postulados humanistas y panarábicos que orientaron su independencia, y que se creían olvidados y enterrados, donde hay que destacar el papel de los líderes como Gamal Abdel Nasser en Egipto, Habib Burguiba en Túnez, Ahmed Ben Bella en Argelia, pero principalmente de aquel gran ideólogo de la libertad africana, el martiniqués Franz Fanon, destacado siquiatra, admirado por Sartre, que establece la relación entre los estados de depresión masiva, los complejos de inferioridad, derivados de la exclusión, el racismo, la transculturización, el colonialismo y la dominación política; son notables sus libros: Pieles Negras, Máscaras Blancas, y Los Condenados de la Tierra. Otros anquilosados gobernantes, van a tener que dormir vestidos, pues esta marejada democrática los llevará de encuentro, como en Corea del Norte, Libia, Zimbabwe, Arabia Saudí, Cuba, y otros.

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