Mi próximo solitario gozo

Crónicas Descarriadas Avatar

La suerte y la decisión me han llevado de un extremo al otro del continente: hace unos días México y ahora Brasil. Más allá de las obvias diferencias, me impresionan las similitudes de estos dos gigantes: gente sumamente amable, un mestizaje masivo y omnipresente y un nacionalismo totalmente asumido y casi obsceno. Pero bueno, esta es la parte folklórica de la moneda, por así decirlo, pues la otra cara de los parecidos reluce mucho menos; en ambos casos, las tasas de crimen y violencia figuran entre los más altos del mundo. Inmediatamente uno se pregunta por qué. Ahora bien, la primera impresión cuando uno llega al DF o a Sao Paulo es la de un estado de bienestar que estaría funcionando: hay obvio progreso en las comunicaciones y en los transportes, hay un desarrollo que se evidencia en los populosos barrios de clase media, hay una sensación de hormigueante trabajo en las calles. Sin embargo, un ojo mínimamente entrenado (o que acepte ver) comenzará a notar poco a poco las fallas del paisaje: desheredados en las esquinas, niños mendigando, jóvenes desempleados (lo deduzco) en las plazas. Me retrucarán con justa razón que no estoy haciendo sino el típico cuadro de una gran ciudad latinoamericana. Es verdad, no digo nada nuevo. Pero hay algo que de tanto verificarlo, afortunadamente, tiene el poder de seguirme interpelando: con qué facilidad justificamos el estado de abandono social y económico de estas miles de personas con el argumento de que son el efecto colateral “inevitable” para que una mayoría consiga el ya mencionado “estado de bienestar”. Qué difícil (y a la vez qué práctico) se nos ha hecho constatar humanidad allí donde el sistema “sistemáticamente” deshumaniza al individuo;  qué complicado comprender que las diferencias socio-económicas son artificiales, arbitrarias y naturalizadas por nosotros mismos. Debo admitir, no obstante, que en el fondo no escapo a la regla, terminaré de escribir estas líneas y sin duda buscaré un café en una plaza arbolada donde me olvide del resto y me dedique a pensar solo en mi próximo gozo.

También puedes ver

No se encontraron resultados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SUSCRÍBETE A NUESTRO NEWSLETTER

SUSCRIBIRSE