Ojalá

La columna

En el año 2006, un desconocido que se había vuelto la sombra de Ollanta Humala -el gran favorito del Sur-, postulaba como congresista por Arequipa –donde no vivía hacía muchísimo tiempo- con el número uno de la lista ganadora. La arrolladora tendencia antisistema de entonces lo encumbró, con cientos de miles de votos preferenciales, como el congresista más votado de la región. Cinco años después, ya ni vale la pena comentar sus conocidas “proezas” en, alrededor y gracias al recinto legislativo. Lo cierto es que prácticamente nunca más asomó por Arequipa. En esa misma oportunidad, además, se eligió una vicepresidenta arequipeña que con su célebre declaración de hambre (en el Sur) no ha destacado precisamente por una labor legislativa prolífica, aunque sí por sus muchos viajes y su adornada presencia en cuanta ceremonia oficial se ha programado.

En el Congreso anterior, elegido en 2001, una abogada especializada en temas de jubilación fue elegida por el desaparecido FIM: Dora Núñez. Junto a Rafael Valencia Dongo, empresario que representó a Unidad Nacional y Manuel Olaechea del oficialista Perú Posible, culminando su periodo legislativo, han desaparecido de Arequipa, no rindieron cuentas y ahora la Núñez aparece postulando por Lima, como si tal cosa.

Como los políticos han verificado que cualquier cosa puede suceder en comicios como los actuales, y no hay cultura de rendición de cuentas ni conciencia ciudadana para exigirlas, mueven sus fichas de ajedrez libremente, en función de intereses personales, de grupo y particulares, sin preocuparse de que los votos que pudieran obtener tienen que tener una retribución mínima, con el compromiso del elegido hacia la colectividad que lo votó.

Prueba de ello es que, en la presente elección, tenemos de candidatos a personas como Guido Lucioni y Maribel Ramírez, quienes muy probablemente salgan elegidos por su ubicación y partido al que representan, pero cuya gaseosa vinculación con Arequipa poco augura respecto a una gestión productiva para la región. El primero, impuesto por la cúpula naranja desde Lima, representa a intereses del fujimorismo, con todo lo que de ello puede derivarse y podemos imaginar. La segunda representa a intereses particulares vinculados al negocio de la educación superior y, como puede deducirse del informe que presentamos en la presente edición, el fin último de esos intereses es lucro puro.

Dependerá una vez más del electorado resistir a la inercia de la votación presidencial, marcar los votos preferenciales de quienes consideren más comprometidos con la región y los intereses colectivos, y evitar la poderosa pero nociva influencia de la publicidad. Pues gracias a ella hay tantos políticos vinculados a medios de comunicación, cuyo mayor mérito es poseer una televisora, una radio o un tabloide y sobre cuyo desempeño no es necesario abundar más.

Ojalá.

Tenemos de candidatos a personas cuya gaseosa vinculación con Arequipa poco augura respecto a una gestión productiva para la región.

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