Patito feo

La columna Mabel Cáceres Calderón

Aunque es un tema ineludible en todo discurso electoral, a la hora de la repartición presupuestal, esta estrella momentánea que viene a ser el tema de la Educación, vuelve a desempeñar su papel de patito feo. Y seguimos como estamos.

En la reciente exposición de propuestas de los candidatos presidenciales, organizada por un diario nacional, a todos les faltó tiempo para ensayar todo tipo de ideas, la mayoría impracticable o irrelevante para la finalidad última de la tarea educativa, esto es, la formación del intelecto.

El ofrecimiento más recurrente –y demagógico- es el doblar el sueldo a los maestros. Argumento manido y fácil, para tratar de conquistar el medio millón de profesores que, a nivel nacional, esperan oírlo, aunque estén resignados, desde ya, a ser engañados.

Lo exigible sería, en este caso, que los candidatos se comprometan a no dejar de aplicar la consensuada asignación presupuestal al sector, equivalente al 6% del PBI. Esta mínima voluntad de iniciar una real mejora en el tema, debería ser el punto de partida y así no tendríamos que repetir ociosamente el estribillo que, campaña tras campaña y gobierno tras gobierno, se sigue ignorando.

Propuestas originales: crear un Colegio Mayor en cada región, internados rurales para alumnos y maestros, dotar a cada estudiante de un aparatito lector de libros electrónicos que sustituiría a los pesados bodoques que actualmente cargan las mochilas de los escolares, que no siempre tienen buen uso.

El Perú vive un periodo de crecimiento y abundancia temporal que –no hay que olvidarlo- es efímero. Si, como ha ocurrido tantas veces, en la cúspide del crecimiento económico cíclico, nos dedicamos al dispendio alegre y despreocupado, la época de vacas flacas volverá, como ha ocurrido una y otra vez, con cada boom económico que ha vivido nuestra nación: el oro incaico, el guano, el salitre, el caucho, el azúcar, el algodón, la lana de los camélidos; y ahora el cobre y de nuevo el oro.

Si no se hace una profunda reforma educativa ahora, en que se pueden destinar recursos para ella y hay consenso sobre su urgencia, entonces ¿se llegará a hacer alguna vez? O, vencidos por la imprevisión, el país se volverá inviable, arrasado por la nueva corriente tecnológica mundial que ya no proviene solo de Europa o USA; sino de China, India, Brasil y otras economías emergentes. Y la historia del trueque colonial, de oro a cambio de espejitos o caramelos, se podría repetir, esta vez, con adelantos tecnológicos en los cuales somos casi analfabetos.

Que sirva de algo el debate electoral.

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