El agua de los necios

La columna


En el año 2100, los nietos de nuestros nietos, serán probablemente activistas de una descomunal marcha por el agua, que será el recurso más escaso y más valioso de entonces.

Si aún existen las bóvedas de los bancos, en lugar de lingotes de oro, guardarán insignificantes reservas de agua dulce. Las diminutas lagunas, los escasos riachuelos producto de los mínimos deshielos de los rarísimos ex nevados que aún acumulen algo de recurso hídrico en sus cumbres, serán férreamente resguardados por los soldados del futuro, cuyas armas serán sofisticadísimas y estarán atiborrados de recursos tecnológicos, pero no escaparán a la sed.

Este apocalíptico paisaje, producto de mi libre imaginación tiene –sin embargo- todos sus elementos constitutivos fundados en la realidad. El principal, la necedad humana que la ha llevado a maltratar la naturaleza al punto de casi haber destruido su propio ecosistema.

Que el Perú, con un territorio privilegiado en recursos naturales, que incluye el agua, no haya sido capaz de mantener la tradición andina de respeto y gratitud a la naturaleza, y ahora no sea capaz de resolver con equidad y racionalidad, los conflictos derivados de la minería y su impacto sobre el medio ambiente, ya dice bastante de nuestra propia necedad.

Desde una perspectiva social, humanista y prudente de largo plazo, la protección del recurso hídrico debiera ser la prioridad y esa era la opción del presidente Humala, antes de tomar el poder. Desde la perspectiva inmediatista, egoísta y poco reflexiva de los “hombres de negocios”, la prioridad es concretar el “bisnes” de la extracción de oro, mientras más pronto mejor. Urgidos por las exigencias del mercado financiero (¿por qué no les preguntan a sus colegas de Wall Street cómo les fue por saltarse pasos en el mercado de bienes raíces?), no escuchan, no ven, no sienten. Otra forma de necedad, como la que exhibe el premier Valdez cuando pide una “marcha técnica” para tratar el tema de Conga.

La indiferencia de la ciudadanía hacia los asuntos públicos que le competen directamente, es una característica de la sociedad, así como el descarado silencio de los grandes medios frente a hechos que, aunque  les desagraden, son ineludibles a la hora de informar. La ya famosa DBA, representada para estos efectos por Aldo Mariátegui y Fritz Du Bois, no podría aparecer más necia ante la historia. Igual que los extremistas de izquierda que no entienden nada de las motivaciones altruistas de la marcha, sino que la usan para encaramarse en sus pequeñas, particulares y anacrónicas ambiciones.

Otra vez el Perú se reafirma en ser el país necio que ha sido desde su fundación. Lástima que eso dañe, desde ahora, a los nietos de nuestros nietos, si aún se siguen llamando peruanos.

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