LA REVISTA

La columna

Ha tardado en aparecer pero ya está en circulación, desde mañana, “El Búho” en su nuevo formato de revista.

Ustedes, los lectores, evaluarán el resultado, pero puedo adelantarles que ha sido hecha considerando que hay en Arequipa un público exigente, informado, culto, globalizado, cuyas necesidades de información y análisis de la coyuntura local, esperamos satisfacer.

Eso implica que los estándares a los que aspiramos pretenden (para eso trabajamos) superar los que habíamos conseguido en el periódico semanal; que sin llegar a ser los que este público merecía, en la mayoría de casos fueron fruto de nuestros mejores esfuerzos. No obstante, factores del entorno y otras circunstancias que no dependen de nuestro manejo, dificultaron mucho esta labor (ver columna anterior). Reflexionar sobre eso, más allá de nuestro entorno inmediato, también es deber colectivo, por lo menos de quienes creen en la democracia, en la solidaridad y en la excelencia cuando emprendemos una tarea. L a indiferencia y el individualismo no construye sociedades duraderas y el sarcasmo, en estos casos, no siempre es sinónimo de inteligencia.

Por eso en El Búho estamos haciendo esta nueva y no poco riesgosa apuesta. No es otra cosa sino la fe que mantenemos en el público que siempre nos ha seguido, la que nos sostiene. Pero además de eso, esperamos que la élite intelectual y política de la ciudad, se comprometa con estos objetivos. No digo sólo con nuestra publicación, sino con los ideales que la sustentan. El beneficio de que este tipo de pensamiento prime sobre otros menos constructivos, será general e intangible, porque todos saben que el beneficio material, en este tipo de proyectos es, por decir algo, nulo, cuando no resulta un perjuicio.

En estos tiempos de consumo desenfrenado, para muchos la lectura ha pasado a segundo plano; la reflexión y la participación en los problemas colectivos tambiénse ha vuelto marginal. De ahí la crisis generalizada de la política, la expansión inédita de la corrupción, la inequidad y la injusticia, que persisten a pesar de esos soplos de modernidad que han llegado a la ciudad. Los medios de comunicación, una de las pocas herramientas que tiene hoy en día la sociedad para la construcción de ciudadanía y para la participación en la vida pública, tendrían que ser objeto de un cuidadoso seguimiento por parte de la colectividad. Esto implica, fiscalizarlos, desafiarlos a mejorar, exigir veracidad y calidad, pero también alentar sus logros, acompañarlos en las denuncias de interés general, incorporarlos a la economía de mercado, para evitar la compra-venta de la información interesada que hoy abunda.

Estamos en esa tarea, y sé que hay muchas almas generosas y espíritus inteligentes que nos acompañan. A ellos nuestra gratitud.

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