P(h)oto Humala

El Espantacuervos Jorge Alvarez Rivera

Quien haya visitado a alguien en una cárcel sabe de lo complejo del asunto. Un cateo general que podría llegar hasta revisión de cavidades en caso se sospeche que la visita pretende ingresar algún objeto prohibido al penal. Ni hablar de la posibilidad del romántico pastel con una lima gigante adentro, herramienta recomendada por Hollywood para ir acabando con los barrotes. Meter algo de contrabando entonces resulta bastante complicado y se requiere de pericias varias, además de habilidades corporales que podrían sorprender a faquires y contorsionistas.

Si nos basamos en el mensaje del presidente Ollanta Humala que rezaba “todos somos iguales ante la ley”, refiriéndose a la situación carcelaria de su hermano Antauro, podemos extender entonces dicha frase a las visitas que recibe. Por lo tanto, cada familiar, amigo y correligionario del autor del Andahuaylazo, debe ser debidamente revisado y expulgado antes de encontrarse con el muchacho. Supongo que hasta los comestibles que se le llevan deben ser probados por personal ad hoc en Piedras Gordas.

En su novela “Papillon”, el francés Henri Charriere contaba con lujo de detalles cómo los presos burlaban los controles policiales para poder guardar dinero en la cárcel. La técnica era, por decirlo de alguna manera, bastante invasiva. Un tubo de metal (“grueso como un pulgar”, según describe con nostalgia el propio Charriere)” de 6 centímetros de longitud era introducido en el ano del prisionero, no sin algunas ceremonias previas y con sabrá Dios qué caras a la hora del escondite.

El Iphone 4 mide 11,52 centímetros de alto, 5, 86 de ancho, tiene 9,3 mm de espesor y pesa 137 gramos.

La primera interrogante, luego de ver a Antauro compartiendo con el mundo la imagen de él y una muchacha en arrumaco sentimental, es descubrir quién le proporcionó el aparato. Según la foto y por la baja espalda de la acompañante es la primera sospechosa a la hora del transporte, lo cual libraría de las suspicacias al patriarca Don Isacc y a su cónyuge Doña Elena. No queremos seguir especulando sobre la culpabilidad del traslado del teléfono, desde una Apple Store hasta Piedras Gordas, de algún otro miembro de la familia presidencial.

Si seguimos albergando la esperanza de que Antauro es tratado como un reo más, el hermano de Ollanta no podría ir por su celda luciendo la última maravilla tecnológica del finadito Steve Jobs. También habrá hecho lo necesario, como Papillon, para esconderlo de sus captores. En ese caso deberá estar agradecido de la modernidad y el impulso informático de hacer los gadgets cada vez más pequeños. Imaginen la logística de ocultar de esa manera un Tango 300 de Motorola, tosco ladrillo de los primeros días de la comunicación celular.

Habrá que ver los líos en que se metería Alberto Kenya Fujimori Fujimori si, empujado por la noticia de lo que hace el hermano del Presidente, también quiere internet en su celda y se le antoja una Tablet o una Mini Note. Ni hablar de una PC.

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