Señales al aire

El Espantacuervos Jorge Alvarez Rivera

Aclarando. Toda mi vida he sido un consumidor compulsivo de televisión. Que ahora trabaje frente a una cámara no ha cambiado mis percepciones sobre la programación local en Arequipa. Acaso esta nueva experiencia me ha servido para comprender de dónde brotan las insolvencias que abundan en la pantalla characata. Así que esta revisión es absolutamente arbitraria y personal. Todas las diatribas son bienvenidas. Habiendo hecho el descargo, empezamos.

Aceptémoslo, ningún programa local pasaría el mínimo filtro de calidad que impondría un canal de antena caliente en Lima. Hagan un recuento mental de todos los programas locales que conocen en cualquier espectro (información, entretenimiento, infantil) y pregúntense si tienen las condiciones técnicas, logísticas y humanas para estar a la altura de Cuarto Poder, El Último Pasajero o La Casa de Timoteo. Si tiene críticas sobre estos últimos, no quiero imaginar lo que piensa al respecto de sus émulos arequipeños. Parte de la precariedad en los medios televisivos arequipeños surge de la falta de recursos.

Un ejemplo concreto es la imposibilidad de cualquier canal de la ciudad de encargar a una encuestadora seria un sondeo de opinión en las últimas elecciones.  ¿Acaso vieron una encuesta verídica sobre la intención de voto al Gobierno Regional y los municipios?  El tema del dinero es primordial, ya que en televisión no se puede ir por la vida con un espíritu naif, argumentando que “se hizo lo que se pudo”. Hay parámetros de calidad en contenidos que se han vuelto ineludibles, por lo que resulta hasta conmovedor pretender hacer un programa de corte “entretenimiento” si no se tiene la capacidad de lo que imponen los canales de Lima o (más todavía) el cable. Pensémoslo bien antes de mantener un programa cuyos “concursos” no pasan de la prueba de canto, la ruleta giratoria o adivinar la clave de la caja fuerte, juego que además usaba Gisela en su programa… ¡en 1989!

El otro problema  es evidentemente la falta de ideas. Y ante semejante escasez se está respondiendo con mediocridad. No parece haber novedades  que saquen del acartonamiento la programación local. Y hablo de todo el espectro de programación, que incluye noticieros, espacios de “entretenimiento” y demás. Es hasta vejatorio que los programas “dedicados a la mujer” traten a su público target como si fuesen entes mononeuronales, cuyas únicas habilidades en la comprensión del universo pasen por bordar, tejer, cocinar y saber qué significa el tamaño de sus pecas en los brazos. En Lima, donde todo pasa, el único programa nocturno en ese formato de lunes a viernes era “Prensa Libre” de Rosa María Palacios.

Si quieren contar a “Enemigos Íntimos” y “La noche es mía” en ese rubro, igual siguen siendo 3. Tres frente a siete. Repito ¿no les parece un exceso? Esta costumbre opinóloga alcanzó ribetes de histeria con el espacio “Desfaciendo agravios y enderezando entuertos”, demostración surrealista de lo que se puede hacer cuando alguien en un medio de comunicación cree que a todos nos importa su opinión. Un locutor en off leía, con fingido y ridículo acento andaluz, las opiniones de un pontífice, que parecía tener una solución a todos los problemas de Arequipa, el país y el mundo. El audio se editaba sobre un video de la película de El Quijote.

Entonces vemos al Ingenioso Hidalgo decir cosas como “el pueblo debería estar agradecido al gobierno de Alan García…” o “El alcalde de Cerro Colorado debería preocuparse del ornato…”, mientras conversa con Sancho Panza. En serio, pudo ser una idea curiosa para un sketch cómico pero no es el caso. Huérfanos de un estudio de rating, los medios deben recurrir a los patrocinadores amparados en argumentos amicales y subjetivos, sin más recursos que el de “tengo un programa”.

El resultado es que los programas terminan dedicados a quiénes los financian, ya que “teniendo feliz al cliente” se asegura la continuidad del espacio. ¿No me creen otra vez? Revisen cuántos programas dedican notas institucionales (se les dice cherrys). ¿No saben diferenciarlas? Es muy sencillo. Revise cuántas veces aparecen los adjetivos “maravilloso”, “fascinante”, “loable” y similares en los informes y ya sabrán qué está pasando. Esto ocasiona que el gran público no tenga una oferta dirigida a él sino a los anunciantes. Y en ese escenario la calidad rápidamente decae y en lugar de revertirlo se convierte en mala costumbre. Entre medios de provincia el “éxito” se mide en cantidad de anunciantes y no en audiencia, cuando lo primero debería ser consecuencia de lo segundo. Nos quejamos de que en Lima se hace cualquier cosa por rating. Pero en Arequipa simplemente se hace cualquier cosa. Y ya es tiempo de cambiar eso.

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