DUDO

La columna

En medio del desconcierto de muchos electores de Ollanta Humala, sobre su desempeño post elecciones, hay quienes parecen estar plenamente convencidos de lo saludable que resulta para el país el olvido de la llamada “Gran Transformación”. E incluso el escaso protagonismo de la Hoja de Ruta. No es nuestro caso.

Confieso que sólo ver sonreír tan satisfechos a ciertos representantes de la ya famosa DBA, me genera angustia y me pregunto si será verdad –como lo llaman algunos ultraizquierdistas- que Ollanta Humala es un traidor, si se ha dejado seducir por las mieles del poder y la lisonja de esos sectores que siempre la han tenido fácil en nuestro país. ¿Dónde quedó la gesta de los excluidos, los provincianos y los microempresarios, para liberarse de la opresión del gran empresariado, aquel que obtuvo tantos privilegios con Fujimori y después con Alan García? ¿Es que acaso es cierta la consigna neoliberal de que los ricos y el incesante aumento de su riqueza, es el único motor del crecimiento de la economía, a despecho de las colosales desigualdades que genera?

Confieso también que no lo sé. Es más, si leo a Vargas Llosa y su lúcida condena, por ejemplo, a la expropiación argentina de la empresa YPF, no puedo sino convenir con él en la mayoría de sus argumentos. Pero luego, si escucho por la televisión las genuinas manifestaciones de apoyo del 74% de los ciudadanos argentinos a esta medida, debido al comportamiento falto de ética de la afectada, la española Repsol en ese país, no puedo sino solidarizarme con ese malestar, recordando también algunas hazañas de ellos en nuestro país, a propósito del tema del gas. Casi como la célebre y ya extinta (comercialmente) Telefónica, hoy remozada como Movistar, lo que no borra las tropelías que cometió en el país al amparo de su protector Alberto Fujimori..

El gran dilema estaría resuelto si hubiera una forma de detectar y distinguir al demagogo del verdadero luchador social, al intelectual honesto de los voceros de alquiler recompensados por alabar ad infinitum las ventajas del libre mercado, la falta de regulación y la no intervención estatal en la economía.

Sospecho, finalmente, que el propio Humala se debate a diario con estas dudas. Y el día en que los voceros mediáticos y su primer ministro lo convencieron de ir por el camino correctísimo, dijo “Conga va” con la mayor firmeza que pudo. Y cuando sintió el desengaño, la indignación y el clamor de los cajamarquinos (engañados o no, han puesto su vida en esta lucha), dijo, finalmente, lo que muchos queríamos oír, que el Estado no aceptaría las presiones de empresas poderosas, aludiendo a la non sancta Yanacocha. Aseguró que defenderá las lagunas para que no se conviertan en vertederos de desechos, que exigirá 10 mil empleos para los lugareños y que la protección del ambiente será la prioridad. ¿Por qué no tuvo esta postura desde un inicio?

Ahora, muchos dudamos entre la supuesta eficiencia y firmeza de Oscar Valdez o la inclinación demagógica –también supuesta- de Salomón Lerner. Conga podría ir, hay que aceptarlo, aunque nadie sabe con certeza si será “por las buenas”. Quisiera cree que, en este y otros casos de conflictos, el Diálogo Va, por encima de los intereses y las dudas.

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