El descuartizador de la habitacion 205

La Revista

Es martes, la habitación se ve igual. El mismo ruido de la calle colándose por las ventanas, la misma temperatura. A pesar de lo que acaba de ocurrir, Edwar trata de sostener la rutina. Incluso pareciera que su amor sigue intacto, sólo su amor. La ira de hace unas horas ha sido aplacada por un hondo dolor y una rara preocupación, momentánea, sin embargo. ¿Y ahora qué? se pregunta tumbado, boca arriba, sobre la cama.

Observa la fotografía de su propio rostro rotulada con una dedicatoria que podría haber presagiado todo, cualquier hecho dentro de la normalidad. “Para ti mi amor Shirley –se leía en la foto-Tú eres mi única mujer, elegida por siempre. Tus besos, tus lágrimas, tu olor, están en mi corazón” El olor de Shirley era el de una mujer misteriosa, al igual que sus lágrimas, y el vigor de sus besos; pero su cuerpo era tan frágil como el de cualquier ser humano. Tanto que Edwar lo pudo trozar con sólo cuchillos de cocina. Primero arrancó un brazo del tronco, luego la cabeza y en seguida las piernas.

El martes 6 de marzo, la habitación 205 del hostal Rosalina se veía igual, salvo por la escena que dominaba sus cuatro paredes. Edwar, recostado en el lado derecho de la cama cavila, piensa, maquina, cómo deshacerse de los pedazos en los que ha convertido a su amada Shirley, los cuales continúan discurriendo sangre en el lado izquierdo de la misma cama, a pesar de estar contenidos en bolsas. La mirada se le agudiza, abarca un punto fijo en el techo. En seguida reconstruye el crimen, piensa en su amada Shirley, hermosa y apetecible, y pensar que horas atrás tenía su piel viva y su respiración entrecortada sobre él. Ahora la realidad es otra, pero siente que todavía ama su cuerpo seccionado, cada parte arrancada, su nuevo olor….

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