¡HAGAMOS ALGO POR LA CULTURA!

El regreso


Hace muchos años que vivo fuera de Arequipa, pero a pesar de ello, siempre vuelvo y por eso esta columna se llama “El Regreso”, porque me interesa volver a la ciudad a la que amo tanto, no sólo para verla y disfrutar del cariño de los amigos y amigas, sino para ver qué más puedo hacer para verla crecer y desarrollarse como se merece una ciudad de las características de Arequipa, que tiene todo para convertirse en una verdadera metrópoli moderna y quizá, con mucha suerte, en la ciudad cultural del país.
Arequipa es mucho más que el yaraví, las peleas de toros y la poesía loncca en extinción. Esta ciudad, por ejemplo, ha dado una de las mentes más brillantes a la aeronáutica mundial, reconocido como un pionero por la NASA, como el Dr. Pedro Paulet Mostajo, y que muchos arequipeños no saber quién fue y que sólo conocen porque algún empresario despistado le puso su nombre a una academia premilitar. O el inmenso talento del artista Alberto Vargas, reconocido mundialmente como uno de los maestros en el arte de dibujar las famosas pin-ups norteamericanas, cuyas obras están en museos y están cotizadas en miles de dólares, y cuyos orígenes están en esta ciudad, pero que casi nadie reconoce. Esos son sólo un par de ejemplos de que nuestra ciudad tiene el bagaje suficiente para desarrollar un pasado y un presente cargado de talento y de enormes capacidades.
Hace poco en la red social Facebook, un grupo preocupado por la falta por una política cultural de parte de la Municipalidad Provincial, armaron un colectivo al que llamaron Rutarte, y a la que acudimos prestos para poyar la iniciativa. La idea es pedirle explicaciones al alcalde de la ciudad y a la Dirección de Cultura, y que informen sobre su plan de trabajo y los resultados obtenidos en lo que va de la gestión. Se han cursado cartas de parte de dos de sus miembros, pero a título personal, porque Rutarte es sólo un colectivo virtual y ojalá no sólo sea eso, para que los funcionarios de la MPA expliquen qué han hecho hasta el momento.
Hace unos días apareció una notita breve en el diario Correo, muy mal redactada, sobre la crítica que habría hecho el “Observador Municipal Perú” a los funcionarios municipales encargados de la gestión cultural en Arequipa y demandan una gestión coherente en este campo. Es decir, dos voces aisladas que empiezan a preocuparse por este tema.
Probablemente, reciban algunas explicaciones y es casi seguro que el tema termine en que no hay presupuesto para más. Sin embargo es importante precisar algo, no existe una política cultural en el país, y mucho menos en nuestra ciudad. Para las autoridades, la cultura sigue siendo la última rueda del coche y así seguirá siendo hasta que no tengamos en el manejo de la ciudad a gente con la suficiente capacidad y sensibilidad para entender la importancia de nuestra cultura y el apoyo que necesita.
¿Qué podemos exigirle al alcalde Alfredo Zegarra, si ha sido incapaz de mostrar de manera transparente su proyecto del “gran complejo cultural” en el Patio Puno y que a todas luces es un esperpento arquitectónico cuestionado por la Superintendencia del Patronato del Centro Histórico la Ciudad? El arquitecto Álvaro Pastor, miembro del Patronato, ha calificado de “insulto” a la ciudad las obras en ese lugar y que al burgomaestre le importa “un pepino” el Centro Histórico de Arequipa. En su defensa el alcalde ha acusado a “gente interesada en desacreditar su gestión” a todos aquellos que se oponen a sus iniciativas.
Como vemos, no podemos esperar nada de autoridades que sólo buscan perennizar su nombre en alguna obra, salir en la foto y pasar a la historia a costa de lo que sea. Lo que tengamos que hacer a favor de una política cultural coherente, deberá salir de la sociedad misma, de quienes realmente estén interesados en contribuir al desarrollo cultural de la ciudad y generar iniciativas como Rutarte para llegar a propuestas concretas y revertir el orden; es decir, que la política cultural de Arequipa vaya de abajo hacia arriba, porque de arriba hacia abajo, como hasta ahora, no llegará nunca nada.

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