Recuerdos de unos caballeros

desde mArte

Tengo mucha curiosidad por leer la carta que el difunto Don Carlos Ricketts Rey de Castro escribió al Directorio de mi ex centro de trabajo, cuando hace 17 meses me despidieron,  según su Director General, debido a mis “actitudes”. Me encontré con su hija en el aeropuerto y me prometió mostrarme la misiva a su regreso.

Don Carlos era el tipo de ser humano por quien, a pesar de haberlo tratado en pocas oportunidades, guardaba el mayor respeto y consideración. Aún recuerdo  ese memorable trayecto entre Sumbay y Arequipa en el coche Misti, de PeruRail, cuando fue entrevistado por la prestigiosa periodista alemana, Sonia Mikich, de la cadena de televisión ADR, para un documental sobre el ferrocarril del sur y la gente que habita a lo largo de la vía.

Daba gusto escucharlo rememorar sus experiencias como alto funcionario de la empresa ferroviaria antes de Enafer.  Lo hacía en muy buen inglés a sus increíbles 90 y más o menos años, no lo tengo muy claro. Pero daba más gusto comprobar que era un ser humano sensible y bien cultivado, como esos que yo aprecio tanto tener como jefe o compañero de trabajo.

Don Carlos Ricketts me viene a la mente ahora que estoy a punto de abordar un avión rumbo  a Houston, donde asistiré a la inauguración de la muestra AREQUIPEÑOS, 11 Artistas Peruanos Contemporáneos de la Ciudad Blanca, en cuya organización tuve el placer de colaborar con Jim Edwards, curador residente de la Houston Baptist University.

Mis “actitudes”, entendidas como la disposición de ánimo manifestada de algún modo, en este caso, del lado profesional, llevaron al talentoso Jim Edwards, especialista en arte contemporáneo, con varios ensayos publicados en Estados Unidos y Europa, a emprender esta aventura curatorial conmigo.

Curioso asunto este de las actitudes. El gerente general de la empresa ferroviaria, a quien servía como intérprete (fue en ese tiempo en el que conocí al señor Ricketts), se dio cuenta de “mi lado fosforito” cuando me enfrentaba a la falta de sentido común.  Y se reía con un gesto de cómplice aprobación.

En lugar de fastidiarle, mi crítica a los procesos mediocremente ejecutados, mi obsesión por el idioma bien escrito, mi osadía al proponerle ideas y acciones (como la cesión en uso de la Casa del Gerente para el Museo de Arte Contemporáneo) le motivaban. “Nunca dejes de defender tus argumentos si estás convencida de ellos, es el único camino al encuentro contigo misma,  así te equivoques”, me recomendaba siempre.

Los 11 artistas arequipeños cuya obra se exhibirá en Houston fueron escogidos por su trabajo, no porque nos simpatizan. Los escogimos porque encontramos cierta actitud irónica y desenfadada en unos, y por la asombrosa destreza de otros. Jim Edwards y yo nos podemos equivocar, es cierto, pero estamos convencidos de nuestra selección y apostamos por ella.

Esta nota es un pequeño homenaje a esos tres caballeros: Carlos Ricketts, Glenn Michael y Jim Edwards a quienes “mis actitudes” en lugar de irritarlos les agradaron. Don Carlos me dio su amable simpatía y su invalorable solidaridad (lo sé). Glenn Michael es el jefe más inteligente y osado que he tenido, y a él le agradezco incentivar mi sana rebeldía contra la estupidez; a Jim Edwards le debo la reconquista de la ilusión, esa bonita sensación que tengo al advertir que voy aprendiendo y aprehendiendo de la Gestión Cultural, campo en el que no se haría mucho sin PENSAR.

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