UNA DE MONTANER

Sobre el volcán


La vida, decía un anónimo citado por Carlos Alberto Montaner, es un curioso proceso de oxidación que le ocurre a cierta materia en cierto rincón del universo. Esa idea sería correcta si sólo existiera la naturaleza. Todo seria de una total monotonía biológica, repetitiva y previsible, homogénea e invariable, generalizable y predictible. Pero hay un ser, “una criatura estrafalaria”, (como dice Montaner) llamada hombre, que rompe esta monotonía. Y es que esta criatura inventa un mundo gracias al cual logra escapar a las leyes de la naturaleza, dice él, e incluso ir contra ella. Ese mundo se llama “cultura” y es obra de la imaginación, de la creatividad y la libertad humana, como medios de superación de la necesidad. “Los instrumentos son los libros, el Derecho, los gobiernos, las modas, las artes y las ciencias”.

Y como el hombre es libre y creador también es imprevisible, único y distinto a todo lo que existe. Este ser estrafalario no se diferencia de los demás porque tiene menos vello o se para en dos pies. El hombre es humano porque “se comunica y porque comunica cosas distintas”. El hombre proviene del lenguaje, el lenguaje es “la sangre del espíritu” y el hombre es espíritu, específicamente, no naturaleza, aunque comparte ciertas características con los tres reinos naturales. Por eso Montaner considera que “La libertad de expresión no es una conquista adjetiva de los seres humanos sino un fundamento sustancial a su propia naturaleza”, es decir, a su carácter y rasgos específicos y no a que sea un ser natural: un animal.
Eso tiene que ver con el papel o la función del lenguaje en la cultura humana. Porque si hay algo que diferencia al hombre de la naturaleza es su capacidad simbólica, la de atribuir sentido y expresarlo mediante el lenguaje: producir, interpretar, intercambiar signos y símbolos. La naturaleza del hombre es no ser natural sino autoconsciente y libre en su expresión, aun dentro de la propia lengua, que nadie de nosotros ha inventado o escogido, como la tierra en que nacemos y los padres y parientes que tenemos.

Tener espíritu significa ser consciente de sí, de su libertad y su singularidad. Por eso una cultura se diferencia de la otra en primer lugar por su lengua, y por su estructura de pensamiento, que también es lengua o lenguaje, y por su moral o su religión, que no se conciben sin la existencia del lenguaje. Por eso, independientemente de nuestra raza o mezcla de razas, los peruanos hablamos mayoritariamente español, por eso somos culturalmente hispanos, o sea occidentales. Lo que nos define es la lengua: “la facultad de hablar, comunicarnos, de someter el mundo a nuestro juicio, es la clave del ser humano, es la razón de ser, el misterio ultimo”, agrega Montaner.

De ahí el carácter histórico, social y espiritual del hombre. Histórico porque, a diferencia de la naturaleza, no esta hecho de una vez para siempre. Es un ser que se automodifica, se rehace o recrea a si mismo indefinida y constantemente. El hombre es el proceso de sus actos (Antonio Gramsci) de ahí que tenga historia y no naturaleza. El lenguaje no es solamente la expresión de ese proceso llamado hombre sino la sustancia misma de la que está hecho.

Si tenemos en cuenta lo anterior podemos vislumbrar el fundamento de la libertad de expresión. Eso significa “Establecer que lo más conveniente es carecer de límites, de manera que la expresión fluya sin enfrentarse a obstáculo alguno”. El hombre se va haciendo a través del lenguaje. “Las abejas, las termitas, también se comunican, pero no varían jamás sus mensajes, el hombre está cambiando los medios y cambiándose a sí mismo todo el tiempo. Incluso es posible llegar a decir que la historia de la humanidad es la historia de un largo, interminable e ininterrumpido discurso que comienza hace millones de años en alguna cueva o pradera africana o asiática”.

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