Vías y cruces

Confesión de parte Luis Maldonado Valz

Vías crucis, vías cruzadas, vidas cruzadas, crucifixiones. Muchas situaciones,  sentimientos encontrados y juicios contradictorios, se manifiestan en semana santa. Tiempo de reflexión. Cada quien tiene una vivencia diferente de estas fechas; pero hay expresiones y percepciones comunes, como aquellas que nos inculcaron en nuestra “formación” religiosa: unas veces de paz y reconciliación, y otras, de generar sentimientos de culpa, de causantes del sacrificio de Cristo, de temor, condenados a ser eternos penitentes, y hasta de odio a los judíos. Y esto se ha producido y repetido hasta el agotamiento, durante generaciones y siglos, y casi en todo el mundo. No creo haber conocido un pueblo tan fanáticamente católico como el filipino; fui testigo un domingo de la celebración de la misa en un gigantesco centro comercial de Manila, cuyos fieles eran las decenas de empleados y clientes, antes de empezar las operaciones comerciales; por ello, en viernes santo, hasta se crucifican, después de haberse flagelado, tan igual que los fundamentalistas musulmanes. Lo mismo sucede en el interior del nordeste brasileño, donde hay un pueblo llamado, significativamente, Cruz das Almas, donde se flagelan, y el Viernes Santo hay una lucha, llamada “de espadas”, donde las espadas son bombardas, que queman y suele haber víctimas; no es de extrañar entonces un fenómeno como la de Canudos (“Guerra del Fin del Mundo”, Vargas Llosa) y ese fanático religioso Antonio Conselheiro. La pasión y muerte de Jesús, no fue una inmolación, fue un acto de represión a quien representaba a los pobres y desposeídos. Nunca fue tan evidentemente humano Jesús, como cuando clama en la cruz: “Dios mío, Dios mío, porqué me has abandonado”, es un reclamo a un dios ajeno, “como si la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma”, al decir de Vallejo. Y en verdad, confieso, que no he visto otra imagen tan similar a la de Cristo yaciente, que la de Ernesto Guevara, después de ser ejecutado en Vallegrande; el torso desnudo, casi famélico, y aquellos ojos abiertos mirando al infinito.

Pero felizmente, algunas veces, en esta data, no todo es pena y dolor, pues a veces se dan las situaciones más insólitas, como en Omate, donde estas celebraciones son famosas y donde participa en un auto de fe, todo el pueblo; donde los niños por ejemplo, cargan a La Verónica, llamada: “La Chismosa”, pues avisa a María que su hijo está siendo conducido al Gólgota, y existe un pago llamado “El Calvario”, donde concluía el vía crucis; lo curioso es que el Sábado de Gloria es un festín, de comida, bebida, sexo, y hasta de pequeños hurtos, pues para ellos, Cristo está muerto, y por tanto, todo está permitido. Antiguamente, como en España, la semana santa en Arequipa, eran días de gran pompa, las señoras y los caballeros, vestían sus mejores trajes. Yo, desde niño detesté participar en desfiles militares y procesiones, pues siempre me obligaron a ello. Recuerdo que teniendo 7 u 8 años, obligado a marchar en la fila de las mujeres, porque así era, empuñando una vela encendida, con los pies doliendo por los zapatos nuevos y odiando la procesión, me distraje por el sueño y el cansancio y quemé el abrigo de pieles de la dama que iba delante mío, la misma que salió gritando echa un bonzo. Debo decir que la vergüenza que pasó mi familia me libró de seguir asistiendo a procesiones.

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