11 EN VÍAS DE AUSPICIOSO DESARROLLO

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Obra de Erick Huanca

Hace poco comenté sobre la exhibición de Artes Visuales “Arequipeños, 11 artistas peruanos contemporáneos de la Ciudad Blanca” que estará hasta el 4 de este mes en la Galería de Arte de la Houston Baptist University (HBU). Hoy vuelvo a tocar el tema más contenta aun porque tenemos la confirmación de su siguiente parada en la University of Incarnate Word, en San Antonio, Texas, del 31 de agosto al 5 de octubre próximos.

Esta nota pretende realzar, en breve, las características de la obra de los 11 artistas arequipeños que Jim Edwards y yo escogimos para integrar esta primera propuesta.

Una curiosa mezcla de intuición y la formal revisión de sus perfiles, nos llevaron a decidir que eran estos 11 los indicados para reflejar la interesante y variopinta producción artística contemporánea en vías de desarrollo en la ciudad de Arequipa.

Sin ningún orden en particular, empezamos por Germán Rivera Pinto, cuya obra contiene una buena dosis de sarcasmo e ironía. Es uno de los artistas que, supongo, irrita a cualquiera de esos muchos ciudadanos que siguen afirmando, con cierto orgullo, que sus conocimientos sobre arte se quedaron en el Impresionismo. Para todos aquellos que siguen cuestionando la denominación de arte en propuestas meramente conceptuales, sugeriría curiosear en la obra de Rivera Pinto. No pierden nada, ganan al menos una sonrisa y la ceja levantada.

Nancy Carpio es una de las pocas artistas visuales arequipeñas con estudios en el extranjero. Será por eso que advertí que los vídeos que presentó allá fueron más fácilmente digeridos que aquí. Nan Carp, su nombre artístico, explora la condición humana y tumba absurdos estereotipos aún enquistados en una sociedad a la que le cuesta desprenderse de las convenciones de la primera mitad del siglo XX.

Mitchell Lama Daza confiesa haber incursionado en las artes como en una suerte de terapia de autoconocimiento. Sus cuadros lo reflejan así. Esa extraordinaria capacidad para develar el detalle y su inagotable paciencia para armar la composición recibieron auspiciosos comentarios del público.

Carlos Sánchez Nina es, sobre todo, un activista social al que hay que seguirle los pasos para encontrar los caudales de poesía encerrados en su obra. Decidido a romper paradigmas, saca su arte a la calle y lo expone en las arterias más transitadas como pretendiendo enrostrar a todos esos que, bien vestidos, perfumados y orgullosos, manifiestan saber de arte solo hasta la época del Impresionismo.

A Jaime Antillaque lo conocemos muchos. El mayor, en edad, entre los once, su obra no deja dudas respecto a la fuerza y al pensamiento detrás de cada uno de sus trazos. Si Lama ingresó al arte como buscando terapia, Antillaque, después de unos años en la Facultad de Medicina, ingresó a la Escuela de Arte y se autodescubrió su propio psiquiatra. Interesante apreciación que fue compartida por varias personas involucradas en el análisis de contenidos artísticos en la ciudad de Houston.

Aún recuerdo haber acompañado a Raúl Chuquimia Ramos al cementerio para repartir impresos en formato periódico con los poemas de Blanca Varela y César Vallejo, durante el día de los muertos. Extremadamente sensible y muy rápido para conectar íconos y armar su propia historia, la versatilidad de Chuquimia sorprende como lo hizo con sus collages y decollages en pequeño formato, dejando al público con ganas de saber más de él y de su obra.

Es difícil definir a Milko Torres. El mismo se autocalifica como un optimista arrepentido. Su obra, oscura en tonalidades, casi siempre nos enfrenta con el mundo de los desposeídos y de los “diferentes”, como cuestionando el concepto de “normalidad” que manejamos todos por imposición social y cultural. La obra de Torres no dejó dudas respecto a su compromiso social ni a la calidad de su factura.

Erick Huanca contradice su barroca oratoria con una obra limpia y contundente. Como pocos, es reconocido casi inmediatamente por la maestría en su manejo de la técnica en acuarela, óleo o mixta. No necesita recursos adicionales fuera del trazo fluido y acompasado evidente en sus lienzos. Es casi mono-tonal, registra en blanco y negro, tal vez influenciado por el paisaje costero de su natal Mollendo.

Patricio García Velarde Paredes se formó como artista en Chile y entre los 11 es el que mayores argumentos sostiene para explicar su propuesta conceptual. Su interés en la figura humana y esa constante inquietud por encontrar significados y relaciones en íconos extraídos de la zoología y de la biología marina, hace que su obra sea muy atractiva para los especialistas en arte conceptual.

Los dibujos de Tania Brun sorprendieron muy gratamente al público de la HBU. Inspirada en la música, los tatuajes y las tiras cómicas, y muy interesada en la iconografía popular y religiosa de diversas culturas, principalmente sudamericanas, la obra de Brun fue acogida gratamente por la gran cuota de frescura y sinceridad que contiene, y por esa curiosa facultad de atraer la mirada del espectador por largos minutos.

Nereida Apaza Mamani es multifacética, hipersensible y muy talentosa. Esa impresión dejó en los espectadores de la HBU cuando gozaban revisando sus cuadernos bordados y cuando trataban de encontrar la historia detrás de la imagen en sus acuarelas. Otra artista arequipeña con todas las posibilidades de abrirse paso fuera de nuestras fronteras gracias a su trabajo.

Cada uno de los 11 artistas es diferente y especial. A cada uno mi reconocimiento y los mejores deseos para que continúen creando y recreando, asumiendo y defendiendo sus argumentos, aprendiendo y enseñando.

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